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25/2/12

El Relato causó 51 nuevas muertes

(El Sarmiento soterrado, según lo imagina el Relato)

El Relato causó 51 nuevas muertes. Me decidí por ese título, pero me fue difícil elegir. También tenía estos: "República Cromagnón II" o "La masacre del Sarmiento y el silencio K: ayer, pingüino; hoy, avestruz".
¿Qué implica la metáfora de "Cromagnón"? Es la caracterización palmaria del Estado ausente, del Estado inoperante y corrupto que, finalmente, tarde o temprano, mata. Y el Estado, justamente, existe para lo contrario. Posee, es cierto, el monopolio legítimo de la violencia, pero su existencia ética se basa, primero, en la preservación de la vida de sus ciudadanos y habitantes, y, luego, en la persecución y el alcance del desarrollo y el bienestar personal y colectivo de estos. Once es el Cromagnón de los K. Si hasta ocurrió casi en el mismo lugar. Sólo el cinismo del poder puede ocultar que el Estado es responsable de lo ocurrido y no víctima y querellante, como se pretende.
La Argentina "nacional y popular" -triste realidad, mal que les pese a los cultores del Relato Oficial- es un país reprimarizado, clientelar y de economía extranjerizada y concentrada. Sin inversión sustancial en obra y servicios públicos, sin controles y, consecuentemente, de gran despilfarro del dinero de todos. En el país que hace años vive de fiesta, también conviven la emergencia económica (por ley), la emergencia ferroviaria (desde hace una década), la emergencia habitacional (hasta hace poco en la Ciudad), y varias más: todas consignadas en leyes que nos rigen. Y sin embargo...
En la semana que pasó, luego de la masacre ocurrida en la estación Once del tren Sarmiento, vi por primera vez en Twitter un hashtag con un insulto cargado de bronca e indignación:
#SchiaviHijoDePuta. Por cierto que la bronca no quedó confinada al "mundo virtual" y aún reverbera en el "mundo real".


En términos político-institucionales, es inminente la rescisión de la concesión a los Cirigliano, y la eyección del macri-telermanista secretario de Transporte Juan Pablo "pelotudo" (Hebe de Bonafini dixit) Schiavi. En efecto, opera el Mito del Rey Bueno: Cristina no sabía, la Presidenta no tiene la culpa de la tragedia y tomará las medidas del caso. Las más duras, si son necesarias.
La Revolución continúa, pese a las lamentables muertes.
¿O hay que sacar la conclusión de que éstas son las consecuencias de la "sintonía fina" recientemente cacareada? La sintonía fina figura en los manuales de estudio neoliberales y es lo que se ha aplicado con rigor, "sin anestesia", desde 1976 a la fecha. En ese sentido, me permito recordar que la estrategia lúcida conservadora del siglo XX fue darle bienestar a los de abajo frente al "peligro rojo". Keynes. A no confundirse.


Muchas preguntas, mucho silencio
La masacre ocurrió justo en el Sarmiento, ése de cuyo inexistente "soterramiento" se sigue enorgulleciendo desde su página web el poderoso Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios que maneja Julio De Vido.
Ahora, más allá del decreto de rigor de duelo nacional (no hacía falta el decreto para auscultar el sentir verdaderamente popular, éste sí), quedan muchas preguntas sin responder.
¿Dónde está la presidenta que se jacta de "la vuelta del Estado"?
¿Era el momento para que se refugie en El Calafate, "su lugar en el mundo"? ¿O hubiera sido más acorde a un dirigente ("nacional y popular") ponerse a la cabeza del dolor de todos? No es la primera vez que el Relato enmudece frente a una muerte. Ni que hablar cuando se multiplican por 50 y acá en la propia cara del poder...
Y la CGT que "defiende a los trabajadores", ¿dónde está? Sólo pelean por el poder y por la Kaja.
¿Y "los soldados de Cristina", esos que están "para la liberación"? ¿Dónde están? Escuchan un grito o huelen un fueguito y se refugian en Madero-Telmo.
Leí por ahí una metáfora que tiene, para mí, una precisión quirúrgica: "Ayer, pingüino; hoy, avestruz". Un buen editorial en cuatro palabras.
Permitanmé agregarle una cuota de cinismo K: Cuando, en 2003, Nésto (Carlo) tenía el 22% de los votos, los K hablaban de la "legitimidad de ejercicio"; ahora que está visto que hace 9 años que no gobiernan hablan del 54% de los votos ("legitimidad d origen"). Aprendan, no peronistas.
Y hablando de no peronistas: ¿y la oposición? ¿Sigue de vacaciones hasta el 1° de marzo?
Hemos pasado, en esta Argentina peronista versión "nacional y popular", del "Ramal que para, ramal que cierra" al "ramal que no invierte, ramal que mata". No sé qué es peor. Un dirigente del gremio La Fraternidad recuerda que la concesión a los Cirigliano ocurrió en 1995 bajo la matriz neoliberal privatizadora, y fue extendida por la UCR en el poder, en el año 2000, con ampliación de beneficios, pese al flagrante inclumplimiento del contrato. Como se ve: nadie está exento de responsabilidades: ni el peronismo que gobierna hace 30 años, ni su opuesto radical de ayer y de hoy, ése que busca pragmáticamente aliarse con De Narváez, Macri, o quien les provea los votos que se les escapan por incapaces desde hace añares. Ni jueces que disculpan ni sindicalistas empresarios. Ni empresarios prebendarios que buscan el calorcito del poder, para vivir, según la clásica imagen, "de la teta del Estado". De un Estado igual de bobo que en los 80 (el "Estado elefante") y en los 90 (raquítico). "Hubo 200 descarrilamientos del Belgrano Cargas y ninguna sanción estatal: falta un régimen de penalidades", sostiene un informe de la Auditoría General de la Nación sobre el estado ferroviario. ¿Cuál es el poder de los organismo de control en este país? Sigo preguntando: ¿Y la Oficina Anticorrupción? ¿Y la SIGEN?
La matriz neoliberal permanece intocada por el kirchnerismo: con el desguace del Estado, cayeron en la volada todas las capacidades estatales para controlar, hacer cumplir la ley y sancionar a privados o concesionarios que lograron hacerse del botín.

"Al pueblo le sobra pintura"
Esta semana murieron en Once 51 laburantes, el verdadero pueblo que se desplaza todos los días desde el áspero Conurbano hasta la Ciudad para "parar la olla". Eso es lo que impacta: que murieron todos juntos. Pero la deshumanización que implica viajar animalescamente también es una lenta muerte, amigo nacional y "popular". Te va quedando grande el discurso.
Los K tienen TODO EL PODER (los tres poderes, las provincias, los gremios) pero la culpa es de "la opo", "las corpo", Duhalde, Cirigliano, bla bla. Es hora de que la exigencia ciudadana sea la de cumplir la ley y la de rendir cuentas ante la opinión pública y ante una Justicia independiente, no ante la "Justicia Subrogante" o la del Sorteo. El símil "nacional y popular" de la "mayoría automática" de la Corte Suprema menemista.
La masacre de Once dispara muchas preguntas, que no son nuevas. Pero esta vez no tienen como respuesta el cinismo del poder, como casi siempre, sino el silencio. Esta vez es distino. La bronca popular muestra a las claras que a los K se les está cayendo inexorablemente la careta.
¡Pero no! Atención, no caigan en los golpes bajos: los K piden "no politizar" la tragedia -un hecho social, en fin-; esos mismos que se jactan de pregonar "la vuelta de la política". Hay que hablar. En una república, el silencio no es salud. Esconder la cabeza como el avestruz, tampoco. Esto no es nuevo para el kirchnerismo, bien mirado: en 2004, cuando ocurrió lo de Cromagnón, Él y Ella también huyeron para El Calafate y no volvieron por diez días.
Como reza la frase de presentación de este blog: "El pueblo, escribe Maquiavelo, quiere, simplemente, que no lo jodan. Igual que este buen hombre. Y como a este buen hombre, señores gobernantes, al pueblo también le sobra pintura".
Es hora de asumir las responsabilidades republicanas de las que ustedes mismos se jactan mentando el -cada vez más disminuido- 54%, señores gobernantes. Den la cara, pongan el cuerpo y soporten las puteadas. Para eso fueron votados, al fin y al cabo: para hacerse cargo. El pueblo se los está reclamando a gritos.

6/11/10

Incapacidades estatales, concentración, (re)distribución y estadísticas públicas mentirosas


Último post sobre el seminario sobre “la Cuestion Social en Argentina” al que asistí. Aquí presentaré las exposiciones del sociólogo especialista en políticas públicas Aldo Isuani (también presidente del partido GEN de la Ciudad de Buenos Aires), y la del economista Javier Lindenboim, especialista en temas de empleo, distribución del ingreso y director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) de Económicas de la UBA.

Incapacidades estatales

Aldo Isuani abandonó la mirada dura, numérica, y se dedicó más bien a definir grandes esquemas conceptuales. Planteó a grandes rasgos el cambio del perfil productivo y del mercado de trabajo (y de la conceptualización del trabajo en el mundo moderno). Y señaló que “sólo dos de cada diez argentinos producen todos bienes materiales (industriales y agrícolas)”.

Luego marcó la necesidad de rediseñar estrategias de transferencia económicas hacia desempleados, que hoy es escasa. ¿Quién hace esto? El Estado, claro. Por eso, es imprescindible repensar sus capacidades.

Se dice que en Argentina tenemos un proceso de recuperación del Estado. Lo cual no es cierto. Seguimos teniendo un Estado incapaz. Fundamentalmente, Isuani llamó la atención sobre tres “incapacidades”, sobre tres materias en las que hay que capacitar al Estado.

Primero: las incapacidades técnicas. Por ejemplo: el Estado cobra impuestos y transfiere a sectores pasivos -vía AFIP - ANSES- de un modo aceptable. Pero esto no es así en otras áreas, como delitos complejos, medicamentos, o la cuestión no menor del caos del tránsito, que deja unos 600 muertos por año en el país, abusos de las empresas frente a los consumidores; elementos todos, que demuestran que la presencia del Estado es muy defectuosa. Y los controles, nulos.

Segundo: la “incapacidad sincrónica”. Incapacidad del Estado para seguir y adaptarse a los rápidos cambios de la sociedad contemporánea (tipos de familia, desempleo en la juventud, precarización del trabajo, etc). Isuani es contundente: El Estado sigue estructurado como hace 30 años. Y por eso sigue asignando 8 puntos del producto a la política previsional pero casi nada a políticas para los sectores juveniles.

Entonces, el desafío es atender a las problemáticas que han venido para quedarse. Las provincias más pobres siguen afuera del reparto. La moratoria previsional es pan para hoy y hambre para mañana. Existen unos 500.000 ancianos pobres que no tienen hoy jubilación ni pensión. Pero hay 700.000 que tienen doble beneficio. El Estado debe tomar nota y adaptarse.

Tercero: la incapacidad política. El Estado no es un actor: es un “escenario” donde participa la sociedad civil. Por tanto, que el Estado se adapte dependerá de las fuerzas políticas que ocupen ese Estado.

Y esto hay que plantearlo hoy. Hay que empezar a mirarlo hoy. Porque en dos años no se logra la burocracia que necesitamos.

Este es el gran desafío, y hay que empezar a afrontarlo, concluyó Isuani. No podemos perder tiempo.

Concentración económica y poca redistribución

Javier Lindenboim empezó su charla haciendo énfasis en la diferenciación conceptual entre “distribución” y “redistribución” de bienes. La primera es lo ocurre naturalmente en el mercado con lo que se “produce”: la forma en que se produce define la forma de la apropiación. Esto es insatisfactorio socialmente. Y aquí es cuando debe intervenir la “redistribución”. Ésta corre por cuenta, claro está, de un agente externo al mercado: el Estado. Por ello se vuelve más necesario hallar mecanismos mecanismos redistributivos cuanto peor sea la distribución. Toda estrategia redistributiva debe mirar la economía completa, empezando por la producción.

Luego, el economista señaló que la capacidad de compra del salario medio no es igual a la cantidad de distribución de la torta total de ganancia. Según sus cálculos -que fue mostrando en diversas láminas de un ppt-, la productividad de los trabajadores crece como tendencia año a año desde 1947. Pero su participación en las ganancias, no. Estamos muy por debajo del mundo. Y visto por subperíodos, hasta 1976 crecían ambos indicadores (siempre a favor de la productividad, claro). Luego, solo crece la productividad, mientras que el salario cae.

Lindenboim también mostró con números que de 2003 a 2006 la ocupación creció, pero que ese efecto ya desapareció.

A futuro, la asignaturas pendientes que nota el economista son:

* Frenar la concentración económica

* Reformar la estructura (regresiva) de recaudación fiscal

* Frenar el caudal de transferencias del Trabajo al Capital

Lindenboim desmintió con datos algo que forma parte del sentido común gobernante de nuestro tiempo: que la concentración económica nunca disminuyó en el ciclo actual. Al contrario: se incrementó.

Y remató con un clásico del mundo académico serio: la necesidad de devolverle la credibilidad a las estadísticas públicas. Y cerró con el ejemplo de las variaciones acumuladas del Índice de Precios del Consumidor de 2006 a 2010. Mientras que para el IPC del Indec es del 30%, otras provincias que siguen otras metodologías, como San Luis, Córdoba, Mendoza o Santa Fe, la cifra se triplica. En consecuencia, el comportamiento del salario varía, como se sabe, según se tome en cuenta uno u otro índice. Y esto hace que varíe, también, la masa de participación de los asalariados en el total de la producción de bienes y la necesidad, o intensidad, de intervención del Estado para lograr una más justa redistribución.

27/10/10

El Estado presente, del "relato" a la práctica

La ausencia del Estado, o su deficiente presencia, será una constante de este blog. Esta insistencia se vuelve urgente a raíz del discurso instalado o dominante, que señala lo contrario, luego de la llegada del kirchnerismo al poder central. Será, entonces, un intento por deconstruir el “relato” oficial.

¿Por qué esto es importante? Porque es necesario no habilitar nuevamente la crítica neoliberal al Estado, el canto al sálvese quien pueda, agazapado detrás del manejo ineficiente del Estado actual. No estamos aún en camino hacia un Estado ágil o “atlético” e inteligente, como lo entiende el politólogo Oscar Oszlak. Esto es, no un Estado que incrementó su “deformidad” luego del ajuste de los 90 -que sólo atendió su hipertrofia-, sino un Estado que atienda, más que al tamaño, a la calidad de la gestión pública. Esto se comenzará a lograr cuando se fortalezca al Estado con capacidades institucionales, profesionalizando al servicio público; con autonomía y con más accountability (responsabilización) ante la sociedad. Claramente, no es el camino por el que transita la Argentina. Es lo que en este blog intentaremos mostrar de a pinceladas.

Véase, por ejemplo, lo señalado por la ex titular de la Agencia de Inversiones, Beatriz Nofal, hace pocas semanas en Clarín.

"Desde la Agencia de Inversiones habíamos diseñado un proyecto para promover la inversión en las empresas medianas", que desde enero de 2009 duerme en los cajones del Ministerio de Industria, dice Nofal. Una muestra de que el actual Gobierno nacional aplica, en lo básico, el mismo manualcito monetarista de los 90.

Otro claro indicador de "Estado ausente".

Véase en la misma línea la tarea sucia realizada por el secretario de comercio Guillermo Moreno con los controles de precios. Pero, ¿cómo? Concentrando la economía en pocas manos para luego arreglar todo con un telefonazo. Mientras tanto, la Ley de Defensa de la Competencia (N° 25.156), calcada de EEUU y muy dura, duerme el sueño de los justos. Sólo dos veces se usó: en 1999 y 2004 (con Lavagna). Nunca se constituyó el Tribunal de Defensa d la Competencia. Existe un instrumento contra las posiciones dominantes. No se usa.

El mercado se autogobierna. No hay Estado. Paradójicamente, el caso Fibertel lo demuestra. La actuación desprolija del Estado (permítaseme una lectura ingenua) sólo refuerza ls argumentos neoliberales no intervencionistas del vulgo.

Insisto: "Estado presente" es una categoría de análisis. Que no debería confundirse con "Estado prepotente" o "prepotencia de Estado", por un lado, ni, por otro, con el viejo "Estado interventor" que naciera allá por el primer peronismo.

Al Estado se lo depura -otra vez- con un cuerpo burocrático formado. Caso contrario: se lo poda, como en los 90. La Historia ya ha mostrado que eso no sirve. El Estado actual, que no gasta donde (y como) tiene que gastar, pero tira subsidios por todos lados para la clase media y alta (Transporte, ONCCA), y migajas al estilo de la Caja Pan para los pobres, es una vuelta al Estado ineficiente que teníamos hasta los 80.

Ésta será, tanto o más que la "polarización social", la peor herencia de los K: la vuelta de la crítica neoliberal al "Estado bobo". La mala gestión nos está haciendo perder una oportunidad histórica para concientizar a la sociedad sobre la necesidad y conveniencia de un Estado fuerte.

"El Estado es la representación metafísica que se hace la sociedad de sí misma", afirma el filósofo político Carl Schmitt. El Estado, como la democracia, y cada uno de nuestros valores e instituciones, es una construcción histórica. La de este momento que nos toca vivir es la que el Gobierno nacional sostiene desde su discurso. Pero no desde su práctica.