9/4/14
Relato puro: la cadena nacional del humor que hace llorar
Hubo una situación extremadamente "grave" que ameritaba la cadena, pero no fue mencionada por la Presidenta. En efecto, el lunes, un temporal deja más de 1300 evacuados en todo el país, sobre todo en Neuquén. Sin embargo, el martes, la Presidenta hizo una cadena nacional desde Tecnópolis, no por los hermanos afectados sino presentando a un rapero y a un humorista que nos ofrecieron -por cadena, repito- su rutina.
El narcotráfico, la inseguridad, los linchamientos, la evaporación del salario en la mano de los trabajadores no son, evidentemente, situaciones "graves" que deban ser tratadas por cadena. Sobre ello, Cristina deslizó un tajante "Siempre tendremos problemas" que rememora el "Pobres habrá siempre" que con su habitual cinismo nos regaló Carlos Menem en los noventa.
Así, sin nada importante que decirle a todos los argentinos, Cristina interrumpió la programación de la cadena del desánimo para dar ánimo a sus seguidores con un rapero y un humorista. Y hasta ocurrió un intercambio grotesco y bizarro, más propio de Diego Capusotto que de quienes tienen las riendas del poder. El humorista filo K Guillermo Selci hizo un chiste sobre La Cámpora:
"Tengo un amigo de La Cámpora, que antes le decíamos el Negro Ciruela, y ahora le decimos Blackberry", y como un resorte, los militantes camporitas empezaron a gritar, al estilo Capusotto:
"Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar".
Todo por cadena nacional, insisto. La voz de la Presidenta de la Nación, en ese intercambio (fue cuando dio comienzo formalmente la cadena), estuvo ausente; representaba, cabalmente, lo que viene demostrando desde el gobierno en los últimos años: no está, se fue. Desertó. Arreglensé ustedes. Y sí: ésta fue la cadena nacional de la deserción.
Humor, poder, Pueblo Uno
Puedo aceptar que un humorista se ría ácidamente de nosotros. Puedo aceptar que un humorista se ría de nuestras desgracias y hasta de nuestras tragedias y nuestros muertos. De Once, de los inundados de La Plata. El humor es una de las formas más duras y elocuentes de criticar al poder. Lo que no estoy dispuesto a tolerar es el humor complaciente de los humoristas del poder, que es en síntesis una de las formas que adopta el poder de reírse de su pueblo, alterando el sentido de la crítica. Los judíos riéndose de Auswitch constituyen una forma de conjurar y sobrellevar el horror. Si lo hiciera Hitler sería una afrenta imperdonable. Recuérdese, en estos pagos, el mal chiste de Daniel Paz de fin del año pasado sobre los cortes de luz.
Esta cadena nacional del humor de ayer consagra, finalmente, esa alteración del patrón de la crítica. No es función del Poder Ejecutivo hacernos reir, ni siquiera criticar. Su tarea es gobernar, e informar a la población sobre los actos de gobierno, transparentar los gastos públicos para que la opinión pública debata sobre ellos con datos. Ninguna de estas tres cosas hace el gobierno de Cristina, que no termina de aceptar que simplemente es nuestra representante, un mero servidor público que mañana dejará el lugar a otro..
"En el fondo todos somos uno", dijo en la cadena nacional del humor. Éste es el nudo gordiano de la manipuladora falacia populista y de todos los regímenes autoritarios, en fin. Pues ése "pueblo uno" (descrito críticamente por Ranciere o adulatoriamente por Laclau) es encarnado ni más ni menos que por el líder. Por Ella. Y no. Lo lamento pero yo no soy usted, señora Presidenta. Ni quiero serlo.
Declamación personal al margen, la de ayer ya se se ha ganado el título de la más insólita cadena nacional de la historia de la comunicación política argentina, en la que la Primera Voz, la que anuncia los actos de gobierno, no habló, y cedió el micrófono a un humorista.
Asistimos, como diría Máximo K, a un simulacro de gobierno. Hace tiempo.
Relato puro.
29/12/13
El Preámbulo en imágenes de la "década ganada"
23/8/13
El "diálogo político", nueva trampa K
En un viejo post definí la doble ética de la trampa (negativa y positiva en contextos adversos), a la que el kirchnerismo apela para realizar, generalmente, una "política tramposa".
El "diálogo político" no "con los suplentes que van en las listas" sino con los "titulares" que plantea la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, es un nuevo ejemplo de esa política tramposa.
Lo que el kirchnerismo debería hacer es mandar proyectos de ley al Congreso. Esto es: GOBERNAR.
"Vamos a hablar, a dialogar, a ponernos de acuerdo. Proyectamos varias reuniones más; la idea es formalizar este mecanismo". Todo muy lindo, pero... Y el Congreso ¿para qué está? El "mecanismo" de diálogo existe, y se lo ningunea. "Sres Diputados y Senadores: se me cruzan de brazos hasta que CFK y 'los titulares' decidan qué políticas seguir. Y CHITO LA BOCA, EH".
En términos del eslogan de campaña K, esta reedición del "diálogo político" es: "Elegir seguir con la sarasa".
En fin, reunirse con un sector de empresarios y sindicalistas afines a decidir medidas económicas NO es dialogar sino todo lo contrario: es despreciar a los representantes del pueblo que fueron votados por éste -el soberano, en definitiva- y laburan en el Congreso; y si proponen una norma inconstitucional la que labura es la Justicia. Es, en síntesis, despreciar el sistema republicano de gobierno.
CFK no discute con los "suplentes" sino de igual al igual con los "titulares" del poder porque ella cree "encarnar la voluntad popular". No es así. La trampa kirchnerista estriba en la siguiente falacia: "el Presidente encarna la voluntad popular absoluta". No es así exactamente: el Ejecutivo representa la voluntad de (auto)gobierno. La voluntad popular general se expresa cabalmente en el arreglo de valores por excelencia que un pueblo libre puede darse a sí mismo. Esto es: la Constitución Nacional. Pequeña sutileza. Por eso es fundamental el Poder Judicial: para preservar a la voluntad general... de la voluntad popular coyunturalmente expresada en el voto. Por eso CFK quiso destruirlo; y el garante de los derechos del pueblo que es la Justicia les dijo "NO".
Por cierto, la prensa -hegemónica u oficialista; en estas cuestiones estructurales del poder no difieren- trata el tema de este "diálogo político" antidemocrático y corporativo como algo natural, cuando a todas luces no lo es.
Este nuevo-viejo engendro tramposo del "diálogo político" (cuyo autor es Néstor Kirchner, versión 2009) es, en fin, una maniobra distractiva para elegir seguir haciendo NADA.
Esta forma del kirchnerismo de "jugar a la política" pero hacer piloto automático es, por último, otra muestra del noventismo neoliberal que sigue en el (des)gobierno de este país, pese a que el relato diga que "el Estado volvió".
Este tramposo piloto político automático funciona así: el gran golpe de magia del kirchnerismo es hacer creer que quieren gobernar para los humildes y que la Justicia -"antipopular"- "los frena". En efecto, se ha convertido en un arte del kirchnerismo el proponer medidas anticonstitucionales que -ellos saben de antemano- quedarán en nada, precisamente por atentar contra la Carta Magna que supimos conseguir. Así parece que "gobiernan".
TRAMPA.
Curioso: al contrario de la sobreactuación kirchnerista, en las tan mentadas Australia y Canadá no necesitan "mostrar que gobiernan" para que el pueblo vea que, en efecto, hay un gobierno que gobierna.
Este "diálogo político" es, entonces, la reedición de una de las peores trampas k.
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería proponer es diversificar la sojizada economía argentina, desarrollar las fuerzas productivas para que den trabajo genuino, industrializando el país, acompañado de una reforma tributaria que recaiga verdaderamente sobre los que más tienen para lograr la muy peronista "justicia social", milenariamente conocida como justicia redistributiva. Nada de esto trajo la "década ganada".
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería hacer es mandar proyectos de ley serios al Congreso y dejar de despreciar la voluntad popular que dice representar o encarnar.
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería hacer es -en buen romance- GOBERNAR. A 18 meses de #ONCE, la demanda duele y es más urgente que nunca.
22/8/13
18 meses de #Once: elegir seguir politizando la desidia estatal
Hoy se cumple un año y medio de la manifestación más palmaria de la desidia estatal que ha significado para todos los argentinos -los que vivimos en Argentina, y no en Australia o Canadá- la "década ganada" kirchnerista. En efecto, el 22 de febrero de 2012 ocurría la "tragedia de Once", que dejaría como saldo 51 laburantes muertos y 704 heridos de distinta gravedad.
Cuatro días después de aquello, el 26 de febrero de 2012, escribí aquí lo siguiente:
"Once es la muerte -por implosión- del Relato K.
Once, el Cromagnón de los K, tiene muchos sinónimos que ya conocemos; una cadena de significantes que también nos viene de la década del noventa, pero que el Relato Oficial ha sabido inteligentemente conjurar, alejándose de ella en el discurso, pero sosteniéndola férreamente en la práctica (política). Once es capitalismo de amigos, neoliberalismo, Estado vaciado, Estado bobo, Estado incapaz, Once es corrupción pública, y privada, Once es cortoplacismo populista. Once es subsidios al capitalista para sostenterle la ganancia sin invertir absolutamente un peso en infraestructura (total, el Estado no controla, ni sanciona), mientras repartimos un poco para que parezca que somos 'nacional y populares', 'redistributivos', pero en realidad sostenemos el mismo porcentaje de pobreza e indigencia que en los noventa. Once es la continuación de la reforma del Estado de los noventa, pero parcheada. Once es los noventa con otro relato".
Titulé a ese post "Constitución versus Once". Lo pueden leer aquí:
Que Once fue la muerte por implosión del "relato" k tuvo su confirmación electoral el 11 de agosto de este año en las PASO, y así lo informó hace unos días el diario El Cronista Comercial: "El Gobierno perdió las PASO en cada una de las 16 estaciones que atraviesa el tren Sarmiento", de Moreno a Once, tituló el matutino.Había que "politizar las muertes de Once", y así lo entendió la sociedad, castigando con su voto el desgobierno, la mentira y la falta de respeto a los laburantes y a los familiares de las víctimas.
El 27 de octubre se consagrará aquel castigo, y empezará a haber un poco de justicia.
La otra justicia, la que esperamos todos -la que la Presidenta de la Nación dijo que actuaría pronto y luego de 18 meses todavía estamos esperando-, llegará cuando se condene a todos los culpables de esta horrenda masacre planificada por acción y sobre todo por omisión del Estado nacional en connivencia con empresarios privados amigos del poder.
Justicia por Once.
1/12/12
Néstor y Mauri, héroes argentinos contemporáneos
Odiosa y a la vez esclarecedora comparación, la del EterNéstor con Mauricio "Che Guevara" Macri.
Porque, tal vez sin quererlo, la humorada (?) del PRO demuestra que, en la era de la política "relatada" que potenció el kirchnerismo desde que llegó al poder, la "Verdad" es -o pretende ser, mejor dicho-, simplemente, aquello que se enuncia.
27/4/12
Calafate: "Aquí también la Nación crece"
22/4/12
51 historias que terminaron en la estación de Once





22/3/12
Politizar las muertes de Once
Hoy se cumple un mes de la masacre de Once, el Cromagnón de los K, que se llevó las vidas de 51 "argentinos y argentinas", como le gusta decir a nuestra excelentísima señora presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.Y sí: hay que politizar las muertes. Por eso hoy jueves 22 de marzo entre las 8:30 y las 8:32 de la mañana los familiares de las víctimas convocan a un "bocinazo nacional", donde sea que cada uno esté. Además, a las 20:00 habrá un acto en Once en el que los familiares leerán un documento. “Esperamos que nos acompañen los ciudadanos bajo la única bandera de pedido de justicia, sin las de los partidos políticos ni sindicatos ni organizaciones sociales”, dijo ayer por radio Paolo Menghini, papá de Lucas Menghini Rey, la tristemente famosa "víctima 51".
Pero si bien es atendible el pedido de no partidizar, sí hay que politizar las muertes. Inexorablemente. El pedido de "Justicia" es, en efecto, un pedido político. "Ni olvido ni perdón". "Juicio y castigo": viejas banderas, actualizadas en Once.
Por mi parte, desde este espacio propio que es mi blog, también quiero recordar los nombres de l@s 51 laburantes que se llevó puesto el "modelo nacional y popular de crecimiento con matriz diversificada e inclusión social", como se jacta la Presidenta de denominar -falsamente- a su "proyecto" de país.
De hecho, esa fue la vergonzosa e insultante explicación de lo ocurrido en Once que dio Cristina en el acto por el Bicentenario de la creación de la bandera nacional, el 27 de febrero pasado, en Rosario, a tan sólo cinco días del horror al señalar: "yo quiero recordarles a los que viajaban en los trenes en el 2003, a los que viajaban, porque la mayoría no viajaba porque no tenía adónde ir. Uno viaja cuando tiene que ir a trabajar; uno viaja cuando tiene que ir a estudiar; uno viaja cuando tiene que ir a comprar algo o a hacer un trámite. Cuando no hay trabajo, cuando no hay producción, cuando no hay estudio, no hay camión, no hay auto, no hay tren ni hay micro que te lleve a ninguna parte porque no hay lugar adónde ir". Politizada explicación.
Por las 194 muertes de República Cromagnón hubo -entre otros- un empresario condenado a prisión y un ciudadano elegido por los porteños y a cargo del Ejecutivo de la Ciudad destituído en juicio político.
Hasta hoy, el Gobierno nacional no le pidió la renuncia a ningún funcionario público por la masacre del Sarmiento en Once. Sólo se fue el secretario de Transporte por "estrictas razones de salud", y elogiando su gestión. L@s 51 asesinados, bien gracias.
"No politicen las muertes", cacarean los K y aun Ella, que hasta ayer vivía extrayendo empatía emocional -y política- de su luto cada vez que le ponían un micrófono enfrente. La respuesta a los que señalan esta sandez debe ser rotunda: sí: hay que politizar las muertes. Porque Once es un hecho político. Porque las 51 muertes -y los 703 heridos- de Once son muertes políticas. Y, fundamentalmente, porque lo contrario de "politizar" lleva a empuñar un arma y resolver problemas, diferencias o inquinas, disparando a la cabeza, sin palabras. O a quedarse en el sillón de la casa masticando internamente la bronca, el odio o la angustia, igualmente sin palabras.
Política es sinónimo de palabra. De tener "voz", como enseñó Aristóteles hace casi 2500 años. Politizar es hablar, tener palabra y expresarla. Eso es lo que define a un "ciudadano". No son, como desde hace años nos quiere hacer creer el antipolítico "relato" gobernante, las víctimas directas las únicas que tienen la "legitimidad de la palabra". Tod@s somos ciudadan@s, por elemental que parezca recordarlo. Y callando o hablando, siempre hacemos política. Siempre somos seres políticos (el zoon politikón aristotélico). Pero es "hablando" (con palabras o con una acción; vgr: ocupar la calle, o tocar bocina) como el hombre habitante de un espacio se vuelve ciudadano de ese espacio.
Y parece que tampoco está de más reiterar que la política, la palabra, el intercambio de puntos de vista, es la forma más civilizada que se da a sí misma una sociedad para procesar la inevitable diversidad de intereses que pugnan en su seno. Es lo que Maquiavelo llamaba "discordia" entre la "plebe" y el senado (o, lisa y llanamente, entre "facciones", en palabras de James Madison) e identificaba como motor de grandeza de una república. A quien le interese la cuestión, puede ver esa extensa y bella obra del florentino que constituyen los Discursos sobre la primera década de Tito Livio.
En Argentina, mientras desde el discurso se festeja una y otra vez "la vuelta de la política", de repente, ante lo de Once, la política oficial enmudeció. Y Once se "judicializó". Y el Estado trocó de "respondable" a "querellante". Hay que revertir esa operación del poder. Hay que "polítizar". Lamentablemente, es un tópico argentino que las sensibilidades del pueblo se despierten a partir de tragedias, de muertes. Y que a partir de ellas, también, se articulen demandas y luego, con suerte, políticas públicas.
Entonces, sí: hay que politizar las muertes de Once.
Y "politizar" implica, por ejemplo, poner sobre el tapete que la ausencia número 52 es, a la vez, la más y la menos importante. La menos importante porque no se trata de una persona (física). Pero en un punto debería ser la más importante, porque su ausencia fue la que se llevó las 51 vidas que hoy nos faltan a todos. Se trata, por cierto, del Estado nacional, conducido hace casi 10 años por este proyecto kirchnerista que se jacta de la "vuelta del Estado" y de la política, cuando en verdad seguimos viviendo bajo la arquitectura jurídica y política que tan meticulosamente se implementó en épocas de Domingo Cavallo y Carlos Menem, este último hoy alidado del Gobierno. La ausencia 52 se palpa en la falta de controles a los servicios públicos de toda índole, en el vaciamiento de empresas públicas, en la desinversión, en la infraestructura colapsada, en las pequeñas obras inauguradas y reinauguradas para que el coro de aplaudidores festeje las ocurrencias de Ella; ausencia de políticas de Estado (tarea: mencionar al menos una -que no sea el Mercosur- política consensuada con la oposición) y de visión de país a futuro (¿qué pasará después de 2015?). Y en cada uno de los mojones del "relato oficial" sobre el "modelo" que, finalmente, se terminó estrellando en Once.
La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, es hoy única y eterna beneficiaria de todos los "logros" del "modelo" que se relatan desde el 25 de mayo de 2003 a la fecha. Sin embargo, frente a lo ocurrido en Once, Ella miró y mira para otro lado, faltándole el respeto no sólo a los 51 muertos y a los 703 heridos sino a todos los ciudadanos del pueblo argentino."Todavía no se comunicó con nosotros, pero aún puede hacerlo. Está a tiempo", dijo por TV días atrás la madre de Lucas Meneghini Rey. Hasta aquí, la estrategia de CFK fue hacer la del "avestruz": esconder la cabeza e intentar empardar -politizar- su dolor por la muerte de Él con el colectivo dolor popular por lo de Once, como si una muerte natural pudiera -y acaso debiera- compararse con un hecho social y político ocurrido por años de olvido y desinversión por parte del Estado nacional, siempre ausente: o "selectivamente presente", como diría el sociólogo francés Loïc Wacquant.
Sí: hay que politizar las muertes de Once. No volvamos a asesinar a los que ya no están con el silencio.
De ese modo, a un mes de la masacre de Once, consignas que han sido estandarte de los organismos de derechos humanos -hoy llamativamente ausentes ante esta tragedia-, y que le ha sido tan útil por años al kirchnerismo, se vuelven, impensablemente, contra ellos:
L@s 51 muertos y l@s 703 heridos están PRESENTES Y NO DEBEMOS OLVIDARLOS.
A los responsables políticos y penales de la masacre de Once: JUICIO Y CASTIGO.
Eso expresará el "bocinazo nacional" de hoy a las 8:30, y eso exigirán los familiares de las víctimas y el pueblo todo a las 20:00 en el acto de Once.
4/3/12
El neoliberalismo mata
sino que es, directamente,
el más práctico sinónimo
que hay de la muerte.
Y quien lo cuente como método de vida
puede que ande por Florida
pero no por Argentina o Uruguay".
Sí. El neoliberalismo mata.
La última constatación de esta afirmación la vivimos el miércoles 22 de febrero pasado en la estación Once del tren Sarmiento, que se llevó 51 vidas y dejó 703 heridos; esos que nuestra Presidenta de la Nación, CFK, ninguneó a lo largo de todo su extensísimo discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el jueves 1° de marzo.
Me parece que este tema del gran Leo Maslíah -el Frank Zappa sudamericano- es el mejor editorial que puede hacerse sobre la cuestión. Con ustedes,
como un método imperfecto de vivir, pero con una salvedad:
que a pesar de sus defectos, y con todos sus problemas,
es el único sistema que puede hacer funcionar la sociedad.
Por favor que conste en actas que hay dos cosas inexactas
en esa nueva teoría; dos mentiras hay en esa afirmación.
Una es, su señoría, que la sociedad funcione.
Y la otra, usted perdone si al decirlo se me pianta un pokemón...
pero el neoliberalismo ni siquiera es eufemismo
sino que es directamente el más práctico sinónimo que hay de la muerte.
Y quien lo cuente como método de vida
puede que ande por Florida pero no por Argentina o Uruguay.
El neoliberalismo, desde su mismo bautismo,
o en el útero prestado del capitalismo que lo reparió,
ya venía vacunado contra el "hombre no rentable"
que si no era tan amable de morirse solo, él siempre lo ayudó.
El neoliberalato tiene cuerda para rato
y con ella anuda el moño del regalo de la globalización:
nuevo y último retoño de la Trinidad profana
que en relevo de la otra y más de mil te afanan, matan y establecen su ritual de adoración
con un nuevo calendario que, en vez de los santos,
tiene las fechas de vencimiento estipuladas en la carta de intención,
que no explican la intención de lo que dicen, porque,
al igual que los del otro, son oscuros
los designios del nuevo Señor.
Este culto que se expande, como un gigantesco glande,en lugar de fecundar, esteriliza todo lo que alrededor
le sostenga la importancia a algo que no de ganancia.
Y hasta los más afectados por las consecuencias de la enfermedad
se acostumbran a luchar por el triunfo de los que triunfan sobre ellos, convirtiéndolos en terminales de un sistema que es el que se expresa cuando hablan, convencidos de tener ideas propias, si las tienen, porque alguien se las vendió.
El neoliberalismo se libera a sí mismo
de las trabas que les ponen los Estados que una vez se estatuyó
y en las nuevas condiciones se estatuyen estatismos no estatales,
son quietismos como el de la estatua de la Libertad.
El neoliberalismo se contempla a sí mismo
como aquel de la leyenda que se ahogó en el agua que lo reflejó.
Pero hay una componenda, la "división del trabajo"
da que no se hunda el majo sino otro que ni figuró.
De este modo se expresaba un fiscal que presentaba
en un juzgado los cargos contra la patota neoliberal.
Pero el juez que estaba a cargo dio todo por anulado;
dijo que estaba implicado en el caso este mismo señor fiscal
porque acababa el Estado de quedar privatizado
y él solo era otro cesante, y si algo tenía para reclamar,
que llamara en adelante, y en un tono más paciente,
al servicio de atención al cliente
bien dispuesto a aguardar en línea
hasta que la primera ave de rapiña,
disponible con suerte, lo fuera a escuchar.
(Tema que da inicio a la placa Textualmente 3, de 2004)
26/2/12
Constitución versus Once
En primer lugar, (la reforma de la) Constitución -con la burda excusa de cambiar del presidencialismo al parlamentarismo- es, desde hace un tiempo, pero fundamentalmente después del tan mentado 54% obtenido por Cristina en las presidenciales del año pasado, el emblema de la continuación del proyecto K, del peronismo versión "nacional y popular", de la Revolución en marcha, del "piso y el techo" zanatteliano, de las transformaciones que el Relato Oficial pregona a través de todos sus tentáculos mediáticos. Y todo eso que ya conocemos bien. El mundo virtual, en fin.En tanto que (la masacre ocurrida en) Once esta semana representa cabalmente al modelo en la realidad: no el relato, sino los hechos que cada día lo desmienten. Once es la manifestación más crudamente triste y luctuosa de un Estado que no existe, que no controla, que no mira al futuro del país (más allá de la propia continuación en el poder de sus circunstanciales ocupantes).
Once es la muerte -por implosión- del Relato K.
Once, el Cromagnón de los K, tiene muchos sinónimos que ya conocemos; una cadena de significantes que también nos viene de la década del noventa, pero que el Relato Oficial ha sabido inteligentemente conjurar, alejándose de ella en el discurso, pero sosteniéndola férreamente en la práctica (política). Once es capitalismo de amigos, neoliberalismo, Estado vaciado, Estado bobo, Estado incapaz, Once es corrupción pública, y privada, Once es cortoplacismo populista. Once es subsidios al capitalista para sostenterle la ganancia sin invertir absolutamente un peso en infraestructura (total, el Estado no controla, ni sanciona), mientras repartimos un poco para que parezca que somos "nacional y populares", "redistributivos", pero en realidad sostenemos el mismo porcentaje de pobreza e indigencia que en los noventa. Once es la continuación de la reforma del Estado de los noventa, pero parcheada. Once es los noventa con otro relato.
Once es, también, en fin, la muestra de lo que pasa cuando se busca acallar periodistas, artistas, opositores, jueces independientes, sindicatos democráticos, organismos de control estatal y de la sociedad civil, y toda la larga lista de voces críticas que pueden surgir en una poliarquía (en una democracia madura, digamos). Cuando por método de discusión se empieza planteando la impugnación de la "pretensión de validez" (la palabra, en fin) del Otro -porque el otro es El Mal, es "gorila", es "destituyente", es "el antipueblo"-, lo que pierde es el debate, es el pensamiento libre, y es la posibilidad de avistar un error o un mal funcionamiento institucional o social y de cambiarlo, mejorarlo.
Por lo demás, respecto de la intención de reformar la Constitución, la bandera a levantar debe ser la de empezar a cumplir la que existe. Que exista un presidente legitimado sólo por el voto popular, un presidente fuerte, con controles republicanos, pero fuerte (única forma de realizar cambios políticos). Hoy no tenemos un presidente fuerte. No se confundan. Tenemos un presidente extralimitado, y sin controles. Que no es lo mismo. La lucha sigue siendo la misma: cumplir con la ley, cumplir con la Constitución. Y eso requiere de un cambio cultural, no de un cambio de régimen de Gobierno. Cualquier politólogo sabe que ese tipo de fórmulas no es matemática. Que el mero hecho de que aparezca una nueva ley no genera, per sé, nuevas conductas. Y es más: que está destinada al fracaso si no pondera los elementos culturales, de tradición de ejercicio del poder. Una vez más: que no nos cambien la bocha.
25/2/12
El Relato causó 51 nuevas muertes
El Relato causó 51 nuevas muertes. Me decidí por ese título, pero me fue difícil elegir. También tenía estos: "República Cromagnón II" o "La masacre del Sarmiento y el silencio K: ayer, pingüino; hoy, avestruz".
¿Qué implica la metáfora de "Cromagnón"? Es la caracterización palmaria del Estado ausente, del Estado inoperante y corrupto que, finalmente, tarde o temprano, mata. Y el Estado, justamente, existe para lo contrario. Posee, es cierto, el monopolio legítimo de la violencia, pero su existencia ética se basa, primero, en la preservación de la vida de sus ciudadanos y habitantes, y, luego, en la persecución y el alcance del desarrollo y el bienestar personal y colectivo de estos. Once es el Cromagnón de los K. Si hasta ocurrió casi en el mismo lugar. Sólo el cinismo del poder puede ocultar que el Estado es responsable de lo ocurrido y no víctima y querellante, como se pretende.
La Argentina "nacional y popular" -triste realidad, mal que les pese a los cultores del Relato Oficial- es un país reprimarizado, clientelar y de economía extranjerizada y concentrada. Sin inversión sustancial en obra y servicios públicos, sin controles y, consecuentemente, de gran despilfarro del dinero de todos. En el país que hace años vive de fiesta, también conviven la emergencia económica (por ley), la emergencia ferroviaria (desde hace una década), la emergencia habitacional (hasta hace poco en la Ciudad), y varias más: todas consignadas en leyes que nos rigen. Y sin embargo...
En la semana que pasó, luego de la masacre ocurrida en la estación Once del tren Sarmiento, vi por primera vez en Twitter un hashtag con un insulto cargado de bronca e indignación: #SchiaviHijoDePuta. Por cierto que la bronca no quedó confinada al "mundo virtual" y aún reverbera en el "mundo real".

En términos político-institucionales, es inminente la rescisión de la concesión a los Cirigliano, y la eyección del macri-telermanista secretario de Transporte Juan Pablo "pelotudo" (Hebe de Bonafini dixit) Schiavi. En efecto, opera el Mito del Rey Bueno: Cristina no sabía, la Presidenta no tiene la culpa de la tragedia y tomará las medidas del caso. Las más duras, si son necesarias.
La Revolución continúa, pese a las lamentables muertes.
¿O hay que sacar la conclusión de que éstas son las consecuencias de la "sintonía fina" recientemente cacareada? La sintonía fina figura en los manuales de estudio neoliberales y es lo que se ha aplicado con rigor, "sin anestesia", desde 1976 a la fecha. En ese sentido, me permito recordar que la estrategia lúcida conservadora del siglo XX fue darle bienestar a los de abajo frente al "peligro rojo". Keynes. A no confundirse.
Muchas preguntas, mucho silencio
La masacre ocurrió justo en el Sarmiento, ése de cuyo inexistente "soterramiento" se sigue enorgulleciendo desde su página web el poderoso Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios que maneja Julio De Vido.
Ahora, más allá del decreto de rigor de duelo nacional (no hacía falta el decreto para auscultar el sentir verdaderamente popular, éste sí), quedan muchas preguntas sin responder.
¿Dónde está la presidenta que se jacta de "la vuelta del Estado"?
¿Era el momento para que se refugie en El Calafate, "su lugar en el mundo"? ¿O hubiera sido más acorde a un dirigente ("nacional y popular") ponerse a la cabeza del dolor de todos? No es la primera vez que el Relato enmudece frente a una muerte. Ni que hablar cuando se multiplican por 50 y acá en la propia cara del poder...
Y la CGT que "defiende a los trabajadores", ¿dónde está? Sólo pelean por el poder y por la Kaja.
¿Y "los soldados de Cristina", esos que están "para la liberación"? ¿Dónde están? Escuchan un grito o huelen un fueguito y se refugian en Madero-Telmo.
Leí por ahí una metáfora que tiene, para mí, una precisión quirúrgica: "Ayer, pingüino; hoy, avestruz". Un buen editorial en cuatro palabras.
Permitanmé agregarle una cuota de cinismo K: Cuando, en 2003, Nésto (Carlo) tenía el 22% de los votos, los K hablaban de la "legitimidad de ejercicio"; ahora que está visto que hace 9 años que no gobiernan hablan del 54% de los votos ("legitimidad d origen"). Aprendan, no peronistas.
Y hablando de no peronistas: ¿y la oposición? ¿Sigue de vacaciones hasta el 1° de marzo?
Hemos pasado, en esta Argentina peronista versión "nacional y popular", del "Ramal que para, ramal que cierra" al "ramal que no invierte, ramal que mata". No sé qué es peor. Un dirigente del gremio La Fraternidad recuerda que la concesión a los Cirigliano ocurrió en 1995 bajo la matriz neoliberal privatizadora, y fue extendida por la UCR en el poder, en el año 2000, con ampliación de beneficios, pese al flagrante inclumplimiento del contrato. Como se ve: nadie está exento de responsabilidades: ni el peronismo que gobierna hace 30 años, ni su opuesto radical de ayer y de hoy, ése que busca pragmáticamente aliarse con De Narváez, Macri, o quien les provea los votos que se les escapan por incapaces desde hace añares. Ni jueces que disculpan ni sindicalistas empresarios. Ni empresarios prebendarios que buscan el calorcito del poder, para vivir, según la clásica imagen, "de la teta del Estado". De un Estado igual de bobo que en los 80 (el "Estado elefante") y en los 90 (raquítico). "Hubo 200 descarrilamientos del Belgrano Cargas y ninguna sanción estatal: falta un régimen de penalidades", sostiene un informe de la Auditoría General de la Nación sobre el estado ferroviario. ¿Cuál es el poder de los organismo de control en este país? Sigo preguntando: ¿Y la Oficina Anticorrupción? ¿Y la SIGEN?
La matriz neoliberal permanece intocada por el kirchnerismo: con el desguace del Estado, cayeron en la volada todas las capacidades estatales para controlar, hacer cumplir la ley y sancionar a privados o concesionarios que lograron hacerse del botín."Al pueblo le sobra pintura"
Esta semana murieron en Once 51 laburantes, el verdadero pueblo que se desplaza todos los días desde el áspero Conurbano hasta la Ciudad para "parar la olla". Eso es lo que impacta: que murieron todos juntos. Pero la deshumanización que implica viajar animalescamente también es una lenta muerte, amigo nacional y "popular". Te va quedando grande el discurso.
Los K tienen TODO EL PODER (los tres poderes, las provincias, los gremios) pero la culpa es de "la opo", "las corpo", Duhalde, Cirigliano, bla bla. Es hora de que la exigencia ciudadana sea la de cumplir la ley y la de rendir cuentas ante la opinión pública y ante una Justicia independiente, no ante la "Justicia Subrogante" o la del Sorteo. El símil "nacional y popular" de la "mayoría automática" de la Corte Suprema menemista.
La masacre de Once dispara muchas preguntas, que no son nuevas. Pero esta vez no tienen como respuesta el cinismo del poder, como casi siempre, sino el silencio. Esta vez es distino. La bronca popular muestra a las claras que a los K se les está cayendo inexorablemente la careta.
¡Pero no! Atención, no caigan en los golpes bajos: los K piden "no politizar" la tragedia -un hecho social, en fin-; esos mismos que se jactan de pregonar "la vuelta de la política". Hay que hablar. En una república, el silencio no es salud. Esconder la cabeza como el avestruz, tampoco. Esto no es nuevo para el kirchnerismo, bien mirado: en 2004, cuando ocurrió lo de Cromagnón, Él y Ella también huyeron para El Calafate y no volvieron por diez días.
Como reza la frase de presentación de este blog: "El pueblo, escribe Maquiavelo, quiere, simplemente, que no lo jodan. Igual que este buen hombre. Y como a este buen hombre, señores gobernantes, al pueblo también le sobra pintura".
Es hora de asumir las responsabilidades republicanas de las que ustedes mismos se jactan mentando el -cada vez más disminuido- 54%, señores gobernantes. Den la cara, pongan el cuerpo y soporten las puteadas. Para eso fueron votados, al fin y al cabo: para hacerse cargo. El pueblo se los está reclamando a gritos.
13/1/12
El kirchnerismo y la "política tramposa". O el cáncer de la mentira
Néstor Kirchner fue un "tramposo". Y precisamente allí residió -y reside- su principal atractivo; el más fuerte componente seductor del kirchnerismo. Pero, bien analizada, esta seducción reside en un equívoco.Ser "tramposo" implica, en cierto contexto, por raro que parezca, una acción ética positiva. En efecto, el filósofo francés Jean-Paul Sartre hacía una distinción ética entre “cerdos” y “tramposos”. Pensaba la acción (política) en tiempos difíciles. Guerras, dictaduras. Sucintamente, mientras el "cerdo" cumple con la orden del jefe o superior, coincida con ella o no, el "tramposo" también lo hace, pero logrando incorporarle un contenido subliminal -o no tanto- que niegue, contradiga, relativice o ridiculice aquella orden. Una actitud subversiva. Ambos hombres son inexcusablemente libres y actúan con libertad, por cierto. Pero también, sartreanamente, su acto los define. Hoy Sartre está en desuso, es cierto. Pero estas categorías sirven para el presente artículo.
La velada crítica que conlleva el famoso dibujo de Emilio Eduardo Massera mirándose al espejo, publicado por Hermenegildo Sábat cuando el Almirante Cero estaba en el poder, es un claro ejemplo del "tramposo". En la visión kirchnerista actual, todos los periodistas de los "medios hegemónicos" son "cerdos" adulones de Mitre o Mag-netto, según dónde sea que acaten órdenes. No así, claro, los "periodistas militantes" de la causa nacional y popular que son los voceros de este "modelo de transformación social". (1)
Abundemos en la figura propuesta. El "tramposo", como Sábat durante la dictadura, actúa en un contexto adverso, en el que se juega la vida; carente de toda red, lanza al mundo su acción "tramposa" hacia el poderoso.
Néstor Kirchner nos legó fundamentalmente eso: la "trampa". Él fue un "tramposo", en este sentido ético positivo del término. Cumplió, cuando carecía de poder, con el dictado de los poderosos, mientras cimentaba el suyo propio. Cada gesto positivo que el "relato" oficial ensalza del extinto ex presidente puede considerarse de ese modo, así que no voy a explayarme en esta cuestión. El EterNéstor. El (falso) Eternauta que lucha y resiste contra el poder opresor. Bla bla.Por definición, una acción es "tramposa" cuando ataca a un superior. Pero cuando las víctimas de esa acción no ostentan ese estatus superior, la "trampa" se vuelve trampa, sin vueltas. Una mentira sin épica social ninguna.
Creo que el concepto que intento formular es bastante palpable. Refiere a las "trampas" que Néstor tendió en apariencia a los poderosos pero que se volvieron trampas para el pueblo. Pongámoslo más fácil, con ejemplos. Uno, ya clásico: el falseo de los números del Indec, según se justificaba en voz baja desde el poder en 2006, era para quitar puntos de deuda al país. Es decir: trampeaban por nosotros. Pero luego resultó que la inflación era trampeada, también. Y con ello, como sabemos, perdían los laburantes. Los mismos de siempre, en fin.
Otro ejemplo, ya clásico, también: la "Ley de Medios de la democracia" venía a traer más democracia a la democracia, a volver plurales las voces, a deshacer los monopolios de la "corpo mediática" comandada por Mag-netto, ése que hasta dos días atrás cenaba con Néstor en Olivos. Y bien: ni los monopolios dejaron de ser monopolios, ni las voces se volvieron plurales. Vivimos, en cambio, una guerra de poderosos (privados, estatales y pseudo-estatales) en la que, como en toda guerra, la primera víctima es la información. Las ONG, las comunidades locales, vecinales, y la de los pueblos originarios no han podido acceder a la palabra aún, vigente ya la nueva ley hace dos años.
Corresponde la pregunta: ¿terminará pasando lo mismo con la bonita Ley Antiterrorismo?...
Dos ejemplos, nomás, de "trampas" ante los poderosos que se volvieron trampas a secas para el pueblo.
Posible objeción: ¿Carlo no fue un mentiroso, también, acaso? Por cierto. Pero "blanqueó" su nuevo contrato apenas asumió el poder al decir: "Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie". Y lo volvió a suscribir en cada oportunidad, a fuerza de cinismo. Por lo demás, fue mentiroso, pero no fue "tramposo", según la definición que estamos planteando aquí. De modo que no hubo ambigüedades que turben la interpretación de lo que fue el menemismo.
Néstor Kirchner sí fue un buen "tramposo", entonces. Pero el problema es que Néstor Kirchner también fue un tramposo a secas. Y la lista es larga. Empezando por los "fondos de Santa Cruz", siguiendo, por caso, por la invención de un pasado heroico en los 70, o las campañas sucias contra Olivera, contra De Narváez, la intervención del Indec y el consecuente trampeo de los números de la inflación y el ocultamiento de la pobreza en Argentina; o el ocultamiento de los informes negativos de los organismos republicanos de control, el vaciamiento del Consejo de la Magistratura; la "nacionalización" tramposa de las AFJP para usar sus fondos para financiarse, la reestatización de la vaciada Aerolíneas Argentinas bajo el argumento tramposo de "integrar al país" pero no a través de la producción (para ello se necesitan rutas y trenes vigorosos, que no los hay) sino del turismo; la defensa tramposa de los derechos humanos; las cintas de la AMIA que nunca aparecieron, los 20.000 millones de dólares chinos que nunca llegaron, la corrupción en la obra pública y en la entrega indiscriminada de subsidios a empresarios amigos o testaferros; el financiamiento de las campañas, las candidaturas testimoniales, el falso "diálogo político" que devino en la "reforma política"; Oyarbide y la Justicia del Sorteo (o el Sorteo a la Justicia); o el vanagloriarse de haber implantado una "Corte independiente" pero desconocer sistemáticamente sus fallos; las dudas sobre el patrimonio del matrimonio, la falta absoluta de transparencia en la administración del Estado y sus recursos, los medios oficiales propagadores y justificadores de la Mentira Oficial (que alcanzó incluso a la propia salud del ex presidente), la prolongación ad eternum de la ley de "emergencia económica" por más que hace ocho años que la economía viene creciendo a tasas chinas, el uso de los "superpoderes" (los mismos que pidió y tuvo Domingo Cavallo), el manejo discrecional de las partidas de presupuestos nacionales siempre mentirosos, la constante apelación a un "Estado presente" desmentida a cada paso, en cada tragedia que confirma que Argentina sigue estando desamparada, que seguimos siendo República Cromagnón (2); defender desde el discurso la libertad de expresión pero quitar la pauta oficial a los medios no alineados y criminalizar la protesta cada vez más (la Ley Antiterrorista es la última frutilla de este postre); llamar "sintonía fina" al durísimo ajuste que se viene, consecuencia de haber pregonado tramposamente el "modelo productivo de inclusión social con matriz diversificada" pero, en cambio, haber beneficiado a los más ricos y haber primarizado, concentrado y extranjerizado la economía más aún que en los denostados años noventa; y tantos otros ejemplos, muchos de los cuales ya han sido y son motivo permanente de reflexión en este blog.
La anterior enumeración incluye a nuestra actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Cristina también se presenta inconscientemente como "tramposa" (es mujer, el "sexo débil") pero actúa tramposamente, sin comillas. Evidentemente, los políticos argentinos sienten que no alcanza con la legitimidad del voto para gobernar. Y necesitan reconstruir esa legitimidad desde otro lugar que no es el institucional. Tema para desarrollar en otro post.Así, la trampa a secas, la trampa sin épica, la trampa desde el poder, tiene sus consecuencias. En efecto, en el reino de la trampa y de la mentira, todo está bajo sospecha. Ése es el mundo K. Allí es donde mejor se mueven. Allí ganan ellos. De noche, todos los gatos son pardos. Hasta que un tiro te sale por la culata. Lo demuestra el último episodio de esta zaga, que comienza como una torpeza oficial y termina en sospecha debido, precisamente, a la larga lista de jugadas tramposas del gobierno nacional en estos ocho años. Me refiero, por cierto, a la -por suerte- anécdota del falso cáncer de la Presidenta.
Al respecto, la buena salud de la Presidenta es una buena noticia. La salud de la república, no tanto. Ante el escenario de un cáncer -aunque presuntamente controlado, según se informó al principio-, apareció nuevamente la fragilidad institucional de la Argentina, mostrando cómo concentra alegremente todo su poder en su vértice -mal que les pese a los militantes K- mortal de uno de los tres poderes: la cabeza del Ejecutivo.
El problema aquí, otra vez y para finalizar, no es la supuesta mentira del cáncer, sino que, una vez más -y para usar una metáfora biologicista poco feliz pero que viene a cuento tras este lamentable bochorno-, el problema es el cáncer de la mentira, que todo lo pone bajo sospecha. ¿Cómo interpretar, si no, la supina estupidez de creer que, en realidad, la muerte de Néstor fue una puesta en escena, como se escucha o se lee por ahí cada dos por tres?Brevemente: en el barro de la "trampa" y de la trampa a secas, la lucha (política) por el reconocimiento mutuo es imposible: es una mentira más.
La mentira, y los distintos actos "tramposos" y tramposos, fueron el ambiguo legado del pastorcito Néstor y de la dirigencia kirchnerista en su conjunto. No lo hacen por nosotros. No trampean por nosotros: es su forma de acumular poder. Es imperioso que tanto la clase política toda como la sociedad se planteen de una vez por todas empezar a salir de esta ambigua ética de la trampa instalada en el país en la última década. Porque, en el reino de la mentira y de la desconfianza, hay algo peor que el hecho inexorable de que aparezca el lobo y comience a comerse a las ovejas. Y es que, antes, éstas terminen comiéndose entre sí.(1) Otro modelo alternativo al "tramposo" Sábat durante la dictadura, para seguir tipificando, fue el sincericida Rodolfo Walsh, quien, como buen "parresiasta", se comprometió a "dar testimonio en tiempos difíciles" gritando por escrito los "errores", "crímenes" y "calamidades" de la primera Junta Militar en su famosa Carta Abierta de 1977. Es el modelo publicitado por los K, el periodista idealizado, bien que poco conocido. Walsh fue un orgánico de Montoneros, pero también un intelectual honesto y crítico, que no tuvo pelos en la lengua para criticar a la cúpula de esa organización cuando lo creyó necesario (y quizás no oportuno).
(2) La última noticia de República Cromagnón es, precisamente, de hoy: un conductor borracho de una camioneta hizo un desastre en la ruta 11, pese a que otro automovilista había avisado dos veces al 911 y la policía, bien gracias.
15/11/11
AA: Una más del Estado bobo
Tan sólo dos de los 77 post que realicé hasta hoy en mi joven blog fueron reproducciones textuales y completas de artículos de otros colegas en otros medios. El presente es el tercero. Es de hoy. Podría haber compartido con ustedes simplemente el link y ya. Pero el motivo por el que transcribo aquí este texto tan breve y bello como contundente del ex piloto de aeronaves y cineasta Enrique Piñeyro es muy sencillo y personal: quiero que esta escueta obra de la elocuencia forme parte integral de mi blog. "Jamás en la historia de la aviación argentina se puso tan en riesgo la vida de los pasajeros". Seguimos siendo República Cromagnón. Contra lo que cacarea el "relato", seguimos gobernados por un Estado bobo y ausente, ochentoso. Esa convicción fue la que me animó a crear este blog hace poco más de un año. Marcar esa falacia conceptual del discurso gobernante, convencido de la necesidad y la legitimidad de tener un Estado realmente presente, ágil e inteligente articulador de todas las fuerzas que se desenvuelven en la sociedad. No es el camino por el que vamos. Los gastos inequitativos, excesivos y sin controles del Estado ya hace tiempo que están reactualizando la crítica neoliberal que defiende el "Estado mínimo".Un último comentario y los dejo con Piñeyro: el primero que apeló a los militares frente al personal civil del servicio aéreo -entonces en un contexto de huelgas- fue el también ochentoso presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Ronald Reagan, uno de los dos padres -junto a la británica Margaret Tatcher- del neoliberalismo que sigue gobernando el mundo y, por cierto, nuestro país.
El neoliberalismo en Latinoamérica no es un neoliberalismo "a lo sajón", puramente mercadocéntrico (tampoco lo fue en Inglaterra, como lo demostró Polanyi hace más de medio siglo). Aquí, lo implantó el propio Estado, con dictaduras y sangre. Y luego con convertibilidad monetaria. Esto es: con una fuerte y paradójica intervención (hasta legal) del propio Estado que mentado neoliberalismo buscaba conjurar.
Y cada tanto, el populismo se encarga, solito, de recordarnos que sólo es la ca(sca)ra amable del capitalismo.

Por Enrique Piñeyro, ex piloto y cineasta
El 31 de agosto del 2006 se estrenó Fuerza Aérea Sociedad Anónima, película que ponía al descubierto varios aspectos peligrosos de la corrupción en el control de tránsito aéreo. Al día siguiente, el gobierno anunció que le quitaba el control de la aviación civil a la Fuerza Aérea. Sin embargo, no hubo ningún avance hasta que estalló la crisis de los radares en marzo del 2007, fecha en la que se firmó el decreto de traspaso. Pero en paralelo comenzamos a vislumbrar señales ominosas.La entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, respaldó sin miramientos a la Fuerza Aérea cuando decidió operar con 48 aviones por hora en el terminal Baires, cuando por la falla del único radar, sólo se podían controlar 16 aviones por hora.
Así ocurrieron 7 casi colisiones documentadas con grabaciones incontrastables. Nada los disuadió de pagar los costos políticos de las demoras y siguieron operando como si el radar funcionara a la perfección.
Jamás en la historia de la aviación argentina se puso tan en riesgo la vida de los pasajeros. Jamás la Fuerza Aérea tuvo tanto respaldo político. Los temores que expresamos en ese entonces eran que nada iba a cambiar. Que los comodoros cambiarían sus uniformes por trajes y darían tarjetas de licenciaturas auto concedidas. Pues a partir de hoy ya no hay más nada que temer.
Todo vuelve a fojas cero: la Fuerza Aérea vuelve estar en control. No sólo eso, invocando un decreto de la dictadura -el 1674 de agosto del ‘76- se le restituye el financiamiento. O sea que partir de ahora muchas de las tasas aeronáuticas volverán a los bolsillos de los brigadieres (sociedad anónima). Si antes se les quitó el control por incompetentes y corruptos, ¿ahora qué pasó?, ¿se volvieron honestos y profesionales? Así le estamos devolviendo a la dictadura lo que ésta le robó a la democracia: la aviación civil, que a partir de hoy vuelve a militarizarse.
Tal vez sería hora de ir pensando en otros cambios y La Cámpora podría pasar a llamarse La López Rega.
Publicado originalmente aquí.
15/9/11
Relatame ésta
Y sí. Una más del Estado ausente. Nuevamente tragicómica. Argentina sigue siendo República Cromagnon.
"El Soterramiento del Corredor Ferroviario en el Tramo Caballito-Moreno". Este coqueto título puede leerse en la página 50 del libro de autopromoción oficial "Grandes Obras de Infraestructura del Bicentenario Argentino" editado por el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios que comanda Julio De Vido.
Allí, debajo de esta hoy ridícula fotografía (como las del IndeK), puede leerse:
eliminando los pasos a nivel".
El soterramiento de la patria, relatado...
Amigo K: relatame ésta, dale.
9/8/11
Del “Nunca más” al “Nunca menos”: El relato oficial sobre los DD.HH. y el modelo productivo
Siempre estoy atento a las cuestiones de comunicación política, pero a veces no puedo dejar de pensar que los políticos contratan a publicistas y marketineros para que les confirmen sus eslogans veleidosos y ególatras. Y hablando de eso, de publicistas, marketineros, bragasmenéndez y mercachifles por el estilo, una breve reflexión sobre el "Nunca menos". Y sobre el "Nunca más". ¿Cuál es la relación entre ambos conceptos? Porque el "Nunca menos" describe palmariamente al kirchnerismo. Sobre todo, en oposición al "Nunca más".
Es difícil desmentir que, para nosotros, argentinos, el "Nunca más" ya es, y desde hace décadas, una institución. Su distancia valorativa con el "Nunca menos" no puede ser mayor. Se trata, este último, de un simple eslogan oportunista, parcial y manipulador.
En ese sentido -perdón por el vicio de politólogo de pensar en el "buen gobernante"-, si bien no existe el buen gobernante, sí podemos decir que existe algo parecido al "buen gobierno". En todo caso, buen gobernante es el que institucionaliza su liderazgo; es el que piensa para adelante, en su pueblo, y plasma su experiencia de gestión en el diseño institucional. El buen gobernante sabe que lo importante es el buen gobierno para el pueblo, y no él mismo, su persona(l poder terrenal, siempre incompleto y temporal): sabe y no se cree un salvador imprescindible, como nos presenta la estética (y la épica) del "Nunca menos".
Leí por ahí que el "No nos conformemos con menos", el eslógan del candidato a presidente del Frente Amplio Progresista, el socialista Hermes Binner, se parece al "Nunca menos". La distancia no puede ser más abismal. El "Nunca menos" remite y juega directamente con el "Nunca más". Pretende ser su continuación. Más allá de los gustos personales, hay que señalar que el eslogan del FAP remite a la gestión realizada en cuatro años en la pronvicia de Santa Fe por una alianza de partidos políticos encabezada por el socialismo y al gobierno del socialismo en el Municipio de Rosario en los últimos 20 años, donde la apuesta fue un programa institucional de gobierno a 10 años, hace poco relanzado, en el que se pusieron en práctica verdaderos conceptos de lo que se llama la "nueva política", pregonados desde el discurso, como la participación ciudadana, el control público, el presupuesto participativo, el paradigma de la cogestión, gestión pública transparente y con criterios de equidad. Seguro que no todo es color de rosa, y que habrá muchas cosas criticables. Por mi parte, ya he señalado que la crítica más fuerte a este espacio es no incluir en su programa un plan integral de desarrollo económico productivo y sustentable, que se despegue del actual "pilóto automático" neoliberal y sojero. O "viento de cola", como le dicen ahora. Un bache no menor.
No vaya a ser cosa "el pueblo" se dé cuenta de que todavía es poder. El neoliberalismo no se reduce a una serie de recetas económicas. Es una filosofía política, una forma de concebir el poder. En efecto, contra el especial énfasis en decretar el "final del neoliberalismo" que sostiene el relato del actual gobierno nacional y popular, esa manera de concebir la economía, la política y el manejo del poder es la que sigue gobernando.
El spot de Binner, en fin, hace referencia a Santa Fe ("En Santa Fe, bajamos la mortalidad..."). "Hice esto acá, lo quiero hacer en el país", podría traducirse. No hay ninguna intención de manipular una figura que trasciende los valores partidarios, como lo es el "Nunca más". Lo mismo puede decirse del spot del "Alberto": "Lo hice en San Luis. Vení a verlo". La comparación no pretende hacer una apología de campaña sino que sirve para marcar diferencias en los usos de los símbolos.
Porque no debería jugarse "Nunca más". Con los derechos humanos, tampoco. Esto es lo que ha hecho este gobierno nacional "progresista" en estos años para acumular poder. Pues, en efecto, mientras el "Nunca más" es verdaderamente de tod@s l@s argentin@s, un grito del pueblo, liberador; el "Nunca menos" es parte del dispositivo del poder de turno puesto a rodar mientras "Él" vivía, e incrementado al valor icónico con su muerte.
Hay que hablar y debatir sobre la vigencia del "Nunca más". En un artículo publicado justamente hoy en Clarín -titulado "Cruje el modelo "progresista"-, la socióloga Maristella Svampa termina refiriéndose a la figura del "Nunca más". Allí, Svampa también advierte la centralidad y actualidad de ese grito por el respeto a la vida y a los derechos humanos del pueblo argentino, en momentos en que la represión estatal frente a demandas de vivienda en pugna con el "modelo productivo" k se "federaliza" y recrudece al punto de haberse llevado, en el último año, la vida de 14 argentinos.
"Ledesma, por ejemplo", escribe Svampa, abocada en los últimos tiempos al estudio de estas cuestiones, "ilustra el pasaje de la industria azucarera tradicional a la agroindustria de la caña de azúcar y, recientemente, a la producción de biocombustibles, favorecida por subsidios del Gobierno. No es casual entonces que la disputa por la tierra, que los necesitados exigen para vivienda, choque con la política de expansión territorial que exige el agronegocio, promovido desde los Estados nacional y provincial". Podría decirse exactamente lo mismo, si cambiáramos “biocombustible” por “soja”, del conflicto con los qom en Formosa, o en Salta -donde un alud se llevó hace dos años casi un pueblo entero, consecuencia del desmonte para sembrar el "yuyito"- o en Tucumán o Córdoba o Santiago o Chaco.
A la luz de esta óptica, la intención del relato oficial de tomar al futbolístico "Nunca menos" como una etapa posterior, superadora -vicio autoritario eminentemente kirchnerista-, del "Nunca más" queda reducida al grotesco (por no decir tomada de pelo).
Por último, last but not least, aún desacoplando -como pretende el oficialismo de turno- el análisis de los DD.HH. de su inescindible costado económico, social y cultural, y tratándolos "en sí", hay que -volver a- decir, una y otra vez, lo no siempre evidente: sin Julio López, el "Nunca más" sigue siendo un grito actual y presente, que no debemos perder ni olvidar.
El "Nunca más" sigue siendo esa gran institución colectiva, verdaderamente de tod@s, que nos continúa guiando a tod@s l@s argentin@s. Representa, aún en nuestros días, una vuelta al pasado que también funge como norte: aquello a lo que, paradójicamente, no debemos volver: Nunca más.












