Mostrando entradas con la etiqueta contrapoder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contrapoder. Mostrar todas las entradas

15/9/12

13/S



Y el pueblo le dijo "NO" al miedo. No a la prepotencia y al cinismo del poder. Una vez más.
Lo decimos cada vez que podemos: al pueblo le sobra pintura. Por ejemplo, en el último post de este blog. En fin, para leer lo que ocurrió y sus repercusiones, me remito a las crónicas de los diarios de ayer y hoy. Yo quisiera humildemente señalar un par de elementos con la esperanza de que ayuden a la interpretación de lo ocurrido. A la disputa por la semiosis social, en suma.
En primer lugar, elijo recordar tres momentos históricos en los que los argentinos sintieron la necesidad espontánea (entiendo por tal cosa la inexistencia de convocatoria partidaria específica) de salir a la calle a protestar:
* El 19 y 20 de diciembre de 2001, tras la declaración del Estado de sitio del por el entonces presidente Fernando de la Rúa,
*En 2008, al inicio (sólo al inicio) del conflicto con el campo, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner habló despectivamente del "yuyito" que le financia las arcas al Estado nacional y de los "piquetes de la abundancia",
* Y en 2012, este jueves 13/S, en una convocatoria que se difundió muy masivamente por las redes sociales luego de que la presidenta dijera por cadena nacional, jocosa y aparentemente ingenua: "sólo hay que tenerle miedo a Dios. Y a mí... un poquito".


El poder de una declaración desafortunada. ¿Una? Quizá la confesión del deseo presidencial para que le teman haya sido un mero detonante. Y la gente salió a la calle en manada. Habrá que ver si esta oportunidad también constituye un "click" en el imaginario público social como lo fueron las dos anteriores. En estos últimos 10 años hubo muchas marchas y protestas, pero insisto en la característica particular de la de este jueves y las otras dos citadas: la ausencia de liderazgo definido.
Entonces, el pueblo marchó. Y se expresó. Con bronca, con odio, con alegría, con libertad (una libertad, paradójicamente, que se vive como mutilada). Esos que salieron a la calle también son el pueblo argentino, aunque la señora Estela de Carlotto les niegue esa condición por el simple hecho de que "estaban bien vestidos". Hemos vuelto tan a las cavernas que tenemos que discutir y reafirmar cosas elementales. Seguramente la mayoría de los participantes de la protesta social del jueves hayan provenido de la clase media.
La clase media argentina es y fue históricamente una de las más importantes de América Latina. Luego de tanto desprecio hay que empezar a reivindicarla. Con sus luces y sombras, esa clase media fue quien le dio identidad y grandeza a este país. Hay que acrecentarla con justicia social y educación. No despreciarla. Por lo demás, ¿quién asegura que, así como "el campo" de hoy no es idéndico al campo oligarca que defenestraba el primer peronismo,  esta clase media actual se corresponde en todo con la histórica burguesía media temerosa que apoyó todos y cada uno de los golpes de estado en este país? ¿Cuántas décadas atrás hay que remontarse para encontrar una manifestación en que esa bendita clase media pedía la interrupción del orden constitucional? Al menos esa lección la hemos aprendido todos. Y el mérito por ese aprendizaje no le corresponde a una casta gobernante, sino a todo -todo- el pueblo. Nadie puede sostener con seriedad la idea de que la presidenta de la Nación deje Balcarce 50 antes de la fecha en que inexcusablemente deberá dejarlo: el 10 de diciembre de 2015.
Insisto, entonces: ¿acaso no era parte del pueblo el que salió a la calle el jueves 13/S?
Un kirchnerista que tiene la gentileza de seguirme en Twitter me respondía lo siguiente a estas ideas expresadas al pasar en 140 caracteres: "@1nuncasabe: si en latinoamérica solo votaran las clases medias, gobernaría la derecha en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina". ¿Perdón? Otro argumento en la línea del desprecio por las clases medias. Pobrísimo y falso, por lo demás.  ¿O acaso hay que colegir de él que en Argentina la población es mayoritariamente de clase baja (pero y si fuera así ¿quien, entonces, votó a CFK en 2007 y en 2011?)? Semejante afirmación no se corresponde con las naturales consecuencias de la bonanza económica y social que pregona el relato oficial. Basta con remitirse al Indec, o a Artemiópolis.
En efecto, no tiene caso discutir un razonamiento que se da de patadas con el hecho incontrastable de que más del 50% de la población argentina es clase media. Y, ciertamente, sin ella no se gana una elección. Y, en fin, tampoco tiene caso discutir el sol. Más cuando es algo que Nésto Carlo Kirchner siempre supo y tuvo bien en claro.
Pero, además, la soberbia que conduce el Estado argentino hoy no dejó de subestimar y despreciar a aquello a lo que Nésto -hábil político- le temía: la calle. En efecto, Nésto (Carlo) trabajó "bien" al principio de su gobierno, con desclasados como Luis D'Elía y cía, alejando a la clase baja y media de la calle. Más allá del chamuyo clivajizador k, la clase media argentina también es pueblo. A no olvidarlo.
En vez de estigmatizar, como siempre, a un sector de la sociedad, el poder podría haber elegido atender la demanda de fondo como legítima. Y no simplemente legítima desde el punto de vista de la tan mentada "legitimidad democrática" de expresarse (pareciera como que hay que agradecerle al poder porque permiten al pueblo expresarse). En efecto, ¿por qué no pensar que fue un reclamo por la excelencia, una demanda aireadora, vital y recurrente para la democracia? La democracia es aquel sistema que siempre pide más: más libertad, más justicia, más igualdad social, y que precisamente se realimenta de aquella energía. Una demanda por más y mejor democracia, como escribe Jorge Lanata en su columna de hoy en Clarín. O simplemente, para que se entienda: una demanda por más.
Pero no, mejor descartarlo y seguir con la propia, ha decidido responder el poder. Es un error que genera (más) asfixia.
En efecto, el principal espadachín encargado de salir a tapar el sol con las manos fue el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien dijo ayer que a los manifestantes del cacerolazo "les importa más lo que ocurre en Miami que lo que ocurre en San Juan". Es contradictorio (y risible) que los seguidores ideológicos de los planteos de la "democracia radical" del politólogo Ernesto Laclau no respeten las identidades del otro, y sean tan intolerantes.
Ni lento ni perezoso, Daniel Scioli ya se diferenció. El gobernador bonaerense señaló: "Hay que escuchar con mucho respeto y humildad y exigirse más para cumplir las expectativas. Hay que interpretar las nuevas demandas que se pueden ir incorporando, particularmente de la clase media, y responder con trabajo. La gente está muy sensibilizada con determinadas cuestiones que hay que atender con humildad por parte de quienes tenemos responsabilidad institucional". Además, Scioli destacó que quienes marcharon a la Plaza de Mayo lo hicieron "con mucha serenidad y respeto".
La marcha del jueves 13S no sólo sucedió por la soberbia provocadora, la estupidez provocadora, por el no a la re-re, la inseguridad, la inflación, el no al cepo (un cepo tanto monetario como ontológico), la prepotencia de la AFIP, la cadena nacional semanal, los descarrilamientos de trenes semanales, Once, la corrupción, Schoklender, Ciccone, el doble discurso, Vatayón Militante, La Cámpora en las escuelas, los $6 por día del Indec, etc., etc., sino por otra razón fundamental: las demandas de la gente no sólo no son escuchadas sino tampoco canalizadas institucionalmente: los tres poderes del Estado están en manos de la Revolución Ilustrada. Y en el caso del Poder Legislativo, el debate es sólo figurativo, ninguna idea opositora es escuchada, atendida. Y cuando al poder le sirve, la disuelve y la presenta como propia. Sólo hay un actor. En esto por cierto la oposición tiene una gran cuota de responsabilidad. La otra, es de quien ejerce el poder. En el medio, la gente se siente cada vez menos representada, cada vez más asfixiada políticamente. Eso es lo que intuyen algunos intelectuales orgánicos como Horacio González, miembro de Pensamiento a la Carta y director de la Biblioteca Nacional, al señalar que hay que prestarle oídos a la marcha. Quizá actúan con un dejo de honestidad intelectual, y quizá también sean vistos desde el poder como meros ingenuos.
Como sea, todo lo ocurrido será auspicioso sólo en la medida en la que clase dirigente TODA sepa leer la interpelación que el pueblo le ha enviado el jueves 13/S. De lo contrario, el escenario político a futuro es preocupante. El sayo le cabe, inexcusablemente, a los -que se dicen- opositores: hacerse cargo también. También fue contra ustedes. Van detrás de los hechos. No parecen estar a la altura de este pueblo... Lo expresa bien la mirada de afuera, del diario español El País, de Madrid: "Los argentinos protestan contra la presidenta al margen de los partidos".


También -también- es un fuerte llamado de atención para los medios & periodistas tradicionales, que no supieron anticipar lo que se estaba gestando, lo que se venía. Otra vez: estado de cosas - acontecimiento, ¿no? Qué difícil se le hace a todo lo establecido leer lo repentino, lo que aparece, lo que va siendo...
En alguna de las redes sociales, alguien decía: "el tema es que la necesidad de anonimización de los convocantes, por alguna razón, es un significado a construir". Un punto de vista atendible, al que el sociólogo (UBA) Luis García Fanlo agregaba: "lo que me interesa es que existe una fuerza social que reconfigura el campo preexistente de relaciones de poder... y como no hay nada fuera de la sociedad y de las relaciones de poder que la constituyen, en todo caso el 'monstruo' fue creado por el propio gobierno y la fuerza social que lo acompaña o dice acompañarlo. Todos son el monstruo del otro".
Interesante. Ahora, ¿por qué no pensar que la "necesidad de anonimización" de la que bien se hablaba por ahí se deba al mecanismo del poder gobernante que hace que todo lo que no es propio es satánico o ya tiene un lugar predestinado en el averno (k)? Y, en ese sentido, la estrategia de los "marchantes" (me refiero no al hecho fáctico de haber marchado sino al subjetivo de identificarse con ellos) parece haber sido exitosa. Otra vez la cuestión del acontecimiento y su inscripción en la "realidad" para confinarla a ella... ¿Cómo pegarle un golpe certero a lo informe? Ésa es la pregunta que se hacen en el poder por estas horas.


Por lo pronto, el kirchnerismo ya organiza "contramarchas". Creo que, en realidad, conceptualmente en términos de contrapoder, habría que considerar como "contramarcha" a la del 13S. Las que organicen los K serán, simple e irrefutablemente, marchas a favor del poder estatuído.

9/11/10

La prensa oficialista, o el periodismo a la karta

(Clickear en la imagen para verla más grande)


Cambiar una ortodoxia por otra no supone necesariamente un progreso, porque el verdadero enemigo está en la creación de una mentalidad “gramofónica” repetitiva, tanto si se está como si no de acuerdo con el disco que suena en aquel momento. Conozco todos los argumentos que se esgrimen contra la libertad de expresión y de pensamiento, argumentos que sostienen que no “debe” o que no “puede” existir. Yo, sencillamente, respondo a todos ellos diciéndoles que no me convencen y que nuestra civilización está basada en la coexistencia de criterios opuestos desde hace más de 400 años.

George Orwell



El poder siempre miente. Cualquier periodista que se precie de tal tiene esa máxima como premisa. Caso contrario, le pese a quien le pese, “solo” es un militante, o un seissieteochotesco Barone más.

En ese sentido, el uso que el kirchnerismo hace del periodismo como “género discursivo” (Bajtin) me hace acordar, en realidad, al Gran Hermano de la novela 1894 de George Orwell: cambian la historia a piaccere según las alianzas políticas del momento o la necesidad de difundir en la sociedad determinado mensaje. El Gran Hermano arma un “relato” de ocasión.

Y en esa puesta en escena, algunos actúan por interés, y otros por convicción. El ejemplo de esto último es esta nota del filo k Eduardo Aliverti en Página/12. De todos modos, es gracioso ver a Aliverti hablar de las -benditas- "condiciones objetivas" cuando otro filo k, el “posmarxista” Ernesto Laclau, hace décadas que las tiró abajo con su teorización de la "democracia radical" en su clásico libro Hegemonía y estrategia socialista, devenido hoy meramente en su conveniente teoría del "populismo"...

Es triste, en cambio, ver cómo Aliverti cita hoy al diario oficialista Tiempo Argentino del mismo modo en que ayer -en los noventa- citaba a Página/12, cuando el matutino era casi la única voz que ejercía el periodismo de investigación de modo sistemático.

Por otra parte, ¿quién le vuelve a dar un off a Tiempo Argentino después de la violación del off the record producida hace semanas por el caso Papel Prensa? Eso sólo pasa cuando priman los intereses políticos por sobre el periodismo.

Pero no seamos ingenuos. Del otro lado, del periodismo dizque “independiente”, no se quedan atrás. Y, para usar la frase del escritor Dalmiro Sáenz, “mienten con la verdad”. Periodismo es crítica: es contrapoder. No es, por cierto, lo que hicieron La Nación y Ámbito Financiero en los noventa, o Clarín hasta ayer, o “Página” y todos los productos que contienen la palabra “argentino” hoy.

Aséptica verdad. La supuesta higiene del “hecho” -del acontecimiento (construído, siempre)-, del dato sin “opinión”, sin “subjetividad”. Por eso, ver en Clarín titular con la palabra “mentira” es algo que no debería pasar inadvertido. ¿Alguna vez usó esa palabra Clarín en los 90 (o hasta 2008, bah)? Más allá de su veracidad o no, ¿somos conscientes de lo que significa que Clarín escriba “el Gobierno miente” o “inventa”, como sucede en este breve texto del subdirector del diario (por citar solo un caso)?

Cualquier escuela de periodismo enseña que en el ADN del periodista está la duda respecto del discurso del poder. Cuando te pasás del otro lado -del lado que sea (público o privado), pero del lado del "yo apoyo esto o a este"-, abandonaste el periodismo: te convertiste en militante. No está mal eso. Pero... Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa, diría Perogrullo. Las cosas claras.
La prensa oficialista no hace periodismo (esto es: mostrar lo que el poder público no muestra, esconde, o muestra a medias). La prensa oficialista publicita las acciones "encomiables" del poder de turno y escracha a opositores.

Es más que verosímil, por cierto, que Klarín haya comprado el silencio de Isidoro Graiver sobre Papel Prensa. Pero yo no saldría orgulloso como periodista a violar un off como lo hizo Cynthia Ottaviano. Un off es una herramienta de trabajo esencial para un periodista. Con ella, un empresario te cuenta algo contra su empresa, o contra el gobierno de Turno y así se protege. O un funcionario del gobierno de turno, más en uno cerrado como éste, que no comunica sino por sus cabezas, "directamente".
Pero, claro, esa herramienta importa cuando lo que se busca es desarmar una trama, "tirar del ovillo del poder". Pero cuando el poder te sirve en bandeja la información (como -recuérdese- la "declaración secreta" de Sadous), para decirlo cortésmente, no la valorás. Olvídate de que, por caso, desde el macrismo en la Ciudad le den un off a Tiempo Argentino.

Nunca creí en la prensa del poder. Siempre defenestré, igualmente, al "monopolio" (cuyo efecto más nocivo es el de emitir un único y mismo mensaje en los cientos de medios radiales, gráficos y audiovisuales que posee, lo cual se asemeja bastante a la propaganda fascista, bien que no en manos del Estado sino del mercado). Desarticulemos el oligopolio Clarín con la Ley en la mano, no con operaciones mafiosas al estilo Klarín.

Un amigo me escribió: "QUE NO NOS HAGAN CREER QUE LO QUE ESTÁ EN JUEGO ES LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, CUANDO LO QUE ... ESTÁN DEFENDIENDO SOS SUS INTERESES Y NO LOS DE LA SOCIEDAD". Así, con mayúsculas.
¡Qué duda cabe de eso! Ahora, pregunto (repregunto): ¿por qué no se aplica el mismo razonamiento para el otro lado? ¿Por qué debería creer que este gobierno defiende la libertad de prensa y no sus intereses políticos (permanecer en el poder)? Eso es lo que haría un periodista. Repito: DUDAR. Más aún cuando hay tanto margen, tanto doble discurso, tantas idas y vueltas.

Los K dicen defender la libertad de prensa, pero sus esbirros atacan y ridiculizan a todo aquel que piense diferente. O a quienes simplemente intentamos informar u opinar sobre “la cosa pública”.

Las posiciones equidistantes, las de la duda de verdad (yo creo que tanto Kirchner como Kristina son claramente autoritarios y neoliberales, pero que, por conveniencia o no -por estar sujetos al “discurso de época-, han hecho cosas buenas y que otros no podrían haber hecho o no harán; y volvemos al artículo de Aliverti: "en el baile, bailemos"), no las de la duda parcial, son las más ricas: desnudan el fanatismo de los dos lados: el interesado y el voluntarista-moralista.

La épica del periodismo -el que enseñan en los claustros-, es la del Watergate, para usar una imagen, no la de Barone en 678 o la de Tiempo Argentino. ¿Qué hubiera sido de "Garganta Profunda" si Bernstein o Woodward hubieran violado el off? Ése periodismo épico o "mítico" es el que está consustanciado con los valores esenciales y más profundos de la democracia. Ése periodismo es el que se argumenta y defiende en tantos fallos valorables de nuestra Corte Suprema que cualquier alumno de la más remota escuela de periodismo ha leído en su momento. Cierto: no es lo que siempre sucede aún en los medios que lo practican. Y hay mucho para criticar sobre ellos (fundamentalmente: la explotación laboral hacia los periodistas). Pero eso quedará eso para otro post.

Con la nueva ley de medios, se promocionaba la aparición de "muchos medios y voces diferentes". Hasta ahora, esta nueva ley de medios que nos dimos en democracia sólo se reproduce la "prensa oficialista" financiada por todos (eso sí), que, en fin, sigue calcadamente el camino de la "prensa oficialista" que se conformó en la década pasada, la menemista: el Grupo Uno de Vila-Manzano, o Monetta, y cía. La historia se repite. Lamentablemente, esta pelea es por el poder, no por darle voz a "muchos medios". Véase, si no, lo que ocurre con la pauta publicitaria: los medios críticos no la reciben.
El caso Papel Prensa se resolverá en la Justicia. Pero probablemente allí no se pueda probar lo que se prueba periodísticamente. Por más que sea una verdad evidente para todos. ¿Y entonces? No es vocación por prensa libre lo que se ve, ni por deshacer "posiciones dominantes". Esto es más que obvio. Pues, de ser así, se aplicaría la ley con todo su rigor. Y -para que esto ya se asemeje a una campaña, lo digo una vez más- tenemos una ley para aplicar con todo rigor: La de Defensa de la Competencia, ley 25.156. Pero todavía ni siquiera se creó el Tribunal de Defensa de la Competencia. No tenemos un "Estado presente", como se proclama desde el “relato” oficial. Sólo lo tenemos al secretario de Comercio, Guillermo Moreno…

Seguimos teniendo un Estado ausente neoliberal, y se ve en cada tema en el que se detiene un minuto a escarbar. El Estado K sólo se hizo "presente" para escarmentar a un grupo particular (y aquí los nombre van cambiando desde 2003). El cálculo es sencillo: para que el Estado "vuelva", se necesita -como siempre se señala en este blog- jerarquizar la burocracia, ampliarla, consolidarla. Y eso no ha sucedido. Seguimos con el Estado fláccido y bobo de los 90, bien que con discurso progre y con la épica que le imprime la prensa oficialista.

¿Alguien duda de lo saludable que es dudar de los medios? Pero si… "en el mismo lodo, todos manoseaos"… el que más se beneficia es el poder.

Defender a un gobierno desde la prensa no es periodismo: es propaganda. El periodismo debe cumplir otra tarea en la sociedad: mostrar lo que el poder quiere ocultar, controlar al poder, promover el debate público sobre el funcionamiento de las instituciones de la república. Ayudar, en fin, desde las ideas, a mejorar la democracia. ¿Lo cumple? Eso quedará para el próximo post.