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20/11/12

#8N + #20N: los k, Maquiavelo y la virtud del buen gobernante ante la fortuna de los asuntos humanos

Néstor y Cristina Kirchner ejercieron el poder con mano de hierro y nadie se les opuso en estos nueve años de gobierno. La pregunta es: ¿el 13S, el 8N y el 20N alteran ese escenario político, exigiendo tiempos de diálogo y consensos?


Hoy no quiero dar mi visión de los hechos (una respuesta, en fin) sino aportar una herramienta de análisis: la dialéctica "fortuna" - "virtud" del quizá más importante pensador republicano, junto con James Madison. A veces está bueno que no nos den las ideas masticadas y que tengamos que ponernos a pensar un poco, ¿no?
Transcribo, entonces, un fragmento del Capítulo XXV de El Príncipe, del gran pensador político Nicolás Maquiavelo, titulado: "En qué medida están sometidos los asuntos humanos a la fortuna y cómo puede el hombre hacerles frente".
El resto, corre por vuestra cuenta (*).

No se me oculta que muchos creyeron y creen que la fortuna -o Providencia-, gobierna de tal modo las cosas del mundo, que a los hombres no les es dable, con su prudencia, corregir su rumbo ni oponerles remedio alguno. Con arreglo a semejante fatalismo, llegan a juzgar que es en balde fatigarse mucho en las ocasiones temerosas, y que vale más dejarse llevar entonces por los caprichos de la suerte (...). Sin embargo, como nuestro libre albedrío no queda completamente anulado, estimo que la fortuna es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero también que nos deja gobernar la otra mitad, o, a lo menos, una buena parte de ellas. La fortuna me parece comparable a un río torrencial que cuando se embravece inunda llanuras, tira abajo los árboles y edificios, arranca terreno de un paraje para llevarlo a otro. Todos huyen a la vista de él y todos ceden a su furia, sin poder resistirle.
Y, no obstante, por muy formidable que su pujanza sea, los hombres, cuando el tiempo está en calma, pueden tomar precauciones contra semejante río construyendo diques y esclusas, para que al crecer de nuevo se vea forzado a correr por un canal, o por lo menos, para que no resulte su fogosidad tan anárquica y tan dañosa. Pues con la fortuna sucede lo mismo: ella muestra su poder cuando no hay una virtud organizada y preparada para hacerle frente y por eso vuelve sus ímpetus allá donde sabe que no se han construido los diques y esclusas capaces de contenerla. (...) Y basta esta reflexión para lo concerniente a la necesidad de oponerse a la fortuna en general.
Refiriéndome ahora a casos más concretos, digo que cierto príncipe [léase hoy: gobernante] que prosperaba hasta ayer se encuentra caído hoy, sin que por ello él haya cambiado de carácter ni de cualidades. Esto proviene, a mi entender, de las causas que antes señalé extensamente al decir que el príncipe que se apoya únicamente en la fortuna se hunde tan pronto como ella cambia. Creo también que prospera aquel gobernante cuyo modo de proceder se halla en armonía con la índole de las circunstancias, y que no puede menos de ser desgraciado aquel cuya conducta está en discordancia con los tiempos. Porque se puede apreciar que los hombres proeceden de distinta manera para alcanzar el fin que cada uno se ha propuesto, esto es: gloria y riquezas: uno actúa con precaución, el otro con ímpetu; uno con violencia, el otro, con astucia; uno con paciencia, el otro al revés; y a pesar de estos diversos procedimientos, todos pueden alcanzar su propósito. Incluso, se ve también que, de dos hombres moderados, uno logra su fin, otro no; y que dos hombres, uno ecuánime, otro aturdido, logran igual acierto procediendo de dos maneras distintas, pero análogos a la diversidad de sus respectivos genios. La causa de ello se halla sencillamente en la condición de los tiempos y circunstancias, según concuerden o no con su modo de obrar.
De donde resulta que, procediendo diferentemente, dos hombres logran idéntico efecto, y procediendo del mismo modo, uno consigue su fin y otro no. De aquí nacen, también, los cambios de fortuna: si un hombre actúa con precaución y paciencia, y los tiempos y las cosas van de manera que su forma de proceder es buena, va progresando; pero si los tiempos y las cosas cambian, se viene abajo porque no cambia de manera de actuar. Porque no hay hombre alguno [o mujer], por muy dotado de prudencia que esté, que sepa adaptarse hasta este punto y hacer concordar bien sus procederes con las circunstancias y con los tiempos. En primer lugar, por no serle posible desviarse de aquella propensión a que lo inclina su propia naturaleza, y, en segundo lugar, por el hecho de que, al haber prosperado siempre caminando por un único camino, no se le puede persuadir de la conveniencia de alejarse de él. Por eso el hombre precavido, cuando llega el tiempo de echar mano al ímpetu, no lo sabe hacer y provoca su propia ruina. Y si el hombre pudiera cambiar su propia naturaleza de acuerdo con los cambios de los tiempos y las circunstancias, nunca cambiaría la fortuna.
(...)
Concluyo, pues, que si la fortuna varía y los príncipes [otra vez: los gobernantes] continúan obstinados en su natural modo de obrar, prosperarán, ciertamente, mientras semejante conducta concuerde con la fortuna misma. Pero empezarán a padecerla, en cambio, tan pronto como ésta no se avenga a su habitual proceder.

(*) Las negritas y cursivas son mías.

 Fortuna y virtud, en la metáfora del río bravo y los diques.

28/9/12

Intemperancia (sobre Cristina en Harvard)

Una vez más tuve que elegir un título entre varios. Quedó "Intemperancia", porque me parece una buena síntesis, pero también me gustaban: "Nunca es triste la verdad" o "Cristina tuvo un baño de realidad en Harvard". Mis reflexiones sobre la conferencia de ayer de la Presidenta.


Ayer fue un día importante para los que valoramos el debate respetuoso de ideas y el diálogo, y a la vez triste, también, para quienes exigimos que esa condición sine qua non de toda república se cumpla entre quienes ejercen el poder en la Argentina.
Ayer, la presidenta de la Nación asistió a un escenario codiciado por cualquier mandatario: la Escuela de Política Kennedy de la Universidad de Harvard. Y, en un clima que se fue tensando cada vez más, Cristina respondió tan sólo 10 preguntas. Repito: tan sólo 10 preguntas. En realidad, "respondió" es una forma de decir... Pues no respondió cuando se le preguntó en concreto sobre la inflación, o sobre la RE RE, o cuando se le pidió una -una- simple "autocrítica" (que jamás esbozó).
Es que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no está acostumbrada a responder preguntas. En efecto, la última conferencia de prensa convocada por Cristina Kirchner fue hace 407 días, tras su arrasador triunfo en las elecciones primarias de agosto, como recordó el diario La Nación. Por eso fue que un estudiante le dijo: "Me siento un privilegiado por poder hacerle preguntas, señora presidenta".
En este contexto, Harvard es un mojón, pero también es sólo una anécdota en sí. Lo importante es que la Presidenta de la Nación se encontró con un público no adicto después de mucho mucho tiempo. Y debió enfrentarse con las críticas que, mal que mal, le hace medio país. Y eso no le gusta. En efecto, seguramente a muchos de ustedes les pareció rarísimo el hecho de que las palabras de Cristina no desembocaran en una catarata de aplausos alegres y condescendientes como a las que nos tienen acostumbrado en las distintas puestas en escena del poder gobernante.
Así es. Cristina demostró ayer por qué sólo se rodea de aplaudidores en las habituales cadenas y actos de gobierno (que son de todos, por cierto): no acepta voces que la contradigan. Quienes la contradicen "tienen muy poco nivel de análisis", como le dijo ayer a un estudiante y a su "compañerito", quienes le preguntaban por su patrimonio, por su voluntad por una RE RE, por el Indec, por la libertad de expresión, por la inflación, por el simple pedido de una autocrítica; por lo que, en fin, cuestiona o inquiere medio país sin obtener respuesta honesta sino chicaneos o reconvenciones presidenciales.
Sistemáticamente, Cristina descalificó las preguntas que le hacían por estar, según ella, influidas por los medios.Y mostró allí quizá su peor "vicio", en términos platónicos: su intemperancia, la cólera que la lleva fuera de sí, y que la alejan de las "tres virtudes" que debería tener -según el filósofo griego- un buen gobernante: prudencia, valor y templanza. Al contrario, la "gran oradora" que es Cristina se rebajó a la altura de un grupo de estudiantes "ricos" según ella (olvidando quizá que muchos están allí becados), que la cuestionaban. Para terminar incluso despreciando a todos los estudiantes y docentes de una universidad nacional: la Universidad Nacional de La Matanza: "Chicos, por favor, estamos en Harvard. Estas actitudes son más para La Matanza que para ustedes", retó.
(Click en la captura para agrandarla y leer*)

En este punto, digamos que, en realidad, ese desprecio no es más que la verbalización de una indiferencia (en término de políticas públicas) que se había expresado concretamente meses antes. En efecto, el desprecio fundamental de CFK por La Matanza viene de hace tiempo y se manifiesta en la forma animalesca en la que viajan diariamente miles de matanceros en el Sarmiento. Ese desprecio ostensible e irrefutable desembocó en febrero en la masacre de Once. Todo cierra.
Volviendo a Harvard, visiblemente molesta, poco acostumbrada a estar en un escenario sin su coro de aduladores, aplaudidores, reidores o simples temerosos de contrariarla, la Presidenta olvidó una vez más que ella es la primera servidora del país, la que debería dar el ejemplo del manejo de la cosa pública, pero a quien, en cambio, parecería que hay que terminar a agradeciéndole que se exprese sobre cómo maneja la cosa pública, y la plata de todos. Y todas.
Pero para los que reclaman más libertad de expresión y respeto a las instituciones, Harvard es un mojón. Y sería loable que Cristina repita la experiencia en Argentina, y que empiece a recorrer las universidades argentinas, también, respondiendo libremente las inquietudes de los estudiantes, esos "jóvenes que son el futuro", como se jacta ella misma. Y, por supuesto, que otorgue regularmente conferencias de prensa; que, como representante del pueblo en el poder, responda a las inquietudes de los representantes de la opinión pública, los periodistas. Esa demanda insatisfecha que cada vez se hace oir más, pese a que Cristina se ufane grotesca, ridículamente, como lo hizo ayer, con que "hay millones de argentinos que hablan con esta presidenta constantemente".
Sería muy loable, en fin, empezar a exigir un funcionamiento republicano, con control institucional y ciudadano (accountability horizontal y vertical) sobre el Gobierno. Sobre el gobierno de una presidenta -a no olvidarlo- que subió al poder en 2007 con la promesa de "más institucionalidad"; institucionalidad que no sólo no ha mejorado sino que ha contribuido a destruir.  Promesa incumplida. En el 13S, de hecho, también se canalizó esto.
Una última observación: contrariamente a lo que -quizá desde el prejuicio- se podría pensar teniendo en cuenta que el auditorio era conformado por estudiantes de Harvard no hubo preguntas con cuestionamientos desde enfoques neoliberales a la gestión kirchnerista. ¿Ustedes a qué creen que se deberá esto?
Lo cierto, en fin, es que Cristina tuvo ayer, en Harvard, un saludable baño de realidad. De una realidad que está a años luz de comer con $6 por día, por nombrar tan solo una fantasía del "relato", nomás. No parece haber aprendido mucho de la experiencia. Las valoraciones especulativas en términos políticos que se hacen en la intimidad presidencial son negativas. Mucho más aún que las de su paso por Georgetown.
A veces la realidad duele. Y no hay lugar para risas. Como dice la canción de Serrat: "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio."

* Alguien posteó esta captura de pantalla de la cuenta de Twitter de CFK y la tomé, pues ella me tiene bloqueado en su cuenta, y no puedo ver directamente lo que escribe.

14/3/12

Salustriana y las "preguntas molestas" (diálogo con un kirchnerista)

"Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario ningún gobierno.
Si los ángeles gobernaran a los hombres,
no sería necesario ningún control externo ni interno sobre el gobierno".
James Madison, en El Federalista

Ayer tuve una discusión con un kirchnerista que criticaba, como no podía ser de otra manera, a la prensa. Interesante. El militante me decía: "Si el periodismo es el cuarto poder, al periodismo también hay que controlarlo". Y agregó las consabidas amalgamas K entre periodismo y corporaciones y poder económico, pasando por alto alevosamente que esta tríada se alimenta y reproduce desde el centro mismo del poder (K), sólo que con otras corporaciones y otras facciones del poder económico, dizque "nacional y popular". Al respecto, como siempre digo: releer Poulantzas.
En principio, es viejo ya el debate sobre si "colegio de periodistas" sí o "colegio de periodistas" no. ¿Quién colegia? ¿Quién levanta el dedito señalador? Pero, por viejo y saldado entre los periodistas (un rotundo "NO" a la colegiación), no le di la oportunidad de reabrir la cuestión. Sólo le señalé que se trata de controles distintos. El de la prensa al poder político (y el económico también, por cierto) se trata de un control republicano (accountability, dirían O'Donnell, Dahl y muchos otros) que ninguna filosofía política que se considere tal puede ni debe pasar por alto, a riesgo de abandonar, precisamente, ese milenario pensamiento republicano para caer en un burdo poder autoritario justificador del gobierno de turno. Sin más.
Y sin más, también: No existe república allí donde un ciudadano no puede expresar su opinión, su sentir sobre cualquier tema como miembro de la comunidad política.
Mi interlocutor kirchnerista se agarró de esto para señalar su modelo de intercambio de ideas en la sociedad moderna: "Que sean los ciudadanos, entonces, los que critiquen. Que sean sus propios periodistas, y que, si están disconformes con Cristina, que voten a otro en 2015".
Por supuesto que no dejé pasar la concepción acotada de democracia, limitada a los 5 minutos cada cuatro años en que uno entra al cuarto oscuro para elegir a quien desea que ocupe, por el mismo período, el sillón de Rivadavia.
Y agregué: "Yo quiero periodistas que hagan preguntas molestas al gobierno. Eso quiero".
Y no dejé de señalarle que existen dos tipos de controles al "cuarto poder", como él lo llamó correctamente. Uno es el del ciudadano, que deja de comprar el diario, escuchar al periodista radial, o cambia de canal si cree que el periodista o medio le está mintiendo. Y otro, por cierto, es la Justicia. Para nuestra Constitución Nacional no existe la censura previa, sino las responsabilidades ulteriores. Y la prensa, aunque protegida con especial interés dado el delicado derecho de que se trata, consustancial a una democracia -la libertad de expresión-, también los tiene, y cuando ejerce ese derecho con mendacidad, imprudencia o "malicia", es severamente condenado.

Y terminé señalándole a mi amigo K que ni siquiera en su esquema es respetada la libertad de debatir, de disentir y de hacer preguntas molestas. Eso es lo que le enrostró por televisión a la Presidenta de la Nación hace una semana doña Salustriana, la humilde habitante de la Puna jujeña. Una "ciudadana de a pie", como se refirió Cristina a los humildes en su discurso inaugural de sesiones ordinarias el 1ro de marzo en el Congreso de la Nación. Un miembro de un pueblo originario, una vez más, como ayer nomás los qom, ignominiosamente expulsados de la 9 de Julio por La Cámpora.
Con el sencillo y lapidario "A nosotros nos hacen falta otras cosas más buenas que el subte", Salustriana fue "periodista" por un rato. Y fue además -qué duda cabe- "la implacable voz del pueblo", como Cristina definió a principios de febrero a las palabras pro mineras de "Antonio" (Armando César Domínguez), el líder sindical, vice del PJ de Olavarría y ya popularmente inmortalizado como "el obrero de Cristina".
Pero esta vez la puesta en escena no salió como el poder lo esperaba. Y el vergonzoso deslinde de responsabilidad que significó el "Nooooo, qué voy a ser buena, yo. Soy una más" con que Cristina respondió a Salustriana, luego de intentar usarla metiéndola en su discusión con Macri por el Subte y encontrarse como respuesta una "pregunta molesta" (expresada en forma asertiva), como la que haría cualquier periodista que dignifique su trabajo cotidiano, la Presidenta de la Nación hasta el 2015, Cristina Fernández de Kirchner, confirma una vez más su concepción religiosa, antipolítica, del poder: al líder sólo se lo adula y se le rinde pleitesía; jamás se lo cuestiona, y menos en público.
La "Infalibilidad Papal" del Medioevo, un poroto.

3/11/11

Mamá Cristina

¿Ahora van por todo?
"El 54% de los votos le tapa la boca a Clarín y cía". De boca de varios escuché esto. “La tienen adentro”, tituló por segundos CN 23, el canal del empresario de medios K Sergio Szpolzki. Hasta el mismo Gabriel Mariotto (actual titular de la AFSCA y futuro vice de Scioli) en su discurso del domingo, secundado por el gobernador Scioli, señaló que ninguna campaña mediática podría tapar la victoria “de Néstor y Cristina”. Debo decir: “No”. En democracia nadie le tapa la boca a nadie. Toda idea vale y cuenta. No hay verdades. Como los mismos cultores del “relato” lo saben, hay ficciones. Y no una sola. Nadie tiene "la razón" ni se "equivoca". Hay puntos de vista e intereses. ¿Tendremos que empezar a recordarlo frente a la prepotencia que se barrunta? Hoy más que nunca: levantar el discurso (y el espíritu) democrático-republicano.
Por lo demás,
puede leerse el 54% como una exigencia: en algún momento, el kirchnerismo deberá empezar a preocuparse por el poder que acumuló: ahora no tiene excusas para evitar ser "progresista" en serio. Al fin y al cabo, la ficción que entabla el “relato” también es exigible.

Con todo, la ecuación parece clara, y no debe escandalizar ni a unos ni a otros: "A más poder del grupo o partido político que lleva adelante las riendas del gobierno, más entidad debe dárseles a los organismos internos y externos de control (SIGEN - AGN), a la Justicia y, por qué no, a la prensa". El sistema de pesos y contrapesos republicanos puede asimilar el ya famoso 54%. Y mucho más. La cuestión es: ¿existe voluntad política de respetar los valores republicanos y las instituciones? Voluntad política con la que, justamente, bajo la forma de "promesa", CFK accedió a su primer mandato en 2007. Un "Pendiente" aquí. ¿Existe una oposición que tenga vocación de ocupar ese lugar de contrapeso? Hasta hoy, aquí tenemos otro gran “Pendiente”.
Muchos periodistas ya se preguntan: "¿Quién sucederá a Cristina?". Es como ir pensando en la fiesta del cumpleaños de 15... desde los 10. La Presidenta sabe que es momento de
aprovechar el respaldo popular y no de empezar ya a plantar una figura para que le haga incómoda sombra. Desde la lógica del poder (que no necesariamente es la del "interés común") resulta más "sensato" agitar soterradamente las bondades del régimen parlamentario, que es una forma poco disimulada de insistir en la figura de Cristina.
El kirchnerismo tiene la virtud de levantar banderas que finalmente sólo quedan en eso: no pasan del enunciado, pero constituyen un relato que conforma y apuntala
identidad. Identidad fuerte, intensa. ¿La de los derechos humanos es una excepción? Quizá. Pero no creo. Las sentencias por la “causa ESMA”, que empezaron a solidificarse hace muchos años, son un logro de todos los argentinos : de jueces que guardaron documentos, abogados que se cuidaron de no usar figuras penales en un contexto histórico para poder esgrimirlas en otro, ciudadan@s que no olvidaron ni perdonaron, legisladores que impulsaron la nulidad de las vergonzosas leyes de Punto Final y Obediencia Debida. No se deben sólo al kirchnerismo. No empezó con ellos. En ese sentido, al gobierno se le exige. Como señaló la abogada y dirigente del Frente de Izquierda Myriam Bregman: “Demostramos que hoy quedan en actividad más de 4000 miembros de la Armada que actuaron en la dictadura”.
O quizá el uso de los derechos humanos sea la mayor irresponsabilidad de esta dirigencia política que vino del frío en 2003. He escrito en varios post ya sobre esto. Antes, y desde 1983, podría decirse que el clivaje sociopolítico que dividía a la Argentina era la dictadura sanguinaria (en rigor no lo es: por la intensidad y el número no alcanza a constituir una división trascendental en el nivel societal: desde 1983 en adelante, y a partir de las atrocidades que fueron viendo la luz en el Juicio a las Juntas, nadie en su sano juicio defiende la tortura, la muerte y la desaparición de personas como forma de gobierno y de convivencia en nuestra sociedad).
Hoy, el clivaje ha vuelto a ser, como hace décadas atrás, el peronismo, en su cara kirchnerista.

“Aluvión de votos”: capital político e incertidumbre económica
Mucha mala fe encuentro en aquellos que hablan del “aluvión de votos” que recibió el Gobierno en las urnas el 23 de octubre. Con todo, el pueblo dio su espaldarazo con el 54% pero lo que reina, antes que la confianza, es la incertidumbre. En todo sentido. ¿Qué implica "profundizar el modelo"? ¿Qué decidirá cristina? ¿Quién será el/la ministro/a de Economía? Nadie sabe nada. Y el que sabe, no lo dice, por miedo a represalias.
Podría decirse que
esa incertidumbre puede medirse en dólares, termómetro histórico de los ánimos del ciudadano medio. El Gobierno tomó, en este tema, medidas apresuradas, que denotan nerviosismo.
Aún así, se vienen épocas de austeridad y
el Gobierno quiere dar la clara señal de que los ajustes vendrán por la cima de la escala social. Claro que en el diccionario K no figura la palabra "ajuste". Repasemos. Primero, obligando a las petroleras y mineras a liquidar aquí las divisas de sus exportaciones, por un decreto de la semana pasada. Ayer, eliminando los subsidios a empresa(rio)s amig@s. “No aumentarán las tarifas”, aclaró, presuroso, el ministro De Vido en la conferencia conjunta con el ministro Amado “Smiles & Guitars” Boudou. Es tapa de todos los diarios de hoy. "Justicia social" y "profundización del modelo" son sólo dos sinónimos que, seguramente, aparecerán como justificativos.
No obstante, por los montos que implican estas dos medidas en función del gasto que asigna el Presupuesto a subsidios de distinta índole,
representan algo más simbólico que real. Una “poda” de “apenas” 600 millones en la maraña de subsidios estatales. Es un primer paso en desarmar un esquema que suma decena de miles de millones y se ha venido incrementando como una bola de nieve desde 2003 para sostener “el modelo”. ¿Alcanzará, considerando además el creciente déficit fiscal que, como señala el periodista experto en Economía Daniel Muchnik, llegaría en 2011 a 30.000 millones de pesos? Veamos los números. En el caso particular de las transferencias a empresas, suman unos 40.000 millones (sobre un total de casi 80.000 millones) al año. El recorte de 600 millones anunciado ayer representa apenas el 1,6% del total de esas transferencias... Podría decirse, con optimismo: “por algo se empieza”. O, también: “ya no saben qué parte de la olla rascar para financiarse si ajustar por abajo”. Pero lo van a tener que hacer, tarde o temprano, si mantienen intacto el susodicho “modelo”.
Más interesante es la sorpresiva propuesta de traspasar el subte y el Premetro a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires. El subsidio a la tarifa ascendería, para 2012, a unos 1.000 millones de pesos. El Gobierno quiere pasarle los subtes a Macri, con recursos, claro. Pero sin subsidios. Que sea el líder del PRO el que los otorgue, o que pague los costos políticos de eliminarlos (lo que llevaría el pasaje del actual $1,10 a $5). Jugada política y económica a la vez, entonces.
Dólar y subsidios: en ambos temas, la oposición –refugiada en cuarteles de invierno después del mazazo electoral- brilló, otra vez, por su ausencia. Una clara muestra, al margen, de que los medios periodísticos no alcanzan para imponer una “cuestión” (Oszlak y O’Donnell) en la agenda pública hasta que un actor institucional no lo levanta. No fue la oposición, en este caso. Sino el Gobierno.
Días atrás, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, salió a vetar una ley de participación en las ganancias empresarias pedida por Hugo Moyano; lo que sin duda en la CGT será interpretado como la definitiva luz verde para que entre todos los tiburones se coman a la ballena. Una vez más,
divide y reinarás. Por eso ayer Moyano hijo azuzó en declaraciones radiales el fantasma de "la calle". "Los trabajadores van a salir a la calle" si el Gobierno no actualiza el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias que se come una parte importante del aumento paritario del salario de los trabajadores. En otros tiempos, era el propio Hugo el que contenía a sus sindicalizados.

Todo queda en familia...
Para la gan mayoría de los analistas políticos, Boudou es El Elegido, El Heredero. El todavía ministro de Economía pasará en breve de comandar el ministerio nacional más poderoso (junto con el de Planificación) a ser el segundo hombre en la línea sucesoria pero, también, pasará a ocupar el puesto más controvertido y barroso de la historia argentina: la Vicepresidencia de la nación. Los K supieron contener a los anteriores vices (Scioli y Cobos). Boudou parece estar marcando, en este punto, un cambio de tendencia.
Pero a no engañarse: todo el protagonismo es de Ella. En el opúsculo "'Desde estos mismos balcones'. Nota sobre el discurso de Perón del 17 de octubre de 1945", el sociólogo Emilio De Ipola reflexiona en torno a la tensión que le plantea discursivamente Perón a su público (la masa): al mostrarse como "uno más de nosotros allá arriba, en el poder" pero, a la vez, en tanto "yo: el único de ustedes que está en el balcón".
Analizando comparativamente ese texto con toda la puesta en escena del discurso victorioso de Cristina del domingo 23 a la noche, puede colegirse que Ella -la única en el balcón- era además como
la madre sensible que se alegraba y se enojaba, aconsejaba y retaba a los de abajo, sus "hijos políticos". Una curiosa transmutación-transfiguración o amalgama de su sutil e inteligentemente explotada figura de "viuda": allí era la madre-viuda. Todo indica que así, con ese aura, gobierna y seguirá gobernando a partir del 11 de diciembre próximo.
Como se sabe, el mundo de la familia (donde cuentan las relaciones madre/padre-hijo) es el
mundo privado: el oikos, como diría Hannah Arendt. Allí no hay libertad ni "acción política" sino, simplemente, dominación: cumplimiento de los mandatos del amo (del dueño o dueña de la casa, o de los votos), a quien jamás -por nada del mundo- hay que hacer enojar.
Bien que la “fiebre del dólar” que se está viviendo con más crudeza luego de las elecciones puede volver caprichosos a los otros “hijos” que no la votaron. Lo que está ocurriendo en la economía trae, paradójicamente, enseñanzas políticas que los K conocen muy de cerca pero creían haber sepultado.
2001 está a la vuelta de la esquina. El miedo cerval que los K le tienen a la calle ocupada por la gente disconforme revive. No en vano Cristina aprovechó para criticar, el martes, a los inofensivos piquetes de la duhaldista UATRE, la excusa perfecta. “Nunca vamos a criminalizar la protesta”, dijo Cristina, pero agregó: “Vayan a la Plaza de Mayo. No nos obliguen a tener que desplazar a gente que está cuidando a otra gente”.
El Gobierno está alerta. Y hace muy bien. Pero, a falta de oposición, el pueblo también está alerta. Y al pueblo, como lo indica la foto-emblema de este blog que figura arriba a la derecha, le sobra pintura.
Aplica en este presente el viejo proverbio chino: "Ojalá vivas tiempos interesantes". Al parecer, se vienen.
Aún con el 54% en el bolsillo.

19/11/10

Religión y política II: Maquiavelo, Moro, y los K


Para Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527), reconocido como uno de los padres modernos de la ciencia política, los valores tienen un carácter mutable. Por eso para el florentino siempre es necesario volver a los orígenes, “reconducir” con periodicidad a los pueblos hacia sus principios: aquel momento en que las costumbres no estaban corrompidas.

Y es en Maquiavelo -pensador de lo diverso, elogioso de la “discordia” como motor de la “grandeza de la república”- donde la religión aparece clara y explícitamente como un elemento de unidad y cohesión en el orden interno. La religión es creada desde lo político, así como las nociones de “bueno” o “malo”, que se definen políticamente en relación a la idea de salvación de la patria. Y la religión coadyuva a ese fin. No es óbice que los preceptos religiosos sean falsos mientras faciliten la dominación. “Mantener al país religioso” es mantenerlo “bueno y unido”, dice.

Maquiavelo cita el caso de Numa Pompilio, el sucesor de Rómulo, quien para conseguir el noble fin de llevar al pueblo a la obediencia civil recurrió a la religión simulando “tener familiaridad con una ninfa que le aconsejaba todo lo que luego [él] aconsejaba al pueblo”. De otro modo, las leyes no serían aceptadas ni, en consecuencia, obedecidas. También ayudan a mantener a los ejércitos disciplinados, enseña. De aquí se desprende su importancia política en el momento de la fundación: como sostén de inspiración del fundador.

Esta función que tiene la religión (o “religazón”) en Maquiavelo como herramienta útil del poder para ejercer la dominación (que Max Weber ampliará y llamará “ideológica”) brinda “legitimidad” (Weber) al Estado, pero ya no como delegación divina sino como creación, como artificio -político- del poder -político- para facilitar su efectividad en la construcción del consenso que permita la conservación del Estado en miras al bien (común) del pueblo. Al margen, retener esto último es importante para entender lo “maquiavélico” de Maquiavelo: para despejar los equívocos sobre su opúsculo El Príncipe. Pero eso quedará para otro post.

Justamente -volviendo-, lo político es lo mutable, lo que puede ser o no, lo contingente.

En la polis griega que piensa Aristóteles (384 AC - 322 AC), el espacio (político) para la realización del hombre es el de lo público, que es, además, el espacio de la diferencia ya que todos los hombre son diferentes, únicos e irrepetibles. Y, a la vez, “iguales” en tanto “ciudadanos”.

En cambio en Utopía, el clásico texto de Tomás Moro (1478 – 1535) (quien inventa esa palabra), no hay lugar para la política: porque no hay lugar para la diferencia. En la utopía moreana, entonces, la función “política” de la religión, como la de los valores y las costumbres, es reemplazar la especificidad política, abolir toda nota de diferenciación. Esto denota, por otro lado, un rasgo de pesimismo antropológico en Moro, ya que ve a los hombres como naturalmente intolerantes.

Entonces, mientras Maquiavelo y Aristóteles buscan la unidad desde la diferencia (algo propio de todo el pensamiento republicano, cuyo exponente cúlmine es, sin dudas, Madison), Moro lo hace desde una supuesta igualación. El plan estratégico (político) es el mismo: buscar la unidad, pero con distintas tácticas, digamos. El problema de la táctica moreana es la negación de la política.

En fin. Si bien quizá no de la religión, los K siempre abominaron de la Iglesia como institución (de ésta iglesia argentina, al menos). Sin embargo, en el tratamiento que hoy hace el kirchnerismo de la muerte de Néstor Kirchner se puede observar ese intento de negación moreana de la política, al ubicar al líder en el campo de lo sagrado-intocable y, a su vez (y esto es lo importante), en el centro de la acción política, aún después de muerto.

No es, por cierto, la primera vez que el kirchnerismo apela al recurso de los muertos para revestir de legitimidad una idea . Ahí están los "gloriosos jóvenes que perdieron la vida en los setenta".

Hoy, hasta el propio Kirchner es devorado por ese mecanismo. “Esto es lo que hubiera querido Néstor”, “así lo hubiera hecho Néstor”, o “lo hacemos por él”. Palabras que incluso se escucharon de boca de su viuda, CFK: a la sazón nuestra presidenta. Es curioso porque por estos días parecería como que el mandato (la ficción que conocemos por tal) no es popular, o contractual-constitucional, sino religiosa. Curiosamente, una operación despolitizadora del “juego político” propia del noventismo neoliberal. Una coincidencia más entre aquél y este peronismo.

Coincidencia que, por último, no deja de ser importante remarcar, ahora que parece que "con Kirchner volvió la política". No: la política volvió con el click que representaron para esta sociedad los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001.