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14/11/15

SCIOLI O MACRI, demarcaciones y desmarcaciones: dilemas de la izquierda argentina

 

"Los marxistas votamos a Scioli", sostuvo, categórico, el pensador marxista (?) Atilio Borón, poniendo en evidencia la desesperada campaña del kirchnerismo para descontarle de donde sea puntos a Macri para el próximo 22. Ahora apela o intenta interpelar a la izquierda que siempre ninguneó o basureó.
De tantos sapos que tragó, Atilio ya se convirtió en uno. Y, como buen hegeliano: la cantidad se terminó convirtiendo en calidad. "Los marxistas votamos a Scioli", junto con los posmarxistas (el finado Laclau, et al) que destruyeron al marxismo. Qué cambalache ideológico y epistemológico, Atilio.


"Los marxistas votamos a Scioli" II. Caso Omar Acha (historiador)
Me crucé también con este texto en el que el historiador Omar Acha también postula, rotundo: no tanto Scioli... pero sí "Contra Macri", intentando establecer un criterio de "demarcación" por la negativa: algo típico de las cientos de variantes de la izquierda que hay en Argentina, que de tanto demarcar se viven desmarcando. En principio, el texto es valioso. Reconozco el esfuerzo por pretender diferenciarse del boronismo e izquierdas K varias. Pero, ¿se diferencia? Veamos.
"Populismo frustrado" o "neoliberalismo de ricos" es la dicotomía o péndulo actual que observa Acha. Y lo dice desde la izquierda. ¿Qué izquierda? Desde alguna izquierda del amplio espectro de la "izquierda nacional" argentina, esa que siempre tiene la tendencia a caer en las trampas discursivas y prácticas del peronismo. ¿Acaso el neoliberalismo -si bien no el ortodoxo menemista- no gobierna? ¿Acaso el Estado no sigue tan ausente como en los 90? ¿Acaso los que cacarean soberanía, putean a los "gorilas y cipayos" no entregaron la cordillera a la Barrick, la Patagonia a China, YPF a Chevrón, la soberanía jurídica a Iran vía memorándum, y la pampa húmeda regada con el glifosato a Monsanto? No hay tal dicotomía porque hoy populismo y neoliberalismo coinciden, empalmados.
Al fin y al cabo, pues, Acha es otro que dice "los marxistas votamos a Scioli". ¿En esto está la "izquierda argentina"? No. Pero veamos sus argumentos. Para Acha, el kirchnerismo es o fue "reformista". Holaaaa. No conservaor, no bonapartista, no el representante más lúcido de la fracción más lúcida de la burguesía vernácula. "Reformista". Se van el 10 de diciembre con un -ni siquiera público y oficial- nivel de pobreza y una brecha de desigualdad ricos/pobres y con un nivel de concentración, primarización y negreo de la economía similares a los de los odiados 90 pero son "reformistas". Curiosa "demarcación". ¿Las banderas de ese "reformismo"? Bueno: Acha hace malabares para nombrar dos simbólicas o "culturales" y tan sola una económica:
+ los derechos humanos (o lo que con una investigación detallada y valiente el periodista Luis Gasulla ha denominado "el negocio de los derechos humanos")
+ los muy loables derechos a la identidad y la diversidad sexual (a la sazón, uno de los más fuertes sostenes de la militancia k)
+ la cazapobres AUH (la otra pata de la militancia nac & pop; idea por lo demás, y a no olvidarlo, propuesta allá por los 2000, en plena crisis "capitalista", por el FRENAPO y la hoy principal socia de Macri, Elisa Carrió)
A esto se limita el "reformismo" k. Nada sobre el aborto, por caso. Desconocimiento de la atroz problemática de los pueblos originarios. Nada sobre el agronegocio. Y esto es central, ya que toda la clase política concuerda en esto último: explotemos la soja aunque se deterioren los suelos, porque el "yuyito" es el que trae los "verdes" para financiar al Estado y la siempre por venir reconversión de la economía nacional hacia la vía del "desarrollo" (industrial).
En fin. Esta es la modesta "ganancia" popular a la que el kirchnerismo fue, progresivamente, subiéndose -DDHH, diversidad, Ley de Medios y otras "gestas"- para generar legitimidad. No olvidar que los derechos por la diversidad y la AUH vinieron sólo después de perder la "batalla contra el campo oligarca", cuando Néstor amagó con abandonar el poder. Por lo demás, cada tópico que Acha repudia del macrismo tiene su correlación K no mencionada. Ejemplo: la "revolución de la alegría" versus el "Amor, amor amor". "Amor sí, Macri no"!
Es por este tipo de visiones que, como ya lo expresé en el último post de mi blog, me parece más dañina, contrariamente a lo afirmado por Acha, una derecha disfrazada de progre que una derecha clásica que tenga los huevos de asumirse como tal.  Por todo este poder duro y blando que acumuló el kirchnerismo (al que, a no dudarlo, Acha contribuye con su texto) es que creo que el PRO sería un gobierno de derecha menos poderoso, más contenido, que una continuidad sciolikirchnerista, en función de todo el poder acumulado (formal e informal; de recursos y de prácticas, contactos, silencios comprados, etc., etc., etc.) en estos 12 años.
Acha considera acríticamente al kirchnerismo como "descendiente del 2001-2002" pero olvida que fue quien consolidó, por derecha, el cierre de aquella crisis (oportunidad) que (oportunamente (!)) llevó adelante Duhalde; entre otras cosas cooptando, silenciando y subordinando a todos los movimientos sociales y nuevas formas de expresión que fueron surgiendo en los 90, de las cuales las más novedosas e interesantes fueron aquellas experiencias de autogestión que buscaban "pensar sin Estado" (no desde el liberalismo, sino desde un autonomismo de izquierda, claro está).
NUNCA la "clase dominante", para usar las categorías del paradigma en el que se mueve cómodo Acha, recibió tanta transferencia de recursos como en la "década ganada", que termina con el capital financiero como principal actor ganador, igual que -¡ay!- en los 90.
Por eso, más que desde un costado económico, me ha interesado abundar anteriormente y hoy en el análisis desde la política, y es que les propongo leer y entender este texto de Acha con esta breve entrevista a Ana María Mustapic. Se nota el agujero cuando la correlación de fuerzas político-institucionales está ausente en el análisis.


Un punto de formidable y luctuosa actualidad. En su nota, Acha refiere a los casi seguros alineamientos regionales de un eventual gobierno de Macri: la derecha colombiana y la ultra libremercadista y pro yanqui derecha mexicana. Muy cierto. Pero omite cuidadosamente referir a los actuales alineamientos regionales e internacionales de Argentina: la ya indudable dictadura venezolana, el comercialmente agresivo imperio chino y la retrógrada teocracia iraní. Con un agregado no menor: en menos de 20 años Argentina pasó de ser el alcahuete N°1 de Estados Unidos al contexto actual mencionado sin olvidar que esa increíble vuelta carnero política de 180 grados la llevó adelante el mismo partido político: el peronismo que hoy defiende Acha. Un sistema de partidos estable, una república estable y donde oficialismo y oposición sean fuertes, donde no haya "partido predominante" puede conducir más exitosamente a políticas externas de Estado más duraderas y coherentes y representativas del interés nacional en el exterior, antes que el interés de los gobernantes de turno.

"Peronismo de izquierda"
Acha se lamenta de que la derecha se afiance como alternativa de poder y ya no tenga que apelar al contubernio con el peronismo (así como años ha esa derecha no dudaba en apelar a las fuerzas armadas). "Políticas enturbiadas por los compromisos peronistas", lo llama. Precisamente en ello yo veo un motivo para festejar: este peronismo que gobernó en esta década es el tan mentado "peronismo de izquierda" (sí, gente: era esto, eh; más no hay; dieron todo lo que tenían para dar), que de izquierda no tiene nada: es otra opción de derecha, pero disfrazada. Yo corro esa demarcación que hace Acha de la derecha al peronismo: enturbiado con compromisos de izquierda.

 Antonio Gramscioli, según el imaginario kirchnerista

La consolidación del PRO tendría, para mí, ya lo señalé en el anterior post, el benefició de la constitución formal de un espacio representativo de todo el sentir liberal y/o de derecha en el sistema político argentino. Frente a él estarían los dos partidos tradicionales y de masas (otrora), ubicados al centro-derecha: peronismo (y sus variantes) y (pan)radicalismo, y en el otro extremo la izquierda clásica. Dejo deliberadamente de lado varios espacios sinuosos y con representación variable pero por ahora relativamente menor, aunque podrían ubicarse también en el centro tanto en el peronismo como en el (pan)radicalismo (Libres del Pur, Proyecto Sur, el llamado "socialismo" que no es más que una socialdemocracia liberal, etc.). Las ubicaciones pueden variar a gusto del consumidor pero el equilibrio de fuerzas que se lograría me parece evidente.
"Incluso si (Scioli) quisiera ser un nuevo Menem y lanzarse a un gobierno neoliberal, la heterogénea composición de su fuerza social le planteará límites", dice Acha. ¿Lo dirá por el lumpen (la categoría aplica, no es un insulto) Luis D'Elía, que ya garrocheó hacia Vidal en provincia? El ambiguo abanico del "campo popular" tal como se articula alrededor del kirchnerismo es, lo digo una vez más, de derecha, nacionalista y católica (aunque con verguenza, en muchos casos), autoritaria, revestida o "empapada" de pueblo. No mucho más. En tal sentido, algo similar a lo que afirma Acha pero sin el "maldito" componente popular podría decirse de la composición de fuerzas alrededor del PRO (esto es: la alianza Cambiemos) que ciertamente es una coalición y es de esperar que la parte de los dirigentes que la integran y que ya integraron la ALIANZA que gobernó con De la Rúa (la otra parte de esa ALIANZA está en el poder HOY) haya aprendido de la experiencia funesta de su paso por el poder al pretender gobernar con mano de hierro un espacio que constituye su legitimidad multipartidariamente.
En fin. El historiador, imposibilitado de esconder lo evidente, termina su arenga homologando bastante Macri a Scioli. Es por ello que, desde mi punto de vista, el aspecto republicano del reparto de poder se vuelve central. El escenario es dilemático y subóptico en las dos opciones. Pero sostengo que, con Macri, el poder (de daño de una de las dos derechas en pugna) estará más equilibrado y contenido que con Scioli. Es muy propio del análisis politológico la cuestión de la herencia, del liderazgo y la sucesión. El kirchnerismo -su mezquindad, su proyecto de poder revestido de un proyecto de país- es enteramente responsable de haber llevado a la sociedad y a la dirigencia política toda -pues se dedicó sistemáticamente a esmerilar a la oposición; algo a lo que muchos intelectuales consideran un mérito- a desembocar en estos dos candidatos que van al balotaje, uno de los cuales conducirá el país desde el 10D. Esto no puede quedar al margen del análisis. En efecto, después de Rosas y de cualquiera de las dictaduras que sufrimos, Néstor y Cristina Kirchner fueron los presidentes democráticos argentinos que concentraron la mayor suma del poder público de la historia del país. A no olvidarlo. No puede advenir un "socialismo desde abajo", historiador, desde allí.
En fin, por todas estas confusiones y/o buenas intenciones es que yo prefiero "contaminarme" con el "lodo genéricamente derechista" y apostar a que un gobierno de Macri expurgue suciedades y taras ideológicas del sistema de partidos argentino, reconfigurándolo establemente en un republicano esquema de oficialismo y oposición y ya no un insoportable y casi eterno "partido predominante" peronista (hoy en su versión falsamente nacional y ridículamente popular) como el verdadero "mal menor" a que podemos aspirar en la presente coyuntura política.

La izquierda clásica y el voto en blanco
Por último: entiendo perfectamente el voto en blanco de la izquierda. Considero que pedirle que vote a Macri con mis argumentos es tan ridículo y fuera de lugar como hacerlo con los argumentos del historiador Acha. Aprovecho para aclarar que en mi anterior post jamás intenté convencer a la izquierda clásica -ésa que electoralmente simpre saca cerca de un 5%, y que en la última elección bajó a un 3,6%- para votar a Macri sino a los simpatizantes de la centroizquierda, el "progresismo", el "socialismo" entre comillas, el espacio político que en 2011 se ubicó como segunda fuerza electoral detrás de CFK con un 20% de los votos nacionales, y que esta vez obtuvo menos votos que la izquierda-izquierda (que el FIT) y tan solo unos miles de votos más que el voto en blanco.
Con todo, en fin, aunque este balotaje no parece ser el caso, quiero terminar recordando que gracias al voto en blanco de la izquierda ganó Rodríguez Larreta en CABA hace poquitos meses nomás, y que de ganar Macri, y siendo ya gobernadora Vidal, un gobierno porteño conducido por el no PRO Martín Lousteau hubiera dado un poco más de poder interno y contrapeso a esa eventual coalición gobernante a partir del 10 de diciembre.
Creo, para finalizar, que lo que se juega en lo que viene es, más que un "Contra Macri" como propone Acha (lo que tiene por otra parte sus curiosos beneficios; pienso en el "contra Menem estábamos mejor"), un claro "Contra el autoritarismo, contra el clivaje político y contra la concentración de poder que floreció azuzándolo".
Y ciertamente, sea Scioli o sea Macri, lo que viene no será fácil para quienes razonamos política e ideológicamente como Acha o como quien suscribe.

17/11/10

Operación subsidios en la Ciudad de Buenos Aires

María Elena Gauna, en tapa de Clarín del último 16 de setiembre. La nota no lo dice, pero la suya es una de las tantas familias subsidiadas por el tándem Ibarra-Telerman en 2005 en Rodrigo Bueno, la villa que está al lado de la Reserva Ecológica.
La de Gauna es una de las familias que investigué en mi tesis de maestría sobre la política habitacional porteña.

Hace 5 años que vivía alternando entre ese puente debajo de la autopista 25 de Mayo y los alrededores del bingo del municipio de Lanús. Una vez más, como digo siempre, la gestión "PRO" no empezó en 2007 sino muchos años antes en la Ciudad...


Para leer más sobre la problemática habitacional en la Ciudad pueden leer mi post "
Iba a estar bueno Buenos Aires".

29/10/10

Iba a estar bueno Buenos Aires…


¿Alguien se acuerda de la Ciudad de Buenos Aires? Por estos días, la tristeza es nacional, y los ojos están puestos allí. Pero este blog también se ocupa de la ausencia del Estado a nivel local. Y la Ciudad es, qué duda cabe, un gran ejemplo de ello. Sin embargo, por cuestiones de la coyuntura política, los grandes medios masivos de comunicación han decidido no “ensuciar” demasiado al Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, posible competidor del kirchnerismo en las presidenciales del año que viene. Pero la (mala) gestión en la Ciudad deja mucho que desear.

Siempre digo que la “gestión PRO” empezó en la Ciudad mucho antes de que asumiera Macri, en 2007. Y el caso paradigmático que lo demuestra es la (ausencia de una) política habitacional porteña, que se continúa desde que la Ciudad se diera su propia Constitución, que en su artículo 31 propicia la “integración urbanística y social de los pobladores marginados”. Una verdadera política de Estado porteña.

Más aún: la Ciudad de Buenos Aires no tiene un plan de ciudad. La última planificación urbana porteña fue la del barrio ABC1 de Puerto Madero, hace 20 años, en pleno comienzo de la década menemista.

Junto al conurbano bonaerense, la población de Buenos Aires asciende a más de 10 millones de habitantes, esto la convierte en uno de los diez centros urbanos más poblados del mundo. En los 202.04 km2 que tiene la Ciudad viven aproximadamente unos tres millones de personas; con una densidad de 15.201 hab/km2, según datos oficiales.

Las dos formas de ocupación del suelo más emblemáticas de la década del noventa en la Ciudad lo dicen todo: las torres para los sectores altos, y los asentamientos precarios, carentes de toda infraestructura, para los sectores de menores recursos.

Entre 2001 y 2006, todas las zonas porteñas excepto el sur experimentaron un incremento en sus valores cercanos o superiores al 50 por ciento. Esta diferencia territorial se manifiesta claramente, además, en la inversión pública. Véase, por caso, la extensión de la red de subterráneos de Buenos Aires, que privilegió a los sectores Norte y Oeste por sobre el siempre postergado Sur de la Ciudad.

El politólogo Oscar Oszlak definió tempranamente -en su clásico libro Merecer la ciudad- lo que es el “derecho al espacio urbano”: “un derecho al goce de las oportunidades sociales y económicas asociadas a la localización de la vivienda o actividad”.

La “Emergencia habitacional” en la Ciudad, en números

Desde hace seis años, sin embargo, cerca de 500.000 habitantes de la Ciudad (un 12 por ciento del total) están en “emergencia habitacional”, según la Ley N° 1.408 de 2004, prorrogada por tres años más en 2007, a través de la Ley N° 2.472. Alrededor de 300.000 personas viven en villas y unos 30.000 en los llamados “nuevos asentamientos urbanos” (NAUS).

La Defensoría del Pueblo porteña define las característica de estos NAUS: casillas precarias, con alto nivel de exposición de su población a riesgos sanitarios y físicos (desmoronamientos, incendios, emanaciones tóxicas, plagas y roedores), y, por supuesto, la incertidumbre constante ante la amenaza de acción judicial de desalojo . En 2009, los NAUS ya llegaban a alrededor de 60 (según números conservadores).

Según el Censo Nacional de 2001, el déficit habitacional porteño (tanto en lo que refiere a carencia de viviendas como a viviendas deterioradas) era de 86.185 hogares (el 8.41 por ciento del total de la Ciudad), al mismo tiempo en que, paradójicamente, se registraban “aproximadamente 100.000 viviendas vacías” en el mismo espacio porteño.

Los mayores déficits habitacionales se localizan en la zona sur de la Ciudad, donde vive el 31 por ciento de la población porteña; allí se concentra el 60.2 por ciento de las personas con Necesidades Básicas Insatisfechas de la Ciudad, según datos del Plan Estratégico de la Ciudad de 2003.

Uno de los últimos informes de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA) referidos al tema, en 2006, remarca que el “95 por ciento de las construcciones ubicadas en la zona sur se encuentra en zonas de bañados, terrenos de relleno, compuestos mayormente por materiales de desechos domiciliarios y escombros dando un suelo poco estable y de baja resistencia, lo cual, sumado a la escasa profundidad de la napa freática produce anegamiento de los pozos medios y un medio insalubre”.

Además, la AGCBA hacía una proyección en función del presupuesto asignado a la política habitacional comparado contra el realmente ejecutado: según el cálculo de los expertos, se tardarían 84 años en cubrir el déficit; lo que demostraba, para la Auditoría, no sólo la subejecución del presupuesto, sino la ineficiencia e ineficacia pública.

En 2006, la Defensoría señalaba que la cantidad de familias que quedaron en “situación de calle” se había incrementado en un 274 por ciento con respecto al año anterior y que se había sextuplicado la cantidad de familias en ese estado que pidieron asistencia al gobierno local. Mientras que en sólo la primera mitad del 2007 ya se había casi igualado ese triste record del año anterior (3.657 hogares). Para mediados de 2009, según informó el matutino Página/12, ya había “22.000 personas en situación de desalojo” y casi 2.000 “durmiendo en la calle”.

Para completar este cuadro de habitantes de la Ciudad con problemas habitacionales, un estudio de 2008 de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA (FADU) sumaba a los que viven en inquilinatos sin marco regulatorio (56.000 personas), en hoteles que encubren locaciones (70.000 personas), en casas tomadas (mínimo: 100.000 personas), a inquilinos empobrecidos (25.000 personas) y a propietarios con déficit habitacional.

En el contexto del gran “boom inmobiliario” que vive la Ciudad desde hace más de una década, “al menos 40.000 familias que alquilan en la Ciudad ven cada vez más difícil sostener su localización”, en tanto que la Ley N° 23.091 -de locaciones urbanas- carece de autoridad de aplicación, dicen los expertos, a lo que agregan que en la Ciudad “no existen hoy construcciones destinadas a los sectores medios bajos”, señala el informe de la FADU, dirigido por el arquitecto Norberto Jorge Lembo.

A ello se suma, por si fuera poco, la confusión estadística. En efecto, el Diagnóstico observa que, mientras en junio de 2006 Desarrollo Social estimaba en 100.000 las personas que vivían en casas tomadas, en el mismo momento la Comisión de Vivienda de la Legislatura llevaba esa cifra al doble.

Sin contar a las villas y los llamados "núcleos habitacionales transitorios" (NHT), la FADU evalúa en 260.000 a las personas con problemas habitacionales directos, lo que termina afectando “a toda la sociedad”. El diagnóstico de la FADU concluye identificando las “Áreas Prioritarias” de atención distribuidas territorialmente. Éstas son:

• El “Área Central”: desde avenida Rivadavia hasta el Riachuelo; zona con elevado nivel de hacinamiento, que posee gran concentración de hoteles, inquilinatos y conventillos, además de los asentamientos Costanera Sur-Rodrigo Bueno y de La Boca -dos de los más grandes-.

• “Área Flores”: con fuerte densidad de hoteles; y asentamientos en Caballito.

• “Área San Martín – Ex AU3”: que comprende a los alrededores del cementerio de Chacarita, la traza de la Ex AU3 y las adyacencias del Ferrocarril San Martín; predominan las tipologías asentamiento y inmuebles tomados.

• “Área Sur”: donde se concentran las villas y los NHT porteños de larga data.

Una vez más, el Estado ausente

“En la Ciudad faltan alrededor de 200.000 viviendas”, se atreve a decirme en off un funcionario de carrera del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC). “Acá lo mejor que pudieron hacer fueron 5.000 viviendas por año en la época de oro de la Comisión Municipal de Vivienda (CMV, reemplazada hoy por el IVC), en los setenta”, remata.

El “desarrollo con inclusión” pregonado por el artículo 31 de la Carta Magna porteña, bien gracias. Para cumplir con él, una vez más, lo central será el rol regulador del Estado en materia de planificación urbana e inmobiliaria. En otros países del mundo (como Holanda o Francia, por ejemplo), un 30 por ciento de los emprendimientos edilicios se destinan a viviendas sociales.

Por el contrario, la ausencia total del Estado porteño en las últimas décadas (como dijimos: una verdadera "política de Estado") tiene como colofón que la principal política habitacional sea la expulsión de la Ciudad, vía “festival de subsidios” (lo que caracterizó a la gestión PRO de Aníbal Ibarra y Jorge Telerman) o, lisa y llanamente, los desalojos a la Macri.

“La vivienda continúa siendo concebida como un producto final de consumo y no como un elemento central para la generación del hábitat digno”, dicen los que saben.

El Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC, ex CMV), organismo que depende directamente del Ejecutivo porteño, se desfinancia cada vez más, al tiempo que se vacía de funciones al creárseles organismos paralelos como la Corporación Buenos Aires Sur o la Unidad de Gestión e Intervención Social (UGIS). El último informe de Auditoría porteña sobre el organismo, de marzo de 2008, señala los mismos tópicos:

  • carencia de una planificación estratégica de los programas,
  • desarticulación,
  • un promedio de tan sólo una solución habitacional ofrecida por empleado al año, a lo que se agrega el cierre arbitrario por parte del IVC, en 2004, del Registro de beneficiarios (con 47.060 inscriptos).

Entre los años 2003 y 2005, señala el informe, se encontraron 300 viviendas iniciadas que no pudieron ser entregadas “por la no ejecución de las obras de conexión a la infraestructura, en un proceso que no las previó desde el momento de la planificación”.

Todo este cuadro que desnuda la total ausencia del Estado define un verdadero círculo de la pobreza, que es:

ocupación – subsidio – desalojo – nueva ocupación

Al final de cuentas, son much@s l@s que se quedaron afuera del “Va a estar bueno Buenos Aires”.