Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas

28/9/12

Intemperancia (sobre Cristina en Harvard)

Una vez más tuve que elegir un título entre varios. Quedó "Intemperancia", porque me parece una buena síntesis, pero también me gustaban: "Nunca es triste la verdad" o "Cristina tuvo un baño de realidad en Harvard". Mis reflexiones sobre la conferencia de ayer de la Presidenta.


Ayer fue un día importante para los que valoramos el debate respetuoso de ideas y el diálogo, y a la vez triste, también, para quienes exigimos que esa condición sine qua non de toda república se cumpla entre quienes ejercen el poder en la Argentina.
Ayer, la presidenta de la Nación asistió a un escenario codiciado por cualquier mandatario: la Escuela de Política Kennedy de la Universidad de Harvard. Y, en un clima que se fue tensando cada vez más, Cristina respondió tan sólo 10 preguntas. Repito: tan sólo 10 preguntas. En realidad, "respondió" es una forma de decir... Pues no respondió cuando se le preguntó en concreto sobre la inflación, o sobre la RE RE, o cuando se le pidió una -una- simple "autocrítica" (que jamás esbozó).
Es que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no está acostumbrada a responder preguntas. En efecto, la última conferencia de prensa convocada por Cristina Kirchner fue hace 407 días, tras su arrasador triunfo en las elecciones primarias de agosto, como recordó el diario La Nación. Por eso fue que un estudiante le dijo: "Me siento un privilegiado por poder hacerle preguntas, señora presidenta".
En este contexto, Harvard es un mojón, pero también es sólo una anécdota en sí. Lo importante es que la Presidenta de la Nación se encontró con un público no adicto después de mucho mucho tiempo. Y debió enfrentarse con las críticas que, mal que mal, le hace medio país. Y eso no le gusta. En efecto, seguramente a muchos de ustedes les pareció rarísimo el hecho de que las palabras de Cristina no desembocaran en una catarata de aplausos alegres y condescendientes como a las que nos tienen acostumbrado en las distintas puestas en escena del poder gobernante.
Así es. Cristina demostró ayer por qué sólo se rodea de aplaudidores en las habituales cadenas y actos de gobierno (que son de todos, por cierto): no acepta voces que la contradigan. Quienes la contradicen "tienen muy poco nivel de análisis", como le dijo ayer a un estudiante y a su "compañerito", quienes le preguntaban por su patrimonio, por su voluntad por una RE RE, por el Indec, por la libertad de expresión, por la inflación, por el simple pedido de una autocrítica; por lo que, en fin, cuestiona o inquiere medio país sin obtener respuesta honesta sino chicaneos o reconvenciones presidenciales.
Sistemáticamente, Cristina descalificó las preguntas que le hacían por estar, según ella, influidas por los medios.Y mostró allí quizá su peor "vicio", en términos platónicos: su intemperancia, la cólera que la lleva fuera de sí, y que la alejan de las "tres virtudes" que debería tener -según el filósofo griego- un buen gobernante: prudencia, valor y templanza. Al contrario, la "gran oradora" que es Cristina se rebajó a la altura de un grupo de estudiantes "ricos" según ella (olvidando quizá que muchos están allí becados), que la cuestionaban. Para terminar incluso despreciando a todos los estudiantes y docentes de una universidad nacional: la Universidad Nacional de La Matanza: "Chicos, por favor, estamos en Harvard. Estas actitudes son más para La Matanza que para ustedes", retó.
(Click en la captura para agrandarla y leer*)

En este punto, digamos que, en realidad, ese desprecio no es más que la verbalización de una indiferencia (en término de políticas públicas) que se había expresado concretamente meses antes. En efecto, el desprecio fundamental de CFK por La Matanza viene de hace tiempo y se manifiesta en la forma animalesca en la que viajan diariamente miles de matanceros en el Sarmiento. Ese desprecio ostensible e irrefutable desembocó en febrero en la masacre de Once. Todo cierra.
Volviendo a Harvard, visiblemente molesta, poco acostumbrada a estar en un escenario sin su coro de aduladores, aplaudidores, reidores o simples temerosos de contrariarla, la Presidenta olvidó una vez más que ella es la primera servidora del país, la que debería dar el ejemplo del manejo de la cosa pública, pero a quien, en cambio, parecería que hay que terminar a agradeciéndole que se exprese sobre cómo maneja la cosa pública, y la plata de todos. Y todas.
Pero para los que reclaman más libertad de expresión y respeto a las instituciones, Harvard es un mojón. Y sería loable que Cristina repita la experiencia en Argentina, y que empiece a recorrer las universidades argentinas, también, respondiendo libremente las inquietudes de los estudiantes, esos "jóvenes que son el futuro", como se jacta ella misma. Y, por supuesto, que otorgue regularmente conferencias de prensa; que, como representante del pueblo en el poder, responda a las inquietudes de los representantes de la opinión pública, los periodistas. Esa demanda insatisfecha que cada vez se hace oir más, pese a que Cristina se ufane grotesca, ridículamente, como lo hizo ayer, con que "hay millones de argentinos que hablan con esta presidenta constantemente".
Sería muy loable, en fin, empezar a exigir un funcionamiento republicano, con control institucional y ciudadano (accountability horizontal y vertical) sobre el Gobierno. Sobre el gobierno de una presidenta -a no olvidarlo- que subió al poder en 2007 con la promesa de "más institucionalidad"; institucionalidad que no sólo no ha mejorado sino que ha contribuido a destruir.  Promesa incumplida. En el 13S, de hecho, también se canalizó esto.
Una última observación: contrariamente a lo que -quizá desde el prejuicio- se podría pensar teniendo en cuenta que el auditorio era conformado por estudiantes de Harvard no hubo preguntas con cuestionamientos desde enfoques neoliberales a la gestión kirchnerista. ¿Ustedes a qué creen que se deberá esto?
Lo cierto, en fin, es que Cristina tuvo ayer, en Harvard, un saludable baño de realidad. De una realidad que está a años luz de comer con $6 por día, por nombrar tan solo una fantasía del "relato", nomás. No parece haber aprendido mucho de la experiencia. Las valoraciones especulativas en términos políticos que se hacen en la intimidad presidencial son negativas. Mucho más aún que las de su paso por Georgetown.
A veces la realidad duele. Y no hay lugar para risas. Como dice la canción de Serrat: "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio."

* Alguien posteó esta captura de pantalla de la cuenta de Twitter de CFK y la tomé, pues ella me tiene bloqueado en su cuenta, y no puedo ver directamente lo que escribe.

26/8/12

Lanata no va a $678 y pide conferencia de prensa de CFK


Ayer circuló por algunos medios que el programa emblemático del "periodismo militante", $678, realizó una "invitación a debatir"  en la televisión pública al periodista Jorge Lanata (conductor del programa "Lanata sin filtro", por radio Mitre y de "Periodismo para todos", por Canal 13) con Orlando "Conmigo no" Barone y Cynthia García.
"Un debate a agenda abierta. Absolutamente todos los temas. Sin nada para esconder”, se promocionó desde el programa, que también habló de "desafío", como si el destino de la cabeza de alguno de los participantes fuera a terminar en la arena del circo romano.


El ciclo del productor K Diego Gvirtz ya puso al aire dos mesas debate, moderadas por Carlos Barragán: la primera con los intelectuales Edgardo Mocca y Roberto Gargarella y la segunda con los economistas Roberto Felletti y Rogelio Frigerio (h).
Ayer me preguntaba por las redes sociales si Lanata debería concurrir al mentado "debate".
El amigo @Mickey_Sc, por nombrar sólo a alguien, me respondió: "El que va a #678 convalida una metodología fascista. Sea quien sea...".
Pero, ¿por qué me hice la pregunta con Lanata y no cuando asistió Gargarella? Tengo para mí que no es lo mismo que se sienten en ese programa intelectuales como Sarlo y Forster a discutir "el kirchnerismo", o Gargarella y Mocca (si bien es cierto que no se me pasa por alto la circunstancia de que Mocca utiliza los números del Indec para decir, por ejemplo, muy suelto de cuerpo, "no hay pobreza como en los noventa", a intercambiar conceptos, ideas, visiones; a que lo hagan Barone y García con Lanata o Bonelli (o el periodista que fuere), a... ¿debatir qué? ¿Información? ¿Uso de las fuentes? ¿Qué? Claramente, entre periodistas habría que hablar de periodismo, del rol de los medios. Debate un poco genérico. Imagino que pronto desde un lado se mentaría a Ciccone, Tucumán, Formosa, Skanska, etc., etc.... Y del otro, el fallido diario Crítica, la funcionalidad de ciertos periodistas al "poder económico" y a los "medios hegemónicos", el abandono de la defensa de los derechos humanos y bla bla...
El periodista debe dudar, preguntar; y el funcionario, dar cuentas, responder. La ecuación es tan simple como brutal.
Y bien, hoy se conoció que Lanata declinó la invitación, volviendo a poner las cosas en su lugar. Éste es el comunicado que envió a los medios:

"Acabo de tomar conocimiento por las páginas web de Perfil.com y LaNacion.com.ar del desafío lanzado por el programa de la televisión pública 'Seis ,siete ocho' planteándome un 'debate' con Orlando Barone y Cinthia García. Lamento declinar la oferta básicamente por dos motivos: no tengo ningún respeto profesional por el Señor Barone y desconozco quién es la Sra García.
"Sin embargo, ya que es la televisión pública quien avala el gesto, me parece importante contraproponer una conferencia de prensa abierta, con todos los medios nacionales y extranjeros que deseen participar, ofrecida por la presidente Kirchner y el vicepresidente Amado Boudou, con la posibilidad de preguntar y repreguntar más de una vez por medio y con el compromiso de responder por parte de los funcionarios.
En efecto, Lanata señaló que "si a la televisión pública le interesa sinceramente debatir ideas y brindar información imparcial, nada mejor que los representantes del Poder Ejecutivo para hacerlo frente a toda la prensa que quiera participar del evento".


Coincido. Pasar a "discutir" la información con un Barone es un retroceso, es el borramiento de la responsabilidad del funcionario público. Al fin y al cabo, discutir el estatus de "la información" con periodistas militantes es discutir con los perros guardianes del poder. Discutir con el portero, para seguir la metáfora del relato kafkiano "Ante la ley". Cuando de lo que se trata es de que el poder, los funcionario públicos respondan las dudas de los profesionales de la información, de cara a la opinión pública, con total libertad.
Como digo siempre: que no nos cambien la bocha. Saludo la claridad con la que respondió Lanata.

14/3/12

Salustriana y las "preguntas molestas" (diálogo con un kirchnerista)

"Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario ningún gobierno.
Si los ángeles gobernaran a los hombres,
no sería necesario ningún control externo ni interno sobre el gobierno".
James Madison, en El Federalista

Ayer tuve una discusión con un kirchnerista que criticaba, como no podía ser de otra manera, a la prensa. Interesante. El militante me decía: "Si el periodismo es el cuarto poder, al periodismo también hay que controlarlo". Y agregó las consabidas amalgamas K entre periodismo y corporaciones y poder económico, pasando por alto alevosamente que esta tríada se alimenta y reproduce desde el centro mismo del poder (K), sólo que con otras corporaciones y otras facciones del poder económico, dizque "nacional y popular". Al respecto, como siempre digo: releer Poulantzas.
En principio, es viejo ya el debate sobre si "colegio de periodistas" sí o "colegio de periodistas" no. ¿Quién colegia? ¿Quién levanta el dedito señalador? Pero, por viejo y saldado entre los periodistas (un rotundo "NO" a la colegiación), no le di la oportunidad de reabrir la cuestión. Sólo le señalé que se trata de controles distintos. El de la prensa al poder político (y el económico también, por cierto) se trata de un control republicano (accountability, dirían O'Donnell, Dahl y muchos otros) que ninguna filosofía política que se considere tal puede ni debe pasar por alto, a riesgo de abandonar, precisamente, ese milenario pensamiento republicano para caer en un burdo poder autoritario justificador del gobierno de turno. Sin más.
Y sin más, también: No existe república allí donde un ciudadano no puede expresar su opinión, su sentir sobre cualquier tema como miembro de la comunidad política.
Mi interlocutor kirchnerista se agarró de esto para señalar su modelo de intercambio de ideas en la sociedad moderna: "Que sean los ciudadanos, entonces, los que critiquen. Que sean sus propios periodistas, y que, si están disconformes con Cristina, que voten a otro en 2015".
Por supuesto que no dejé pasar la concepción acotada de democracia, limitada a los 5 minutos cada cuatro años en que uno entra al cuarto oscuro para elegir a quien desea que ocupe, por el mismo período, el sillón de Rivadavia.
Y agregué: "Yo quiero periodistas que hagan preguntas molestas al gobierno. Eso quiero".
Y no dejé de señalarle que existen dos tipos de controles al "cuarto poder", como él lo llamó correctamente. Uno es el del ciudadano, que deja de comprar el diario, escuchar al periodista radial, o cambia de canal si cree que el periodista o medio le está mintiendo. Y otro, por cierto, es la Justicia. Para nuestra Constitución Nacional no existe la censura previa, sino las responsabilidades ulteriores. Y la prensa, aunque protegida con especial interés dado el delicado derecho de que se trata, consustancial a una democracia -la libertad de expresión-, también los tiene, y cuando ejerce ese derecho con mendacidad, imprudencia o "malicia", es severamente condenado.

Y terminé señalándole a mi amigo K que ni siquiera en su esquema es respetada la libertad de debatir, de disentir y de hacer preguntas molestas. Eso es lo que le enrostró por televisión a la Presidenta de la Nación hace una semana doña Salustriana, la humilde habitante de la Puna jujeña. Una "ciudadana de a pie", como se refirió Cristina a los humildes en su discurso inaugural de sesiones ordinarias el 1ro de marzo en el Congreso de la Nación. Un miembro de un pueblo originario, una vez más, como ayer nomás los qom, ignominiosamente expulsados de la 9 de Julio por La Cámpora.
Con el sencillo y lapidario "A nosotros nos hacen falta otras cosas más buenas que el subte", Salustriana fue "periodista" por un rato. Y fue además -qué duda cabe- "la implacable voz del pueblo", como Cristina definió a principios de febrero a las palabras pro mineras de "Antonio" (Armando César Domínguez), el líder sindical, vice del PJ de Olavarría y ya popularmente inmortalizado como "el obrero de Cristina".
Pero esta vez la puesta en escena no salió como el poder lo esperaba. Y el vergonzoso deslinde de responsabilidad que significó el "Nooooo, qué voy a ser buena, yo. Soy una más" con que Cristina respondió a Salustriana, luego de intentar usarla metiéndola en su discusión con Macri por el Subte y encontrarse como respuesta una "pregunta molesta" (expresada en forma asertiva), como la que haría cualquier periodista que dignifique su trabajo cotidiano, la Presidenta de la Nación hasta el 2015, Cristina Fernández de Kirchner, confirma una vez más su concepción religiosa, antipolítica, del poder: al líder sólo se lo adula y se le rinde pleitesía; jamás se lo cuestiona, y menos en público.
La "Infalibilidad Papal" del Medioevo, un poroto.

28/10/11

Cuando el Perro (Verbitsky) mordió al amo

Corría enero de 2003. Tiempos preelectorales. El peronismo aún no encontraba una figura rescatable para presentarle a los votantes. El entonces periodista y hoy periodista militante (o converso a secas) Horacio "El Perro" Verbitsky escribía esto sobre Nésto Carlo Kirchner en el matutino Página/12:
"Menem, Duhalde, Mazzón, Manzano, Puerta, Rico siguen siendo protagonistas en los episodios más recientes de la saga, a la que se han sumado algunos pocos nuevos, como el gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner, enrolado en lo que con involuntario humor se autodenomina 'sector productivista'. Insistente como un moscardón, el Senador Duhalde trata de adosarle la candidatura a vicepresidente del actual gobernador bonaerense, Felipe Solá, quien se resiste con denuedo a dejar su sillón, codiciado por la primera dama provisional.
Algunos partidarios de Kirchner evocan que fue perejil de la Juventud Peronista, como si los alineamientos de treinta años atrás pudieran decir algo significativo sobre el presente. Prefieren no recordar el rol decisivo que tuvo en la década pasada para asegurar la privatización de YPF, cuando fletó el avión de la gobernación santacruceña para asegurar que uno de sus diputados, que por un accidente tenía una pierna enyesada, llegara a tiempo a la sesión decisiva. Con las regalías atrasadas percibidas efectuó colocaciones financieras en el exterior, lo cual prueba que no se quedó en el 70. Sus simpatizantes tampoco mencionan el lobby sobre el gobierno nacional que Kirchner encabezó hace un año. Secundado por los gobernadores de Neuquén, Jorge Sobisch; de Mendoza, Roberto Iglesias, y de Chubut, José Luis Lizurume, fue el vocero de Repsol contra las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos decididas en aplicación de la ley de emergencia económica. Ni siquiera los gobiernos liberales de México y Chile enajenaron la renta minera en forma tan irresponsable".*

La fuerza del periodismo.
Como sabe cualquier estudiante de primer año de este oficio, el periodismo es el "perro guardián" de la democracia. Pero cuando se pasa del otro lado -del lado del poder-, se convierte inexorablemente en perro faldero. Por más poder que se tenga y por más "progresista" que pueda ser.

* Las negritas y las cursivas en la cita son mías. Puede leerse el artículo completo de este Perro que aún mordía aquí.

31/8/11

Miente, miente, que tienes derecho a ello

Las declaraciones de ayer del ministro del Interior, Florencio Randazzo, en conferencia de prensa, fueron desafortunadas, por ser leves. Aunque quizá en esto poco tenga que ver Fortuna. El ministro dedicó menos tiempo a informar sobre el conocimiento de datos que deben ser públicos que a "dar lecciones de periodismo" a la prensa, y a los periodistas presentes, señalando incluso a un periodista del diario La Nación con nombre y apellido: Mariano Obarrio. "Lea toda la nota", le respondía airado el periodista, haciéndose cargo, como corresponde, de lo que cualquiera que haya pasado por algún medio conoce como el ABC de su ejercicio: los periodistas escriben su nota, pero son los editores quienes titulan y volantean.
Parece ser que lo que se viene detrás del 50.24% es... más de lo mismo. La prensa es el enemigo más redituable para este gobierno. La prensa miente ("Clarín Miente"). Y Randazzo deconstruye sus enunciados desde el orwelliano Ministerio de la Verdad.
Pero mucho cuidado: no se trata, en el caso de la prensa privada, del goebbelsiano "Miente, miente, que algo queda". Aquella máxima refería a la propaganda nazi. Esto es: al uso del Estado, incluso con medios pagos por él, para penetrar en la sociedad con un mensaje.
Habría que preguntarle al ministro Randazzo: ¿desde cuándo criticar a funcionarios y, en definitiva, a las instituciones "atenta contra la calidad institucional"? Ésa es una visión más propia de una dictadura que de una república. Una visión, también goebbelsiana. Ayer se pudo ver a Randazzo, mientras hacía "análisis de discurso" periodístico, más indignado que ante las represiones en Soldati, en Jujuy, en Formosa, en Tucumán...
Y lo curioso es que el periodismo entra en ese juego. Ayer, en vez de una conferencia de prensa en la que el funcionario público se explayara en las que deberían ser sus habituales aclaraciones y explicaciones ante los requerimientos del cuarto poder, era, en cambio, la prensa quien terminó evaluada, en el banquillo de los acusados por el libre ejercicio de su tarea.

Por raro que parezca, esa máxima goebbelsiana tiene su correlato en democracia: "Miente, miente, que tienes derecho a ello, pero deberás saber que serás responsable ante la Justicia por ello". Nada más.
Expresado burdamente, sería: ¿Cuál es el problema si un medio privado quiere beneficiar no solo "unos pocos intereses personales" sino los de su propio dueño...? Eso es la democracia. Muy distinta es la responsablidad de los medios públicos, por cierto.
¿Cuál es el problema de mentir todo lo que uno quiera, como medio privado? La constitución protege la más irrestricta libertad de prensa en su artículo 32, señalando que no habrá censura previa sino responsabilidades ulteriores. Y a ello debe agregarsele la doctrina yanqui sobre la "real malicia" (en el ejercicio del periodismo), que sigue nuestra Corte Suprema en el caso Morales Sola (1997), entre otros.
El "miente, miente, que tienes derecho" es, en parte, un juego de palabras. Pues el periodismo ni debe mentir, ni debe decir "la verdad". Solo debe sostener lo que afirma con las pruebas que haya encontrado. Y, ante un acontecimiento de relevancia societal, darle la palabra a tod@s los implicados para que se expresen. Y los acontecimientos preferenciales para el periodismo político son aquellos en los que están involucrados las personas -y los fondos- públicas y la "cosa pública".
Sin embargo, como en los odiados noventa -la noche del 14 de mayo de 1995, el reelecto presidente Carlo Menem brindó junto a Berny Neustadt y dedicó su triunfo a la prensa- el periodismo vuelve a ser el culpable de los males que aquejan al país. Una coincidencia más entre menemismo y kirchnerismo, y van...
Que no nos cambien la bocha: la lupa hay que ponerla en el poder, en los que manejan nuestros dineros; en el IVA, sobre todo; pues todavía esperamos la reforma financiera y la impositiva. ¿Vendrán con el 50.24%, también...? A quien hay que controlar, primerísimamente, es al funcionario público, no en el periodismo. Cuidado.

24/11/10

Periodismo “tramposo”: Revista Barcelona, o el arte de surfearla con humor

Transcribo los post que hicieron hace un tiempo en el muro de un amigo (liberal, él y sus comentaristas) luego de que éste publicara la última tapa de Barcelona de setiembre pasado, referida al caso Fibertel y a la muerte de varios tobas por desnutrición (*).

En primer término, quisiera dejar en claro que Barcelona me parece un gran producto periodístico, a la altura de la extinta revista HumoR. Ambos constituyen, para mí, altos ejemplos de "periodismo tramposo", según la conceptualización que hice en este post.

Sobre lo que sigue, no acoto nada, sólo comparto lo que leí. Vo vé.

PD: la casa no se hace cargo de las faltas ortográficas.

Amigo: Me da verguenza y bronca lo ultraoficialista que se volvío Barcelona!!!!!

Fulano: Igualmente siempre fué una revista progrezurda. A veces escribían cosas contra Kirchner porque algo tenían que poner, pero que siempre fué izquierdista no te quepa la menor duda.

Mengano: Le estan pegando a los 2 lados. Si bien es zurda, ahi les estan pegando tambien a los K. O acaso es pura casualidad los tobas desnutridos? Es bien de punto de vista zurdo darle prioridad siempre a la gente, pero en este caso, y en otros, coincido con lo q plantea Barcelona: El gobierno se ocupa mucho mas de una empresa de internet, q de los desnutridos q existen en el pais.
Hasta para los zurdos los K no tienen sentido... solo para quienes tienen negocios con ellos.

Amigo: Mengano, te faltan dos datos.....la gente de la Barcelona tiene un programa en Radio Nacional y uno de sus "creativos" a menudo sale en 6,7,8.... Léase, están cooptadísimos!

Mengano: Lo se... pero sigue siendo una critica para ellos. Mira la pagina de Barcelona. A la derecha, hay un cartel q dice: "Sabia usted... que con lo que el Estado Nacional gasta mensualmente en producir Radio Barcelona se podría cubrir el presupuesto de gasas que utiliza en un día un hospital publico? La manera mas ridícula de despilfarrar los fondos públicos". Si bien es cierto q ellos tienen una radio... es no solo gracioso, sino ademas interesante este planteo. El punto en si es que ellos mismos son conscientes de la mala administración de los fondos públicos. No por esto deja de ser gracioso, y seguramente este presupuesto es bajísimo. Pero la comparación es por demás llamativa. Cuantos podrían comer con esto por día? No es mucho... pero es algo.

(*) Cuestión acuciante si las hay, la de los tobas. Actualizada ayer nomás tras el violento desalojo de la ruta nacional 86, en la localidad formoseña de Colonia La Primavera, ubicada a 170 kilómetros al norte de la capital provincial, por el que murió un miembro de la comunidad Qom (toba) y un policía.

22/11/10

Internet, los nuevos medios y la "McDonalización del periodismo"

Vivimos en la era de Internet. Nada más cierto. Pero a esta escueta afirmación se le agregan a continuación una inmensidad de definiciones apologéticas que no siempre se condicen con la realidad. O, por lo menos, no automáticamente. ¿Circula la información en la Red con total libertad? ¿Tienen la misma presencia allí los países desarrollados y los que no lo son; Norte y Sur? ¿O los poderosos y los débiles? ¿Rompe Internet con el esquema de desigualdad comunicativa mundial (Primer/Tercer Mundo) que denunciaba el Informe McBride, muy famoso en los ochenta? ¿Hay, además, mayor interacción entre periodistas y ciudadanos? ¿Conserva alguna fuerza eso que estuvo de moda algunos años con la irrupción participativa del hombre de a pie en los medios, eso que se dio en llamar el “nuevo periodismo ciudadano”?

Más allá del innegable hecho potencial de permitir que millones de receptores se conviertan en emisores, algunos ejemplos muestran la complejidad que plantea este nuevo escenario de multiplicación de las voces en el ciberespacio.

Aún dejando de lado las limitaciones básicas como el acceso, que ya plantea un gran problema de desigualdad, la gran pregunta es: ¿qué sucede con los nuevos medios y los contenidos informativos? Hace tan solo unos años que estalló el fenómeno de la “blogósfera”. Cualquiera puede tener un blog. Pero esto no es un sinónimo inmediato de diversificación de voces en un debate. De hecho, como señala Cass Sunstein en su libro República.com, uno de los “defectos” que con mayor frecuencia le atribuyen a los blogs los propios bloggers es el de ser “endogámicos” y autorreferenciales. Por ello Sunstein habla de la imposibilidad de generar consensos desde allí.

Con todo, el español Juan Varela escribió hace tiempo ya que “(l)os blogueros se han erigido en vigilantes del periodismo y los medios”. Los contenidos publicados en un blog pueden llegar a alcanzar alguna importancia mediática, dice. Varela se entusiasma hablando del “Periodismo 3.0”, un “periodismo participativo o ciudadano”, definido por la socialización digital de la información periodística. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de las veces este tipo de información sólo se vuelve relevante para la opinión pública mundial y para sus líderes políticos cuando ganan la atención de los massmedia.

En un estudio titulado muy gancheramente “McDonalización del Periodismo y dependencia de las fuentes en los medios digitales”, los investigadores Guillermo López, Manuel de la Fuente y Francisco Álvarez hacen un seguimiento de tres noticias a través de Internet. Y observaron que, en efecto, las tecnologías digitales multiplican el número de publicaciones. Pero, en cambio, y en línea con Sunstein, los temas no consiguen diversificarse. Para los autores, además, los nuevos medios tienden “a acomodarse en una mera asunción, e incluso reproducción, de las informaciones emanadas desde las agencias y fuentes institucionales”. No sé si comparto una visión tan negativa, pero resulta interesante pensarlo.

Los investigadores hablan de una “McDonalización del periodismo”, pues observan que las pautas de funcionamiento de esta empresa de hamburguesas (eficacia, cantidad y velocidad como sinónimos de calidad, ofrecimiento de productos previsibles, y control) “se corresponden casi exactamente con unos criterios de generación de informaciones en los que prima la velocidad de transmisión de datos sobre su valor cualitativo, donde se confunde la buena información con su abundancia, y donde la estandarización del producto (del producto informativo, en este caso) depende cada vez en mayor medida de la fuente de las informaciones, es decir, de las agencias”.

Tampoco los distintos países aparecen en Internet en igualdad de condiciones. Ethan Zuckerman, de la Universidad de Harvard, ha observado hace tiempo, mediante programas de rastreo informático, que tanto las cabeceras ya conocidas como los nuevos medios prestan aún mayor atención a los países de mayor PBI y, concretamente, omiten toda referencia a los estados africanos.

Africaonline, para citar un ejemplo, el portal que hace unos años ofrecía noticias locales y vínculos de enorme interés con medios de comunicación africanos, ya ha desaparecido como tal. Las cifras del servicio Newsmap, que refleja cada día en un mapa las zonas del planeta según las noticias publicadas en Google, son también contundentes: los países protagonistas de la actualidad continúan siendo los mismos que fuera de la Red.

De modo que festejar la aparición de un “nuevo periodismo participativo” suena un poco naif. Así como concluir categóricamente que Internet democratizó las comunicaciones y las relaciones tanto entre países como entre personas, sería tan imprudente como decir que no lo hace, pues hay tantas pruebas a favor como en contra de ello.

En estos tiempos de vértigo informativo, y de “periodismo pragmático”, creo que se trata de ir aprendiendo a separar la paja del trigo. Pues ciertamente conviven, en el escenario digital, una multitud de formas comunicativas ajenas a los flujos de producción de las grandes empresas periodísticas tradicionales.

La pregunta entonces es, como concluyen López, De la Fuente y Álvarez, “en qué medida estos nuevos medios, enormemente dispersos y por lo general poco visibles para el gran público, pueden constituirse en alternativa viable de los medios de comunicación ‘tradicionales’”. O cómo aprovechar la oportunidad para generar voces alternativas y escapar, en palabras de Chomsky, de la “manufactura del consenso democrático” de los grandes medios.

Se trata, por tanto, de no descuidar los horizontes que se abren de la mano de Internet y de la sociedad del conocimiento, sin por ello caer en las lecturas ingenuas o apologéticas propias de todo nuevo contexto tecnológico.

21/11/10

¿Cerdos o tramposos? El periodismo pragmático y la democracia

"Los profesionales son como las prostitutas, escriben mentiras en defensa de los intereses de los que les pagan. Los militantes, en cambio, escribimos la verdad al servicio del pueblo. Soy primero militante; después, periodista".
Martín García, flamante presidente de
Télam, en La Nación de hoy.

En este blog ya hemos hablado de Clarín y de La Nación (ver post). Hemos hablado de Tiempo Argentino, y de Página/12 ó 678 (ver post). Hemos hablado, en fin, del periodismo -devenido en- opositor y del oficialista. Ambas representan dos formas de la actual decadencia de gran parte de nuestro periodismo. En este nuevo post quisiera darle nombre:
“el periodismo pragmático”.

¿Para qué informar?

La anécdota, muy comentada en el ambiente periodístico, cuenta que un medio busca contratar a un periodista. Luego de las preguntas de rutina, se les hace a los aspirantes una prueba que consiste, obviamente, en realizar una nota. El experimentado periodista que toma la prueba tira, impasible, la consigna:
-Escriba una nota sobre Dios.
En la puerta del diario se ve cómo, uno a uno, los aspirantes se van cabizbajos, rumiando su fracaso. Hasta que, por fin, un osado muchacho se atreve a contestar a la consigna con una pregunta:
-¿A favor o en contra?
-Empieza a trabajar mañana –responde, también impasible, el periodista evaluador.
Esta anécdota es citada con frecuencia a modo de ejemplo de buen periodismo. Muestra al trabajador como un profesional, versátil, capaz de amoldarse a cualquier situación “laboral” (para usar un eufemismo). “Se pone la camiseta del medio”, dejando así de lado cualquier apriorismo ideológico, “tan perjudiciales para este oficio, pues debemos tratar de ser objetivos”, se dice.
Desde principios del siglo XX, con la caída del Muro de Kant, ha venido creciendo una nueva forma de encarar las relaciones inter(e intra)personales -que algún pícaro francés contemporáneo ha denominado “ética inteligente”- basada en la indolencia. Este pensamiento netamente individualista -una verdadera filosofía del desapego- ha embarazado la ya ultra individual filosofía liberal, que en su neo forma se descubre como inteligente (pragmática), profesional (pragmática), técnica (desideologizada -pragmática-), objetiva (desideologizada -pragmática-), masiva (por su objetividad) y, claro, comprometida (palabra que desapareció bajo el ambiguo término “inteligente”), pues se dirige a la sociedad. El proceso informativo no es ajeno a esta matriz conceptual.
La moral kantiana ha perimido. Y su obsolescencia ha librado a los actores sociales de actuar sobre sus rígidos parámetros morales. Pero lo que ha sucedido es que al pretender descalificarlos, o relativizarlos, directamente se los ha anulado. Y su éxito se debe sin duda a la importante cuota de verdad que encerraba la crítica al imperativo categórico, envuelto de “olor a sadomasoquismo y tortura”, según Nietzsche.
El pragmatismo filosófico se ha extendido hacia todos los aspectos sociales y, en general, ha sido traducido como aggiornamiento de posiciones rígidas, estructuradas, en todos los campos. El pragmatismo económico fue concebido desde un antagonismo, desde una negación: la negación de la planificación y la participación estatal, lo que llega al paroxismo, por estos lares, del olvido sin más de la población. Con el pragmatismo político, igualmente, afloran los asesores de campaña y las encuestas. Los Dick Morris, los Dudas Mendoncas, los Durán Barbas o los Bragas Menéndez. La religión es, más que nunca, adular los oídos de las masas para llegar al poder.
Esta nueva concepción, por lo demás, tuvo un importante elemento adicional, que le sirvió como impulsor: nació y creció en Estados Unidos de Norteamérica, tierra de la libertad, de la libre empresa, de una democracia capitalista en vías de rápida consolidación, a principios del siglo XX, y actualmente hegemónica, aún en su decadencia.
El liberalismo encontró en el pragmatismo a su aliado natural, despojado de cualquier pernicioso intelectualismo (donde se incluyen la ética, la moral y todo concepto que comporte un compromiso social ajeno al lucro y al crecimiento económico).
El relativismo impuesto por el pragmatismo filosófico (Dewey a principios del siglo XX; Rorty, hoy) en todos los órdenes de la vida exime a los seres humanos de una palabra cara al pensamiento existencialista: la acción. Este término es extirpado de cuajo de la voluntad posmoderna que, sin embargo, no ha escapado a su redefinición: hoy la acción se mide en términos de ética inteligente, es decir: la otrora acción, obviamente teleológica, se convierte hoy en omisión, también teleológica (en el fisiócrata “dejar hacer” con el que el liberalismo se marcó a fuego). Signo de los tiempos. Omisión, también, del sujeto... A lo sumo, la “acción” pregonada por los posmodernos es la de la (est)ética del yo propio. La vida como arte y la (est)ética del placer.
Pero, por otra parte, lo que permanece de su anterior sentido, en esta nueva hermenéutica de la acción, se inscribe en un marco reducido, el del ámbito laboral. La ética inteligente se aplica en-desde-para la empresa. Desde allí el individuo cumple con su nuevo imperativo moral, que de nuevo tiene muy poco: servir a la empresa.

¿Qué tiene que ver todo esto con el periodismo?
Los medios de difusión de “noticias” no han escapado a estos nuevos aires de ética inteligente y vértigo (muchas veces el vértigo produce respuestas agudas pero no vastas y profundas). El caso de la CNN “internacional” -en general, pero muy en especial luego del 11/S- puede ser tomado como ejemplo en cuando al prolijo alineamiento del interés periodístico “profesional, objetivo” con los grandes intereses de su país de origen.
Si cambiamos el foco hacia los medios locales y nos detenemos a observar notaremos que no difieren demasiado, más allá del coyuntural e irracional conflicto del gobierno con “el monopolio”.
Analizarlos es crucial para el desarrollo de una sociedad, dada su importancia en la promoción de valores culturales y pautas de conducta. Qué se observa: en primer lugar, continuas fusiones y absorciones: la voz periodística en pocas manos. En este punto tiene razón el gobierno kirchnerista. Olvida acotar, claro, todo lo que él mismo contribuyó a eso. Y agregar, claro, los nuevos medios paraoficiales, que se reproducen como hongos.
(Clickear sobre la imagen para verla más grande)
Al manejar grandes montos, las empresas comunicacionales se convierten en importantes grupos de presión frente al poder político esgrimiendo, ahora, no ya el interés de la opinión pública sino, más bien, el suyo propio. Este grupo económico con intereses creados es el que luego informa e “instala la agenda” en la sociedad. Agendas periodísticas crecientemente despolitizadas (y falazmente “pragmáticas”), planteadas en términos de necesidad, de costos y beneficios. El diario Clarín es el ejemplo paradigmático de ello. En otro post hemos hablado de la necesidad de destinellizar la política y desclarinizar el periodismo como la batalla cultural de fondo.
Y lo curioso es que los mismos periodistas del diario Clarín son conscientes de su situación. Ellos conocen y tienen la habilitad de descubrir o transformar las noticias de modo que tengan un formato Clarín. Es el periodismo pragmático. Por un lado, una clara noción de lo que el medio es y espera de ellos; y, por el otro, signos personales evidentes de que la agenda que ellos construyen no es lo importante. Pero, ¿qué es “lo importante”?...
Desde cualquier concepción ética este “pragmatismo” es enteramente reprochable. Más que una moral de la acción (Sartre, Arendt, etc., etc.), predomina en los medios y en sus trabajadores, en general, una moral de la pasividad y hasta de la resignación. Por supuesto que no hablo de los que no se cuestionan lo que hacen. Ni de los que abjuran del periodismo en pos de la militancia. Ni, tampoco, de los que tienen suficiente nombre como para firmar con (bastante) autonomía.
Alguien, alguna vez, me recordó la distinción ética que hacía Sartre entre “cerdos” y “tramposos”. La acción en tiempos difíciles. Sucintamente, mientras el primero cumple con la orden del jefe o superior, coincida con ella o no, el tramposo también lo hace, pero logrando incorporarle un contenido subliminal -o no tanto- que niegue, contradiga, relativice o ridiculice aquella orden. Una actitud subversiva. Ambos hombres son inexcusablemente libres y actúan con libertad, por cierto. Pero también su acto los define.
Por supuesto que eso sucede, qué duda cabe, en el periodismo. Pero hoy el periodismo aparece como una actividad más del ser humano, perdiendo así su condición de pilar esencial para el mantenimiento y crecimiento del sistema democrático. Pero, en este devaluado contexto axiológico, ¿qué significa la palabra democracia? ¿En cuánto se acerca nuestra democracia de cada día al ideal que se tiene de ella?
Digresión: siempre escucho hablar de "democracia" como consenso, como tendencia a la uniformidad. Ése es un lugar común erróneo: lo que hace fuerte a una democracia es la suma de la diferencia, la concurrencia de lo diverso. Esto está en la base de todo pensamiento republicano (Maquiavelo, Spinoza, Madison, Montesquieu). Cortémosla con la democracia mal entendida. La "democracia como uniformidad" tiene su raíz en cierto iluminismo (autoritario), que es común tanto al liberalismo como al socialismo originario.

¿Para qué informar?
En materia periodística, la pregunta es crucial. Tanto, que la respuesta que se dé a esta cuestión capital revelará la presencia de una determinada concepción del llamado “cuarto poder”. En el ideario del liberalismo clásico (más allá de su elitismo), el periodismo fue uno de los campos privilegiados para el debate racional de ideas y opiniones que hacen e interesan a la sociedad. Pero, junto con esta tarea fundamental para la vida democrática, la información, además de ser considerara como “bien social”, es entendida también como una mercancía. Ésta es la tensión esencial y constitutiva del periodismo, que hoy se vive con más crudeza que nunca.
“Estar informado”, “saber lo que pasa”, en cualquier ámbito, le amplía al ciudadano la gama de elecciones y acciones tanto individuales como colectivas: desde comprar este disco a votar a aquel candidato.
Según la famosa teoría de la agenda-setting, los mass-media no dicen qué hay que pensar sino sobre qué hay que pensar: los que ellos presentan son los asuntos decisivos. “Esto es lo que hay”, le dicen los medios a su audiencia cuando le presentan los hechos (re)construidos como noticia.
¿Qué es la democracia? ¿Para qué informar? ¿Cuál es el rol de los medios en democracia? El pragmatismo también responde, por supuesto, a estas preguntas. Acertadamente o no, con “mala fe” o no. Pero responde. Y, en su lógica, esto es lo que importa.

18/11/10

Camcording: una rara forma de piratear películas (*)

SOMBRAS NADA MÁS INVADEN LA PANTALLA

Hay una manera de vivir la misma experiencia del cine pero en casa: gente que comenta sobre la película, el que se levanta para ir al baño o el vecino cabezón del frente que lo tapa todo. Ello gracias a una nueva forma de piratería. Esta nota cuenta cómo se logran las primeras copias de los estrenos cinematográficos que circulan en el mercado ilegal de DVDs.

Los amantes del cine que el último 3 de mayo vieron el estreno mundial de Spider Man III en el complejo Hoyts de Temperley fueron testigos de un curioso hecho. Curioso, al menos, para los desprevenidos. Al apagarse las luces, dos jóvenes desplegaron un trípode sobre el que asentaron una video cámara y comenzaron a “filmar” la película. Los “camcorders” -es decir, quienes piratean un estreno desde la proyección en una sala de cine- no son muy frecuentes en la Argentina pero, como las brujas, que los hay, los hay. Y cada tanto aparecen. Sobre todo en los megaestrenos mundiales. Una riesgosa forma de piratería que difícilmente podría realizarse sin algún tipo de aval previo. Los Simpsons, Harry Potter, Los 4 fantásticos, o Duro de matar 4 son otras conocidas víctimas del “camcording”. Y la lista sigue. Incluso para películas argentinas, como Incorregibles, de julio de este año.
El operador del Hoyts de Temperley vio a los dos jóvenes y avisó al dueño. Poco después, tras constatar que habían filmado 30 minutos del estreno, la policía de la comisaría tercera de Lomas de Zamora los detuvo por infringir la Ley de Propiedad Intelectual (11.723), un delito que prevé hasta seis años de prisión.
Pero ¿por qué pagar para ver en un DVD un film mal grabado, en el que se ven las cabezas del público presente en la sala, se escucha mal o se percibe el temblor de la cámara en mano? La razón principal -combinada con una dosis de ansiedad- es económica: no siempre se tienen los cerca de 100 pesos necesarios para pagar una salida familiar al cine con refrigerio incluido. Es entonces cuando la opción de ver una película de tan mala calidad en un DVD se vuelve considerable.

Negocio salado
“En el gremio de las películas piratas todo sale de La Salada, todo se distribuye desde ahí”, informa Tony Panero, que es propietario de un DVD club en Ciudad Evita y conoce el paño.
Rodrigo, dueño de los tres puestos callejeros de venta de DVD que hay en la estación de trenes de Temperley, compra las películas en La Salada, el emporio de lo trucho, en Lomas de Zamora. “Yo trabajo con copias de buena calidad. Pero con los grandes estrenos vendo lo que consigo, porque la gente los quiere ver cuanto antes”, explica.

En ese lugar, se estrenan cuatro o cinco películas por semana. Y pueden llegar a pagar 2000 pesos por el “master” -la primera copia pirata- de un estreno filmado en el cine. Para duplicarlo, mandan a imprimir las láminas de los DVD con antelación. “Lo están esperando. Y no les importa comprarlo a 2000 pesos, si ya tienen vendidas veinte mil copias”, revela Jorge, encargado de un local de distribución de música y películas truchas, que está a una cuadra de la estación de Temperley.

Para que un film pirata salga al mercado bien grabado hay que esperar entre 15 y 20 días. “Entonces la copia filmada en el cine muere, pero en esos 20 días hizo la diferencia”, detalla Gustavo Álvarez, vocero de la Unión Argentina de Videoeditores (UAV) (ver recuadro).
“El que se dedica a eso no comercia películas, labura sólo con el master: Lo vende en La Salada, en la feria de Solano y en la de Villa Domínico. A 2000 pesos en cada lugar, se hace 6000. O más. ¡Por una sola peli!”, expresa Jorge con envidia. El camcording es un negocio redituable. Aunque es difícil conocer la identidad de un camcorder, según Jorge, debido a lo riesgoso de su faena.

Además, la UAV maneja otra hipótesis: “Esto se hace en complicidad con el operador de cine; si no, no existe manera de que alguien esté filmando 120 minutos”, conjetura Álvarez.

Esa misma suspicacia le genera a Jorge la camcopia de Incorregibles, la película protagonizada por Guillermo Francella y Dady Brieva. “Es obvio que ahí hubo arreglo. Por lo menos, con el operador del cine”, arriesga. “No se ven cabezas, es una película de humor y no se ríe nadie... Parece como si en la sala sólo estuviera el que filma”, especula el distribuidor.

Mientras describe toda la movida, entran al local un par de personas con bolsos de mano, saludando estruendosamente. "Qué hacés, loco, ¿te queda algo de Shakira?". Son los vendedores ambulantes de películas y discos en mp3 que vienen a abastecerse para retomar su trajín diario en el tren (el Roca).

Luego de despachar a sus clientes, Jorge desnuda también otra pata de los arreglos: la policía. Hace dos meses que él está en su actual puesto. “Todos saben que laburamos acá vendiendo copias. Si no vienen de la comisaría de Temperley, vienen de la tercera de Lomas. Te aprietan de todos lados”, confiesa.

Spider Man III
Pelo rapado y ojos claros, Nicolás F. (28) vive en Rafael Calzada -Almirante Brown- en la casa de su madre, junto con su esposa y su hijo de dos años. Baja muchas películas de Internet. Le encanta el animé -los dibujos animados japoneses-, que descarga del “Asian DVD Club”, un sitio web. Hace dos años que no trabaja. “Bah, tengo mi currito arreglando PC. En una época también acompañaba a un tipo que filmaba eventos”, recuerda.
“¿Vos pensás que sos el primero que agarramos haciendo esto? ¿Para quién trabajás? Decimeló y la hacemos corta”, cuenta Nicolás que le espetó el oficial de la comisaría tercera de Lomas de Zamora, luego de detenerlo por filmar Spider Man III.
Pero ya en la seccional, según Nicolás, el mismo agente, con más confianza, le aconsejó: “Vos te manejaste mal, gordo. Cuando querés grabar películas, venís y hablás conmigo y yo le digo a los miliquitos (SIC) que se hagan los ciegos”. El detenido escuchaba en silencio. “Decime, ¿no querés vender películas? Nosotros trabajamos con tres puestitos en la estación de Temperley”, tanteó el policía, relató Nicolás.
“Yo no vendo videos", se justificó entonces. "Solo fui a grabar la película para verla el fin de semana con mis amigos, porque uno de ellos no puede leer los subtitulados desde que murió el papá. Por eso estaba grabando la versión doblada al castellano”. Pero, al parecer, esa no era la respuesta esperada. Y “por eso la causa”, dice hoy Nicolás desde su casa.
“Aquí se hacen los procedimientos que se tienen que hacer, y dentro de la ley”, declaran desde la tercera de Lomas.
Nicolás F. es, hasta hoy, el único procesado en el país por haber intentado filmar una película en el cine. Y precisamente en el distrito donde está La Salada, Lomas de Zamora, en el que las copias truchas -de lo que sea- están a la vuelta de la esquina.

RECUADRO
Piratas bien organizados
La piratería de películas mueve en Argentina alrededor de 350 millones de pesos al año, según la Unión Argentina de Videoeditores (UAV). Sin embargo, no hay estadísticas sobre la modalidad del camcording. “Es difícil saber cuánto dinero mueven, porque son organizaciones que están muy bien diseñadas”, comenta el vocero de la UAV, Gustavo Álvarez. Esta entidad representa en el país a la Motion Picture Association (MPA), unión de los seis mayores estudios cinematográficos de Estados Unidos, que desde 2005 impulsa un programa mundial de lucha contra las copias ilegales de films. Ese mismo año, por ejemplo, Canadá tipificó el camcording como delito. Según la MPA, alrededor del 40 por ciento de la piratería de films que se vende en todo el mundo proviene del camcording.

(*) Nota escrita a fines del año 2007.

17/11/10

La llamada, precariedad laboral en los call centers

En 2007 había elegido la problemática de la precariedad laboral en los call centers como tema de investigación para mi tesis de maestría. Los protagonistas principales iban a ser las dos partes de la relación de empleo: empresas y trabajadores. Y por supuesto: los sindicatos y el Estado. Trabajo, rutinas, ganancia empresaria, asociacionses, falta de legislación, proyectos de ley en danza. Aunque también incluiría algo sobre el maltrato a los usuarios por parte de las empresas, encarnado obviamente en los operadores telefónicos.
Finalmente, me decidí por otra cuestión, en función del impacto, de la relevancia de las fuentes, de lo poco conocido del tema y demás.
No obstante, luego del acopio de material sobre los call, llegué a escribir algunos fragmentos. Incluso, como verán, hasta había diseñado la portada de la investigación.
Aquí comparto con ustedes el comienzo del capítulo II.


Capítulo II: La vincha o la vida


MANUELA EXPÓSITO HABÍA empezado mal ese día.
Diez minutos antes de las nueve de la mañana ya estaba encendiendo la PC de su box de trabajo cuando, de pronto, vio la cabeza de Ernesto, su supervisor, aparecer detrás de ella:
-No, no, Manu, pará, te vamos a cambiar. Ya no vas a trabajar en este team.
Justo cuando empezaba a conocer a sus compañeros, después de tres meses de compartir rutina, angustias y sobresaltos con las mismas caras, la movían. Pero, pese a sus 21 años de edad y a su cara todavía adolescente, hace tiempo que lo que sucedía en LECRYSON, el centro de llamadas donde pasa seis horas de sus días, de domingo a viernes, ya no la sorprendía.
Se sacó la “vincha”, entre resignada y apurada para llegar a su nuevo box, prender la PC y “loguearse” -que en la jerga de los call centers significa abrir los cuatro programas de trabajo- para empezar a atender las consultas o reclamos de los clientes de Personal a las nueve en punto, y así evitar las “reconvenciones” de los supervisores. La “vincha” es el auricular con el micrófono que todos los operadores se cuelgan de un oído para escuchar y responder las llamadas.
Lo único que Manuela esperaba mientras recorría con su supervisor la sala repleta de boxes de tres paneles de un metro cuadrado que sólo dejaban ver las espaldas de sus compañeros de trabajo, a quienes mayormente no conocía, fue: “ojalá que me toque una vincha reversible”...
Las tres veces anteriores que la habían movido de box, en los siete meses que llevaba trabajando en LECRYSON, había tenido la “mala suerte” de encontrar siempre vinchas para el oído izquierdo. La última vez pidió que se la cambiaran por una reversible porque a veces no escuchaba bien a los clientes. Y, aunque había recibido un “sí, Manu, no te preocupes, este mes está viniendo una partida de vinchas más nuevas”, supo que no tenía que insistir.
Los enchufes de la PC y los plug de los auriculares están siempre en el lado izquierdo del box. Y los cables no son tan largos como para cambiarlos al oído derecho.
Hace unas semanas, preocupada por su salud, Manuela fue al otorrino para hacerse una audiometría. “Hipoacusia de conducción en el oído izquierdo”, según el audiograma. “Esta línea representa a la vía aérea, que se separa de la vía ósea, ¿ves?”, recordaba que le había intentado explicar el médico: “La vía ósea está en los valores normales, pero la aérea cayó por debajo de los 24 decibelios, que es tu nivel de hipoacucia”. No había vuelta que darle: estaba perdiendo audición en su oído izquierdo.
Manuela vive sola en Vicente López y, salvo el sábado -su día de franco-, el resto de la semana viaja hasta Maipú 942, en el microcentro, para ganarse los 600 pesos del básico -por una cosa o por otra, nunca puede llegar a los premios- para pagarse sus estudios de Sociología.
Sus compañeros de la mañana, salvo alguno que otro, también son jóvenes universitarios como ella. Y, como ella, también tienen problemas con sus vinchas; y con la constante rotación de puestos y horarios (el  mobbing); y con los sueldos, que nunca pasan del básico; y con los clientes que llaman para putearlos; y con los supervisores que escuchan todo el tiempo las llamadas para medir la “calidad” de atención a usuarios de telefonía celular enardecidos por el servicio indolente de las propias empresas; y...
Sin embargo, nunca se juntaron a la salida a compartir lo que les pasa. Tampoco pueden levantarse de sus sillas para hablar con otro. En ningún momento. Ni desde la PC  del box, porque los supervisores también “supervisan” si abren el messenger, o los mensajes que salen y entran de sus casillas de correo.
El box que le tocó esta vez a Manuela estaba pegado a la elevada tarima donde trabajan los seis supervisores, quienes, desde lo alto, pueden ver a los 300 boxes de los 300 operadores que reciben llamadas una tras otra, sin cesar. Una tras otra. Una tras otra. Una tras otra... Casi 100 llamadas por día recibe Manuela.
Ese día la esperaban dos horas, como mínimo, de llamadas y llamadas, hasta que le dieran los 15 minutos de break. Aunque, en realidad, antes de que se cumplan los 15 minutos ya está volviendo para loguearse nuevamente y no pasarse de tiempo, porque si no viene, otra vez, la “reconvención” del supervisor. Por eso Manuela odia estar indispuesta los días de trabajo, pues sólo la dejan ir al baño en los 15 minutos del break.
“Tres minutos”, expelió el cerebro de Manuela, como autómata, al llegar al nuevo box. Tres minutos es el tiempo máximo de atención a un cliente, según le enseñaron en las dos semanas que tuvo de capacitación. Pasado ese lapso, viene la “reconvención” de supervisor de turno: “Qué pasó, Manu? Vos eras una chica agil, despierta... ¿Te pasa algo? Decime si te puedo ayudar... Dale, Manu, fuerza, vos podés... Igual ahora voy a tener que pasar el informe. Ponéte las pilas, dale”.
Manuela se apuró a loguearse en su nuevo box porque ya eran las 8:53. No vaya a ser cosa que todavía se pasara de las nueve en punto...
Sólo se acordó de la vincha cuando se la calzó mecánicamente en el oído. En el izquierdo. Entonces se la sacó y la miró: no era reversible.

Ese día, ya en la segunda llamada -es decir a los cinco mintuos de haber comenzado su jornada laboral-, Manuela empezó a sentir un dolorcito en la garganta (...)