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17/4/16

Del kirchnerismo al macrismo: ¿"giro a la derecha" o profundización de la desigualdad social ya existente?

Algunas anotaciones desordenadas y plagadas de hipótesis falsables con el modesto objeto de ayudar a pensar a los que trabajan de pensar nuestra actualidad política, económica y social.
A raíz de cosas que vengo leyendo, como las graves confusiones en la caracterización del kirchnerismo respecto del macrismo que observé en un artículo de ayer en Perfil de la socióloga Maristella Svampa -y cuya crítica cito al final de este escrito*-, me parece interesante establecer un parámetro concreto para medir cuán "a la izquierda" está un gobierno no sólo respecto de la sociedad sino respecto de otro gobierno. ¿Por qué Svampa? Porque me parece que ella realiza en su texto algo que vengo diciendo y creo que es la saludable línea intelectual a seguir. Esto es: el ejercicio de la crítica doble, tanto al macrismo como al kirchnerismo que se fue en diciembre y dejó, luego de 12 años de gobierno, las bases estructurales sobre las que se mueve el gobierno actual. Una “crítica de la crítica crítica”, digamos.
Primera aclaración necesaria: decir "cuán a la izquierda" no es decir "de izquierda". Y menos en el sertido ortodoxo o "revolucionario" del término ideológico-espacial. Al respecto, creo que un gobierno de izquierda -dije de izquierda, ¿ok?- es una utopía (ver Grecia...). Por lo demás, está visto que son las derechas las que se pelean entre sí para ver cuál está "más a la izquierda" para ampliar así su base de legitimidad. Avancemos.

Libertad versus igualdad (filosofía de la historia)

Los parámetros concretos de medición que propongo tener en cuenta a la hora de las comparaciones o análisis no son, por cierto, nuevos; existen y son mensurables. Me refiero a la brecha de desigualdad (Índice Gini, por caso) y a los de precarización o flexibilización laboral. Bueno, son mensurables en un país que no esconde su pobreza debajo de una alfombra estadística manipulada como hizo el kirchnerismo con el Indec, en fin… Al margen, o no tanto, si, como señaló el ministro de Economía de Prat-Gay esta semana, recién vamos a tener índices de inflación serios en 2017, ¿por qué echaron (otra vez) a Graciela Bevacqua del Instituto, amigo PRO?
Volviendo. Lo que quiero destacar en este planteo de domingo de lluvia es la importancia y la diferencia de la medición de lo material por sobre lo simbólico o cultural, o los valores (Gramsci, Bourdieu, etc. etc.). Creo, como Marx (y éste con Hegel), que la historia avanza hacia la Libertad. Pero no lo hace linealmente. Todo el tiempo hay retrocesos. Esto lo desarrolla in extenso en “Ideología del desarrollo y dialéctica de la historia” un tal Franz Hinkelammert, siguendo al marxista crítico Ernest Bloch, si se quedan más tranquilos con la validación por la autoridad (académica).
Y estos retrocesos se deben, entre otras cosas (hipótesis), a las relaciones objetivas de las fuerzas en pugna (hoy me levanté muy marxista, sí). Esto es: Capital & Trabajo. Por ello donde más se manifiestan estos retrocesos es en el ámbito de las condiciones materiales de vida, pues son las que afectan directamente a la ganancia del capital. Es verdad que cierto marxismo cultural enfatiza en que lo simbólico también forma parte de lo material y bla bla. Es cierto que para una pareja homosexual, por poner un ejemplo de un valor recientemente aceptado en nuestra socieadad durante el gobierno K (pero podría hablar del derecho al aborto, aún en disputa) no es lo mismo poder demostrar su amor libremente en la calle que no hacerlo, o tener derechos civiles al matrimonio y a la sucesión de bienes y demás, que no tenerlos. Pero lo que digo (hipótesis; todo lo que aquí escribo son hipétesis refutables; tranquilos, profesores) es que los valores afirmados y conquistados son como mojones en la conciencia social que una vez que se logran son mucho más difíciles de remover o de quitar para volver a un estado anterior. "Una idea es un modificador de la conciencia", sintetiza muy bien un pensador posmoderno español. En fin: ese avance hacia una mayor libertad permea en la conciencia y es más fácilmente “tolerado” o aceptado en las sociedades complejas modernas que se rigen por una racionalidad burguesa o capitalista.
Y aquí nos arrimamos más al nudo filosófico político del asunto: la libertad puede ser patrimonio de muchos gobiernos incluso de ideologías de derecha. La igualdad material no. La libertad (sobre el cuerpo, por ejemplo) siempre es individual, aunque se establezca por ley y rija para todos. Hete aquí la confusión que producen gobiernos de derecha que pueden parecer “a la izquierda” o progresistas defendiendo libertades individuales. La igualdad, en cambio, es colectiva, posee un matiz mucho más relacional que la libertad (hipótesis arriesgada). Por cierto, para que un gobierno (o una bandera levantada "desde abajo") esté más "a la izquierda" que otro debe perseguir las consignas igualitaristas en el sentido aquí planteado pero jamás a costa de las distintas libertades (como claramente es el caso de los populismos latinoamericanos).

Capital & Trabajo
Va la hipótesis tal vez más refutable de todas: quizá el capital acepte la ampliación de derechos (libertades) individuales porque en general no afectan directamente su rentabilidad. Me niego: sí lo hace, claro está; piénsese en una pareja homosexual, para seguir con el ejemplo anterior, cuyos miembros tengan derecho a tomarse días de trabajo -y así disminuir la productividad del capital- por matrimonio o por adopción de hijos. Pero claramente afecta mucho más la rentabilidad del capital una política de Estado de redistribución del ingreso (recordemos que la "distribución" es la que hace en primer término, per sé, “el mercado”), vía paritarias, vía política tributaria progresiva, etc., más ampliación de derechos laborales. Estos derechos también son valores pero más relativos o históricos -a falta de una mejor definición- que los otros, pues constantemente están en pugna, supeditados a las coyunturas de política-económica (esas que siempre mentan los gobernantes cuando asumen, diciendo que cambiaron, por lo cual no pueden aplicar las políticas que prometieron en campaña).
Insisto. El centro de mi planteo es la igualdad material y la definición de políticas públicas que están o no más "a la izquierda". El liberal que votó a Macri tiene muy claro que votó más "libertad", más "aire" respecto del autoritarismo mesiánico K, y menos planes sociales, bla bla. No hay demasiada discusión allí. A ese votante le interesan poco el tipo de medidas "sociales" que Macri anunció ayer sábado y que contradicen claramente sus expectativas. Y está muy bien que así sea. Cada uno tiene derecho a pensar y sentir como quiere y cultivar así su egoísmo. Por eso es importante el componente de libertad en la consecusión de una mayor igualdad material.

Derecha y... más derecha
Es siguiendo este planteo general hipotético que un gobierno de derecha puede incrementar la visibilización y penalización de violanciones históricas a los derechos humanos, como hizo el kirchnerismo, persiguiendo a los que ayer corrieron hacia la derecha las relaciones de fuerza Capital – Trabajo, eliminando vía desaparición forzada de personas a los sectores sociales más combativos, y mirando a la vez para otro lado en lo que respecta a los derechos humanos del presente. No hay contradicción ideológica alguna de fondo aquí. Es el movimiento hacia la Libertad actuando, y ello se da en la conciencia social (para no decir “de clase” y volver las cosas más problemáticas), que es lo mismo que decir que excede a un partido, movimiento político o gobierno, como el kirchnerismo. Cierto es que, como describió Marx en el 18 Brumario, hay momentos históricos de “empate social” en los que una persona o un gobierno pueden decidir una situación de crisis terminal: Duhalde en 2001 fue el que empezó a cerrar la brecha que se abrió entre representantes y representados. La operación la finiquitó el “Presidente fuerte” Néstor Kirchner. A eso Marx lo llama “bonapartismo”. El “Bonaparte” -no Napoleón sino Luis Bonaparte, a quien Marx despectivamente llamaba “el sobrino de su tío”, pues era un ser insignificante- parece que “arbitra” y lo hace de hecho, pero siempre a favor del Capital, incluso realizando concesiones sensibles al Trabajo. Eso fue el duhaldo-kirchnerismo. Ése fue el Estado “fuerte” o “presente” que vino con los K desde el Frío, y que por cierto de “presente” tiene muy poco, salvo para sostenerle la renta al Capital. En tal sentido, la masacre de Once y el modelo de subsidios y negociados para sostenerle la renta a los Cirigliano son las dos caras de esa misma moneda. Pero lo importante aquí es el sentido de la filosofía de la historia, la conciencia social que iba en esa dirección y reclamaba un “Estado fuerte” o “presente” (que siempre es “selectivamente presente”, como bien señala Loïc Wacquant), y de ahí el “giro discursivo” en la palabra del poder respecto de “los 90” a esta década “ganada” que perdimos.

Políticas públicas y discursos políticos
 Iba y va aún en ese sentido esa conciencia social que todavía es la nuestra. Por eso también el inteligente “giro discursivo” estatalista de Macri de julio de 2015, que señalé en su momento (ver captura de pantalla: click para agrandarla).
A este respecto, cabe decir lo siguiente sobre los despidos masivos en el Estado que viene haciendo el actual gobierno: para nada pueden ligarse a los despidos de los 90, que a todas luces buscaban “podar” el Estado en pos de un “Estado mínimo”. Lo que se sostiene desde el discurso oficial es “profesionalizar” la burocracia pública, poblada de “leales al líder” en la década pasada. Cierto es que hasta aquí ni se logró este punto y lo que se ve es una simple “limpieza”, como que tampoco se logró fortalecer al Estado con capacidades de gestión y control que le fueron arrebatadas en los tempranos 90 con el paquete de leyes de “reforma del Estado” que llevó adelante el peronismo menemista con el apoyo legislativo inicial del radicalismo (en una verdadera muestra de acuerdo transversal y de política de Estado, bien que a la larga contraria a los intereses del pueblo), y que continuó intocado en la falsa “década ganada”, más allá de algún reposicionamiento de las “porosas fronteras entre Estado y sociedad” (Oszlak). Y dicho esto es menester aclarar un equívoco bastante habitual en cierto progresismo: más Estado no es estar más “a la izquierda”. En general son los gobiernos de derecha los que reslizan mayores intervenciones selectivas en la economía para incrementar la ganancia en favor del capital. Aquí y en el mundo. Insto a repasar Marx o Polanyi. Alcanza como ejemplo práctico la Convertibilidad de Cavallo: ¿qué mayor intervención en la economía, acaso, que pisar por ley el valor de la moneda nacional?
Cierro esta desordenada lluvia de hipótesis con el planteo principal: para no caer en cambalaches analíticos creo que las comparaciones entre kirchnerismo y macrismo son más fructíferas allí donde son parecidos, no donde difieren claramente (esto último es: en el aspecto de la libertad individual ensalzada por uno y relegada a raíz de una tara ideológica por otro). Y son parecidos en la dirección de las políticas públicas que tienen que ver con la igualdad material en las condiciones económicas de vida y de trabajo. Y es en este sentido específico que el macrismo no es lo opuesto al kirchnerismo, como si se tratara de la “izquierda” frente a la derecha, sino su complemento, su continuación en el momento histórico posterior al total cierre de la brecha de crisis que se abrió en el 2001-2002, momento tras el cual las relaciones Capital – Trabajo volvieron a estabilizarse a favor del primero.
Hay un punto crucial en el que las estrategias del Capital y el Trabajo coinciden: es el desarrollo de las fuerzas productivas (punto por cierto puesto en cuestión ya desde fines del siglo XIX con la financierización del capital y la aceleración en la generación de ganancia que ello implica): en teoría el Capital busca ese desarrollo para obtener más ganancia, y, en teoría también, eso expone más la contradicción entre esos dos actores centrales del modo de producción genérico y característico de la modernidad. En este marco de análisis, la “década ganada” careció de tal desarrollo, pues fue la gestión “de lo que había” hasta que se acabó o se gastó; una forma de atraso, en fin.

Del kirchnerismo al macrismo: ¿giro a la derecha o profundización?
Omitir estas consideraciones lleva a pensar erróneamente que el macrismo representa "un giro a la derecha" respecto del kirchnerismo, como postula Svampa, cuando en rigor se trata de una profundización de políticas de derecha con concesiones estratégicas a los sectores bajos, que comenzaron en 2001 con Duhalde y se afianzaron con los K. Unos pasos más adelante de este peligroso error está el darle la razón a CFK cuando se preguntó retóricamente, esta semana en las escaleras de Comodoro Py: "Piensen cómo estaban en diciembre y cómo están ahora". Avanzando en este razonamiento incompleto y falaz, podríamos preguntar, del mismo modo: "Piensen cuándo estaban mejor, si el 9 de diciembre de 1999 o el 20 de diciembre de 2001"... ¿"Que vuelva Carlo", entonces?
Nótese que en ninguna línea de este texto se habló de la hoy tan en boga mediática "corrupción k". Pues, en efecto, lo más grave del kirchnerismo no fue toda la que se robaron sino vender una revolución liberadora mientras en verdad esclavizaban al pueblo, atándolo a la figura proveedora del Estado encarnado en el "líder bueno". Precisamente por esa estafa ideológica es que el populismo K es mil veces más nocivo que la actual derecha gobernante. De esto costará mucho salir...
Creo, volviendo al eje de este post y ya para terminar, que nos urge como país plantear, de una vez, la cuestión del desarrollo (económico, productivo, y también urbano, por cierto). Y recién allí entonces, inevitablemente, aparecerán en agenda, como nunca, las condiciones materiales de vida objetiva de los sectores sociales más postergados. Recién allí comenzaremos a discutir el problema de fondo, que ni radicalismo, menemismo, kirchnerismo o macrismo plantea(ro)n en sus agendas de gobierno, que es el de la igualdad material.

* Replico aquí los comentarios también desordenados que le hice a Svampa en su Facebook:
Me parece que en el -muy loable y emulable, por cierto- afán de criticar al macrismo y al kirchnerismo se establece una oposición ideológica entre ambos que no existe, y esta matriz de análisis lleva a hablar de "giro a la derecha", cuando quien gobernaba hasta diciembre también era la derecha. No me parece un detalle. Al contrario: esta confusión me parece gravísima. En todo caso, tengo para mí que debería hablarse de una "profundización" de las políticas de derecha que se vinieron aplicando en los últimos años. Quizá esta confusión provenga de la complacencia de cierto progresismo que entiende que "menos Estado es derecha y más Estado es izquierda". La historia, por cierto, demuestra lo contrario; aquí y en el mundo (repasar Marx o Polanyi). Quizá el progresismo que cree que el keynesianismo fue de centro izquierda y no la reacción más lúcida de la derecha que vivió, pensó y administró la entreguerra. Esto muy groso modo. Yendo un poco más a algunos detalles de tu muy interesante nota, Maristella, creo que si cuestionamos a La Cámpora como "agencia de colocaciones" (para usar la gráfica figura del Turco Asís), creo que cuestionar los despidos merece mayor detenimiento. Pues si bien es cierto que el macrismo parece estar haciendo una "limpieza" no menos cierto es que el Estado, la administración pública (la cual en otros países es de carrera, y está muy bien considerada), fue poblado en estos años con leales, como una de las formas encubiertas (además del engaño estadístico y demás) de ocultar la falta real de políticas de desarrollo, productividad genuina y empleo. De ese desastre venimos. Que hoy no se ha revertido, por cierto. Y es en este sentido que no me parece menor la descripción, desde mi punto de vista bastante gentil, de los programas sociales implementados por el kirchnerismo como "cierta inserción dependiente", pues... ¿entonces su sentido era el correcto y lo que estaba mal era esa dependencia (política, del líder (del líder bueno))? No quisiera olvidar, en este punto, todos los movimientos sociales que buscaban desarrollar su autonomía política, y económica, intentando "pensar sin Estado" (claramente, los MTD), y que fueron cooptados y devastados por el kirchnerismo... Por ello, desde mi punto de vista el kirchnerismo no fue un "Estado social", como decís; fue la típica estrategia burguesa contemporánea: la copa derramó, en la abundancia (histórica). Eso en los primeros años. Los últimos años aparecieron los Proyecto X, represiones varias, devaluetas groseras, etc., etc.. En fin, no quiero extenderme. Simplemente me parece que hay que ser ideológicamente mucho más severo con el kirchnerismo, en función de su estafa ideológica, por más que el macrismo sea el diablo en persona, la derecha encarnada. Caso contrario, volveremos a tropezar con la misma piedra populista, y a sufrir una nueva decepción como sociedad. Y nunca pensaremos, por fin, el desarrollo (la "década ganada" fue la gestión del atraso).
También, y perdón x insistir, se habla de "profundización de la grieta" erróneamente, pues "la grieta" o el clivaje político, en rigor, fue el dispositivo discursivo específico de dominación del kirchnerismo. Y no veo que el macrismo apele a ello para gobernar.
Este tipo de separaciones societales se construyen desde el poder (rara vez desde abajo). Fue el poder anterior el que azuzó el clivaje pueblo/antipueblo. No Macri. Y aprovecho para aclarar: clivaje NO es sinónimo de desigualdad social; puede haber sociedades muy desiguales no clivajizadas. O sociedades más o menos iguales y muy clivajizadas x cuestiones religiosas, nacionalistas, etc. Si a alguien le interesa lo describí hace años aquí:
Gracias por ayudarme a pensar, Maristella

2/11/15

SCIOLI O MACRI: derecha clásica o derecha disfrazada de progre

 

Daniel Osvaldo Scioli o Mauricio Macri. Uno de estos dos argentinos va a gobernar el país a partir del 10 de diciembre de 2015. Irremediablemente.  "Voto en blanco" no gobierna. "Impugnado", tampoco. Afirmación fuerte desde el vamos: en el delicado contexto que viven las instituciones argentinas (que la frase presidencial "Vamos por todo" sintetiza como nada) y la paupérrima situación social y económica, el voto en blanco es tal vez como nunca antes un lavarse las manos: lo harán aquellos que pretenden mantenerse en el hegeliano universal abstracto, puros e incontaminados, para después terminar sus implacables -y seguramente pertinentes- críticas al próximo Presidente con un "Yo no lo voté".
Hay que empezar el análisis sosteniendo categóricamente que nunca un proyecto político argentino gobernó cuatro  períodos consecutivos en democracia desde la reforma electoral de 1912, ni fue tan mesiánico ni concentró tanto poder (e hizo proporcionalmente tan poco por la equidad social) como el kirchnerismo. Poderoso pero, a la vez, generador de políticas públicas deliberadamente "frágiles". Es lo que llamo el "círculo vicioso populista":

Gobiernan x decreto >> los "beneficios" dependen del paternalismo y la "bondad" del gobernante >> gobiernan apelando al miedo >> sólo ellos son proveedores.

Muchas de las políticas sociales o planes del kirchnerismo salieron por decreto (la AUH primero salió por decreto, también). Tan solo un ejemplo: el PRO. CRE. AR. Si el PRO. CRE. AR. hubiera salido por ley, mañana sería necesaria otra ley para darlo de baja. Pero salió en 2012 por el Decreto 902 (menciono este plan porque fue utilizado en estos días por el kirchnerismo para sembrar miedo diciendo que se podría dar de baja). Como tantos otros planes. Con otro decreto caería(n). A los K les sirve ciertamente para crear pánico entre los pobres y beneficiarios.Y si esto parece exagerado, véase el ridículo tuit de la ministra de Economía de Scioli, Silvina Batakis.


Recuérdese: hay activos unos 18 millones de planes en la actualidad, que reciben más de 10 millones de argentinos. Una cantidad nada despreciable (de votos). Así gobierna el populismo: crea políticas públicas paternalistas y frágiles y luego mete miedo sobre esa debilidad institucional.
Entonces, ¿Scioli o Macri? En otras palabras: ¿darle más poder a la derecha gobernante o votar otra derecha? Esas son, para mí, las pobres alternativas que nuestra dirigencia política contemporánea ha sabido construir para presentarle a la sociedad. ¿El kirchnerismo, de derecha? Por supuesto. Esa cuña argumentativa es la afirmo desde el nacimiento de mi blog. Por eso, lo primero que les pregunto a los ridículos que azuzan que "se viene la derecha" (como si ya no gobernara) es: ¿con qué índice de pobreza se fue Menem en 1999 y con qué índice de pobreza se va CFK en 2015? Comparemos. Comparemos también en cuánto está la deuda pública, a pesar de los 190 mil millones de dólares que se jacta de haber gatillado la "pagadora serial". Lo demás es cháchara. Jamás responden (no hay respuesta en el caso de la pobreza, por cierto; porque el oficialismo hace dos años que escondió los pobres bajo la alfombra estadística). Otra pregunta, no tan "zurda", más desarrollista, podría ser: ¿qué importa la Argentina, y qué exporta? Qué rol ocupa en la división internacional del trabajo, en fin.


¿"Vuelven los 90"? ¿Se viene la ALIANZA?
Si "vuelven los 90", ¿Macri privatiza YPF con el apoyo de la Gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, como el que le dio Néstor al Carlo?
Si gana Macri, los menemistas que entregaron YPF a Chevrón, la cordillera a la Barrick, la Patagonia a los chinos, la pampa húmeda a Monsanto y la soberanía jurídica a Irán, prometen "resistencia" frente al neoliberalismo. El chascarrillo pone en tela de juicio que los 90 hayan dejado de gobernar en esta "década ganada".
"Macri es la Alianza", repite y repite Scioli. ALIANZA: Conti, D'Elía, Alicia Castro, Chacho, Garré, Ibarra, Sabbatella, Filmus, Giorgi, Abal Medina (h), etc., etc. Todos funcionarios actuales del gobierno nacional y popular. Desde 1983 a la fecha, Argentina ha tenido liderazgos carismáticos. El único presidente "racional" o no carismático se terminó yendo en helicóptero. Eso es lo que está detrás también del recuerdo de la ALIANZA: la amenaza del desgobierno. No obstante, el escenario si gana Macri será muy otro: en principio, ya no estarán los Barones para punchear. No es un dato menor. Creo, en efecto, que aún no hemos dimensionado bien el valor histórico -y el poder- del voto del 25 de octubre. Por lo demás, hablando de la ALIANZA y del 2001, ¿quién da más De la Rúa: Macri o Scioli?

¿Scioli o Macri?
Me atrevo a sostener la siguiente hipótesis: si gana Macri y (1) termina el mandato y (2) no administra la cosa pública taaan desastrosamente (esto es: si no encara un suicida ajustazo sin anestesia), el sistema político argentino puede reconfigurarse hacia un levemente cambiante pero aceptable y estable bipartidismo. Esta constituye una posible consecuencia positiva -en términos de gobernabilidad y de juego político republicano- de una victoria del PRO: acabar con la dominancia del "partido predominante" argento: el peronismo. Gobierno y oposición.
Creo que el contexto histórico y político argentino está dado para ello. En efecto, Massa fue sutil en su conferencia de prensa pos elecciones y de cara al balotaje. Dijo sin decir. Massa apoya "el cambio" si el cambio se da con diálogo. Pretende ser un "opositor dialoguista". Apuntalar la gobernabilidad. Intentará ser a Macri algo así como lo que fue Cafiero para el débil Alfonsín de la vuelta de la democracia. Pero también Massa aportará la necesaria dosis de freno al oficialismo, si logra ubicarse, como pretende, como líder opositor. Ya casi lo es. Scioli carece de liderazgo y se extinguirá el mismo 22 de noviembre si pierde el balotaje. Cristina tiene liderazgo y ascendencia, pero sólo entre los suyos, el kirchnerismo duro, cada vez más esmirriado. Cristina también es abanderada de la derrota, junto con Scioli y Aníbal Fernández, que obtuvo menos votos aún que Herminio Iglesias en 1983. Demasiado desastrosa la performance de algunos peronistas como para ser cabeza de algo.
Y a esta división del peronismo se le suma el hecho de que una eventual victoria de Macri colorearía de amarillo el gobierno nacional, el porteño y el bonaerense: algo inaudito desde hace 18 años, lo que podría redundar en políticas consensuadas y muy beneficiosas para el AMBA, que las necesita con urgencia.
Néstor asumió en 2003 con la idea de ir contra los Barones del Conurbano. A poco de andar vio que no podía y se unió a ellos. Al final, a estos feudales o "minigobernadores" (es precisa la metáfora del Turco Asís) los terminó corriendo el voto popular. ¿Moraleja? No hay que menospreciar el poder del voto. Digo esto porque, no todos, no sé cuántos, pero estoy convencido de que habrá mucho "voto vergonzante" de los dos lados el 22 de noviembre: a derecha y derecha. El lunes posterior a la elección general me encontré con cuatro conocidos que hasta la semana anterior me decían: "Noooo. ¡A Macri? A Macri no lo votaría ni en pedo", y que ante la repregunta respondieron: "Y... ahí en el cuarto oscuro me jugué y tome la decisión. Ni yo lo tenía pensado. Pero me dije: 'basta de kirchnerismo'". Tengo para mí que fueron más de cuatro los que actuaron así. Por eso, no pudo anticiparse semejante resultado, en parte.
Mi pálpito, además, es que el voto en blanco + ausentismo (una forma tal vez menos culposa o traumática de afrontar el momento de decisión electoral) va a ser mayor en el balotaje que en la general, donde hubo 596.025 votos en blanco. ¿Cuántos de los 619.051 votos que obtuvo Stolbizer "ganarán" votando ahora blanco? Aníbal F no estará para transformar el voto horror en voto a Vidal/Macri. En las generales votó un 79% del padrón electoral: un 5% más que en las PASO. Pero ahora es a cara de perro: Macri o Scioli. Y ambos espantan a muchos.


El "mal menor"
"El concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existe, a reforzarla".
El fragmento de texto que acabo de citar sobre el "mal menor" es del gran pensador marxista italiano Antonio Gramsci. No se me escapa este gran peligro latente que representa Macri. Soy consciente de que la sociedad argentina toda, empezando por la dirigencia política, oficialista y opositora, me lleva a optar por uno de estos dos... candidatos. Scioli o Macri representan cabalmente las "opciones" políticas que nos deja un gobierno que destruyó a la oposición y no supo formar sucesor. No quiso, en rigor: "la patria" para estos MM (mesiánicos y mezquinos) "empezó" en 2003 y termina cuando se van Ellos. Después: arreglate.
Los que me conocen saben que no soy de hacerme el oso. Votaré al "mal menor" para derrotar en las urnas al autoritarismo mesiánico de los K. Y mañana criticaré al Presidente que voté seguramente con más fundamento y sin duda con igual derecho que aquellos que votaron al otro o escaparon por la tangente incolora e indolora de la historia.
En esta particular encrucijada política argentina, tengo muy claro que opto por la derecha que tiene los huevos de asumirse como tal antes que por la derecha que se disfraza de izquierda o de progre para cazar giles, para decirlo en criollo. Esta última me resulta mucho más dañina. Al pasado reciente, y no tanto, me remito.
Nótese que en mi análisis no hay una sola línea sobre economía. Me concentro en la configuración que podría tomar el poder luego del 10 de diciembre. El papel y el poder que tendrán entonces el oficialismo y -quizá por primera vez en mucho tiempo- la oposición. Detrás de la persona, de Macri o de Scioli, lo que se observa es eso: la posibilidad de una disputa republicana, en un caso; o la continuidad de la democracia absoluta, en otro. En tal sentido es que sostengo que, si bien ambos candidatos orientados en el mismo costado del espectro ideológico, Macri y Scioli no son -no comportan- lo mismo. En efecto, Macri podría estar bailando en la foto que encabeza este post, pero también podría estar haciendo equilibrio (de poder).
Pero, ¿a quién le importa el poder si, como azuza el oficialismo por estos días, en una triste apelación al miedo como recurso de campaña, de "ganar Macri va a bajar los sueldos"? Importa: porque de hecho la posibilidad de sostener en el tiempo una política de ajuste -como la que de hecho gradual pero inexorable viene sosteniendo el kirchnerismo; no lo olvidemos- depende en gran medida de la capacidad de freno de la oposición, que como digo quedaría bastante diezmada de ganar Scioli. "Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger", para decirlo con una canción popular de protesta.
"Solo el peronismo puede gobernar Argentina", reza una máxima... peronista. El ingenioso pueblo argentino ha decidido ponerla en suspenso o a prueba, echando con el voto a los Barones de Conurbano y al peronismo del gobierno provincial. En tal sentido, la elección del domingo 25/10 me confirmó una certeza profunda: NO SOMOS NI SEREMOS VENEZUELA.


Quizá suene demasiado optimista o cándido, pero creo que el pueblo argentino se cansó y se animó a decir BASTA a los gritos, a la soberbia, a la prepotencia y a la extorsión moral y económica. ¿Se animará a sostenerlo en el balotaje o podrá más el miedo? Como digo siempre aquí en mi blog: al pueblo le sobra pintura... No lo jodan.
Nada se habrá ganado (ni "ganado") si en el balotaje triunfa "el cambio". Será, apenas, un primer paso. Importante, mas solo un primer paso: una puerta que se abre hacia la posibilidad (he repetido mucho esta palabra en este texto, no casualmente) de recuperación del Congreso, y con él la chance -¡posibilidad!- de iniciar el camino de las políticas más duraderas en el largo plazo, que son las consensuadas; de la Justicia, del federalismo, de un sindicalismo honesto, de un Indec sano (los ojos del Estado), y demás. Será un volver a empezar.
Porque no es cierto que se necesita un Leviathan moderno, como creían Schmitt o el último Laclau, para lograr políticas públicas a favor del pueblo. El kirchnerismo -que no es para siempre- lo demostró en estos años en que tuvo la suma del poder público y ni siquiera puso en agenda algo elemental: una reforma tributaria progresiva. Y somos el país con más carga impositiva del planeta.

¿Del "mal menor" a la república?
Este "mal menor" que es para mí Macri abre, quizá a su pesar, pero ciertamente a partir de la configuración objetiva del reparto del poder que configuraría, un posible escenario republicano hace tiempo extraviado en el juego político argentino. El problema es  que no sólo los gobernantes (que se creen "buenos" y providenciales) sino tampoco los argentinos somos republicanos. Ni siquiera lo son los que creen ser republicanos y no saben de qué hablan: solo apoyan a otro líder "bueno". Es la visión instrumental del Estado, demodé, de creer que ocuparlo con "nosotros, los buenos" los problemas se van a solucionar per sé. No necesitamos que ganen "Nosotros, los buenos" (Donda dixit), ni los "honestos". Eso es mas mesianismo, más kirchnerismo. Necesitamos república: división de poderes y controles. Una república fuerte corrige sola errores o desviaciones corruptas.
El sociólogo Juan José Sebreli -y muchos perejiles a partir de él- dice que la opción es "populismo o democracia". FALSO. El populismo es la versión moderna de la vieja democracia griega. La opción es populismo o república. ¿Qué significa república? En primer lugar, un sentir y una convicción profunda: y es que los hombres son malos, por eso necesitan gobiernos; y que los poderosos son más malos aún, por eso necesitan control, como admirablemente sintetizó James Madison. Ésa es la base del republicanismo moderno. La fe -el sentir- del populismo, en cambio, es que el hombre es bueno. Y que el líder es el más bueno de todos. Así nos va. En fin. ¿Se entiende ahora por qué importa poco la honestidad de un político? Porque el republicano no cree en prohombres sino en LA LEY. El hombre sólo es libre siendo esclavo de la ley. Una ley justa y pareja para todos. No, por cierto, una ley que sólo rija "para los enemigos".



En síntesis, las dos opciones que compiten por la Presidencia no representan un modelo de país demasiado diferente. Pero Macri es, desde mi punto de vista, la única que ofrece en el horizonte político la posibilidad -otra vez "la posibilidad"- de desactivar esta democracia delegativa (O'Donnell) y tan peligrosamente clivajizada en que hemos vivido esta "década ganada", de que se retire el deseo de una democracia absoluta y de empezar a apuntalar una república y resolver los distintos intereses legítimos que se manifiestan y se expresan en las complejas sociedades contemporáneas a partir de las instituciones. Será responsabilidad de todos construir un alternativa superadora para 2019 pero, por ahora, "es lo que hay", como dicen en la calle.
En lo personal, desde el 10 de diciembre seré, como siempre, el primero en observar las decisiones políticas del nuevo Presidente y en cuestionar lo que considere cuestionable. Gane quien gane.
Sepa el pueblo votar.

15/4/15

Los K, el derrame, y el menemismo que los parió


"El único que derrama es el Estado", dijo ayer CFK en un discurso en la presentación de una nueva línea de producción de autos de la japonesa Honda, en Campana. Pretendió con ello criticar a los empresarios y defender el salario. No afecten la demanda y "traigan la que se llevaron", cacareó. Lázaro y compañía carraspeaban, donde quiera que estén. Y ni hablar de los recordados -y evaporados- "fondos de Santa Cruz".
Pero vamos al sustrato ideológico de lo dicho por la Presidenta: nada más noventista que reactualizar la "teoría del derrame". En este sentido, caben algunas breves pero importantes precisiones, que me llevan a actualizar el blog.
La neoliberal "teoría del derrame", muy en boga en los noventa en Latinoamérica y sobre todo en Argentina de la mano de Cavallo y Menem, sostiene groso modo que la copa derrama solo una vez que se llena. Esto es: en la opulencia. En otras palabras: sólo cuando los ricos se llenan bien los bolsillos "derraman" algunas migajas a los pobres. Y esto ocurre en el ámbito privado.
Sin embargo, la función del Estado, y de quien sale del ámbito privado y se dedica a la política, en teoría para servir al interés general, no es "derramar" sino asegurar la redistribución de los ingresos con un criterio de justicia social. Pero aún pasando por un momento por alto el error conceptual de la Presidenta de la Nación, hay que decir que un Estado sin crecimiento y casi en recesión como el nuestro muy difícilmente podría "derramar"; un Estado que se financia con los fondos de los jubilados y del Banco Central, o con emisión monetaria que genera una inflación galopante que corroe el salario del trabajador, y un Estado en cuya economía gravita centralmente el peso de la deuda, lo que hace es, antes que "derramar" de arriba abajo, todo lo contrario: quitarle bienestar a los más pobres para compensar a otros igual de pobres, sin alterar el flujo de transferencias ricos pobres, que "la juntan en pala", como siempre se jacta Cristina Kirchner. Me remito por caso a la regresiva política tributaria de la "década ganada".
En síntesis, el desliz neoliberal de Cristina sólo la muestra como lo que en verdad son los K: una reactualización contemporánea del menemismo que los parió.


24/4/14

Problemas de empalme entre relato y realidad

Ayer a la tarde, el Gobierno nacional tenía programado dar a conocer los datos de pobreza del segundo semestre de 2013. Sin embargo, abruptamente el ministro de Economía, Axel Kicillof, levantó sin dar explicaciones la conferencia en que difundiría esos datos públicos. Esto es: de todos.
Hoy, bien temprano, en su habitual conferencia de prensa diaria en la que suele usar muchs palabras para no decir nada, el Jefe de Gabinete, Jorge Milton "Coqui" Capitanich, explicó -leyendo un papel, como nunca hace; como si repitiera un libreto- la grave omisión. Dijo que se debíó a "problemas metodológicos", "de empalme" entre la anterior forma de medición y la que se comenzó a implementar a comienzos de año.
Luego de ello, en declaraciones a Radio Mitre, la ex directora del Indec Cynhtia Pok sostuvo que "no hay nada que empalmar porque los datos que debían presentar corresponden al segundo semestre del año pasado, y el año pasado estabamos con la misma canasta. El Índice de Precios Nacional y Urbano no tenía nada que hacer ahí".
Para abundar en los detalles de este grosero bolazo del "empalme", recomiendo también esta nota de hoy del periodista Gustavo Noriega.

Pobreza Cero
Oficialmente, Argentina no sabe cuántos son sus pobres e indigentes. Difícilmente pueda atacarse un problema que "no se ve" o del cual se tiene una difusa dimensión.
La última dictadura juntaba los pobres en un camión y los tiraba en otras provincias. Es lo que hacía el general Antonio Domingo Bussi en Tucumán. O levantaba muros en las villas para ocultar los pobres. Aquí nomás, en la villa 31. El camino de ese ocultamiento lo mostró el intendente Cacciatore.
Los nuevos fascismos son más sutiles y simbólicos (pobre Bourdieu): levantan muros estadísticos.
Como diría Videla: No están ni muertos ni vivos, están desaparecidos... de las estadísticas públicas, los pobres. Invisibilizados, para usar una palabra que le encanta a los foucaultianos comentadores del gobierno nacional y popular.
El número que habría debido dar el Indec, luego de su lavada de cara, hubiera sido cerca de tres veces menos que el que estiman consultoras y organismos privados, esto es: alrededor de un 30% de pobreza real y cerca de un 10% de indigencia. Incluso son llamativos e incoherentes con el cálculo oficial los números que darían si se tomara en cuenta el Plan Precios Cuidados, como lo demostró el martes el periodista Marcelo Zlotogwiazda en TN. Puede verse el original e interesante análisis aquí:



En síntesis, lo que en rigor los K no llegaron a empalmar es el "relato" con la realidad. Pobreza Cero. Ni el menemismo se atrevió a tanto.
El kirchnerismo lo hizo.
Esto puede ligarse con otro hecho. En su cadena nacional de ayer al mediodía en la que relató las bondades de la "revolución ferroviaria", la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, aludió por tercera vez en la misma semana a "la herencia" que dejará el kirchnerismo, al "futuro" luego de 2015. Entre otras cosas, señaló con preocupación: "Que no vuelva el discurso privatizador". Fue la advertencia con la que nació, años ha, este blog y que pueden releer aquí.
Esta semana marca, claramente, un punto de inflexión en el "relato" oficial: CFK ya no sólo reescribe el pasado sino que ya se esfuerza denodadamente por escribir -inscribir- y apuntalar el futuro; un futuro escrito (de antemano): la bella herencia del kirchnerismo. Los modernos "bitrenes" que no tienen vías donde rodar porque los ramales siguen cerrados o porque las vías están deterioradas por la falta de inversión, la nueva Pobreza Cero, etc., etc., pero nunca el "hambre de agua" en la Formosa del gobernador K Gildo Insfrán, para citar sólo un caso emblemático.
Es así: en la fase de retirada del kirchnerismo, el "relato" se preocupa por granhermanear aquello que inevitablemente lo excede: el futuro. Así de ridículo, patético, y, en fin, autoritario.
Sin embargo, parafraseando al mítico "cuento más breve de la historia", el del dinosaurio del genial escritor guatemalteco Augusto Monterroso, podríamos decir:


Cuando se despertó, los pobres todavía estaban allí.

15/1/14

Obviedades

Hace años que, desde este blog, quien suscribe viene "provocando" con la abrumadora cantidad de "coincidencias" entre menemismo y kirchnerismo, o menemkirchnerismo; eso que hoy para el común de los argentinos mínimamente formados e informados es la más obvia de las obviedades, como dice el constitucionalista Roberto Gargarella en Perfil del domingo pasado, en el artículo que ilustra este posteo (el primer posteo del año del Mundial, señores).


Menemismo y Kirchnerismo: el mismo cinismo del poder, la misma corrupción -con distinto método-, la misma asesina ausencia del Estado (o presencia selectiva, en rigor).
El de Gargarella es un texto digno de recuadro. Y de recuerdo. Por eso quiero dejarlo consignado en este espacio. No sin dejar de notar que, con todo, Gargarella olvida que también la estructura jurídica del Estado es la misma de hace 20 años, fruto del famoso paquete de primeras 20 leyes madre (reforma administrativa y financiera, etc) acordado entre el radicalismo saliente y el peronismo entrante al poder, que dejó un Estado podado e incapaz, por más empresas estatales y servicios públicos (o Kajas) que hoy se hayan "recuperado", como se cacarea desde La Cámpora y demás benefactores del calor del poder. Lo decimos una vez más en este blog: reestatizar no es capacitar al Estado.
Destaco, por último, el que Gargarella haga tanto eje en algo que desde aquí también marcamos (por su ausencia) y que es la contracara del clivaje político (ver post "El clivaje político: la peor herencia K") que revivieron los K en estos años de gobierno para acumular poder: la fraternidad. Recuperar la confraternidad entre hermanos será una tarea que llevará años a las próximas generaciones de dirigentes argentinos.
Aquí, el link al artículo publicado en Perfil.


6/10/13

Arritmia y hematoma, ¿efecto luto 2? La degradación de la palabra oficial


Cristina Kirchner, la presidenta argentina más poderosa de la vuelta de la democracia al país, padece una "colección subdural crónica", según informó ayer el vocero de prensa del Gobierno nacional. "Cristina Fernández sufrió un traumatismo de cráneo el 12 de agosto", expresa el parte médido oficial que leyó Alfredo Scoccimarro. Por ese hematoma craneal, la Presidenta deberá permanecer un mes -otra vez: un mes- en reposo. ¿Lo cumplirá? ¿Qué hará el peronismo? ¿Y la oposición?

El mandato constitucional para el ejercicio de la Presidencia en Argentina es de 4 años: 48 meses. Sin embargo, el segundo mandato de CFK durará 47 meses, a partir del reposo por 30 días que le recomendaron los médicos por su hematoma craneal del 12 de agosto y dado a conocer recién ayer. La arritmia presidencial consecuencia del traumatismo sufrido por Cristina es grave.
Es grave, ciertamente, para la salud de la primera mandataria y para la salud de la república. En términos médicos, es de esperar que Cristina cumpla el mes de reposo o todo el tiempo que necesite para reponerse y volver a ejercer la primera magistratura en plenitud de sus capacidades físicas y psíquicas. En términos políticos, este corrimiento momentáneo de Cristina del centro de la escena abre un sinfin de especulaciones e inquietudes, no sólo de palacio sino también en el ciudadano de a pie.

Nos habíamos Amado tanto: Boudou Presidente
Por un mes, o hasta que Cristina se reponga, Amado Boudou ejercerá la Presidencia de la Nación. Es un curioso golpe de timón, pues el cuestionado guitarrista estaba alejado de la campaña electoral por "piantavotos" y de repente se encuentra como Presidente en funciones. Boudou es un paria político, carente de buena imagen en función de sus más de 50 causas penales abiertas por presuntos delitos cometidos desde la función pública, de los cuales el affaire Ciccone es el más conocido. Boudou es un funcionario sin autoridad. Esto lo saben bien los peronistas. Las internas pueden ser crueles. Esta hipótesis hace suponer que Cristina no se despegará del todo del ejercicio del mando para mantener controlada a la tropa.
Por lo demás, es algo obvio, pero vale recordarlo: Boudou es el Vicepresidente que eligió CFK. Ella solita.
Con Boudou Presidente, octubre será un lindo mes para leer en la prensa oficialista las crónicas de la Revolución Progresista... encabezada por el ex UCEDE. Tal vez al menos por este mes los k tragarán saliva y no le pegarán a Massa por noventista y neoliberal...
De contradicciones está lleno el gobierno "nacional y popular".

La degradación de la palabra oficial
En las pocas horas que van desde que se conoció el diagnóstico de la salud de Cristina, lo que más llama la atención es la poderosa sospecha que la mitad del pueblo argentino expresa a quien quiera oirlo.
En efecto, a la par del esperable y loable #FuerzaCristina de los militantes k, en las redes sociales se leen todo tipo de conjeturas. Como por ejemplo esta frase: "las ratas son las primeras en abandonar el barco". O la que con su habitual humor sucinto y cáustico vomitó el @GoronelGonorrea: "Los números dan mal, se borra un mes".
Muchísima gente desconfía hoy del traumatismo de CFK como ayer se mantenía incrédula de la muerte del mafioso Alfredo Yabrán. Tal es el nivel de la degradación de la palabra oficial.
No es para menos. El kirchnerismo tiene un historial de plantarle trampas al pueblo. Negación de la realidad (cepo, inflación, inseguridad), falseo de datos y estadísticas públicas, obras inauguradas decenas de veces, pasando por la inolvidable berretada nestorista de los "candidatos testimoniales" hasta la detección de un falso cáncer de CFK (imperdonable, por imprudencia o por inescrupulosidad). Todo parece trampa. Todo contribuye a la degradación de la palabra oficial que termina en la sospecha actual. O habría que decir: "todo resta" a que crezcamos como país basado en el diálogo, el consenso y en la legítima expresión de los diversos intereses que habitan en las complejas sociedades contemporáneas.

¿Efecto luto 2?
Las preguntas que abre este nuevo escenario son muchas. ¿Un respiro para el oficialismo? ¿Se aleja 2015?
Cierto el problema de salud o maniobra, y más allá del tiempo -completo o parcial- de reposo, sin dudas Cristina no dejará pasar la oportunidad y le dará un uso político a su preocupante arritmia. Como lo hizo con el embarazo perdido de su nuera o el cáncer curado de su candidato Martín Insaurralde, o por cierto con la misma muerte de su marido. Sería una especie de nuevo y curioso "efecto luto"... en vida y propio. El kirchnerismo, también lo sabemos, es experto a la hora de victimizarse.
Pero, guste la comparación o no, lo cierto es que este nuevo cuadro clínico-electoral plantea para la oposición un escenario similar al del luto tras la muerte de Néstor Kirchner: ¿cómo se le pega a una Presidenta frágil? Alguien me respondió por Twitter, con un humor bastante ácido: "Con una Massa". Los políticos opositores se apuraron a enviarle a CFK los previsibles deseos de que se recupere. Pero también salieron los perros ladradores. El primero fue el diputado ultra K Edgardo Depetri, que bramó: "Sería lamentable que alguien piense en hacer campaña con la salud de Cristina".
Y hablando de Néstor, es de esperar que Cristina cumpla el mes de reposo y no repita el proceder del ex presidente que, para no mostrarse débil -es un axioma político que "un presidente enfermo es un presidente políticamente débil"- siguió y siguió y sabemos qué pasó...
Insisto. No es un dato menor que la mitad del pueblo argentino no le crea al Gobierno ni sobre el percance de la salud presidencial. Significa una profunda degradación de la palabra (oficial), que es, en definitiva, una degradación de la política misma.
Yo no tengo dudas de la gravedad del problema de salud de Cristina. Por otra parte, antes que un "voto lástima", en tren de elucubrar conspiraciones, imagino a los K muy consternados por la salud de su líder y pidiendo que Cristina deje el poder para preservarse (una línea más, para llevar esta hipótesis hasta el final: de ocurrir algo así, el kirchnerismo terminaría con un curioso y paradójico clamor (auto)destituyente...). Difícil que suceda.
Pero lo lo que no es una conspiración es que el traumatismo de Cristina pone sobre el tapete una vez más -y van- la fragilidad de los cambios no institucionalizados del populismo gobernante: un simple resbalón puede tumbar todo lo "ganado" en esta década a golpe de declamación y telefonazo, en un poder tan concentrado y personalista como el de Cristina Fernández de Kirchner. Y después hablan de "republicanismo abstracto"...
Fractura expuesta del doble discurso K: "Yo no confío en nadie. Sólo confío en mis hijos", le decía CFK a Jorge Rial en la entrevista grabada que se emitió ayer a la tarde-noche, mientras a la Presidenta le hacían los estudios médicos en la Fundación Favaloro. ¿No era que había "vuelto la política", el "amor", y que "La patria es el otro"?
Recalco: el 27 de octubre no habrá "voto lástima". Hace tiempo que Fortuna viró para otro lado y no le es amable al kirchnerismo. A lo sumo, la astucia de los K estará en salirse de escena sin que la bomba de tiempo les estalle a ellos; en que vengan otros que serán visibilizados como los culpables y que finalmente sean ellos los llamados a poner fin a una eventual nueva "crisis terminal". Es decir, que la historia argentina se repita.

Todos los interrogantes se irán respondiendo naturalmente con el correr del tiempo.
Lo último que los argentinos necesitamos es mártires; necesitamos que Cristina se recupere y reasuma el poder para cumplir su mandato y entregarle la banda presidencial en 2015 a otro argentino votado por el pueblo.
Fuerza, Presidenta.

23/8/13

El "diálogo político", nueva trampa K

Lo digo desde el principio: estoy en contra de todo falso diálogo político, corporativo y antidemocrático como los que pomposa y mañeramente plantea el Gobierno k.
En un viejo post definí la doble ética de la trampa (negativa y positiva en contextos adversos), a la que el kirchnerismo apela para realizar, generalmente, una "política tramposa".
El "diálogo político" no "con los suplentes que van en las listas" sino con los "titulares" que plantea la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, es un nuevo ejemplo de esa política tramposa.
Lo que el kirchnerismo debería hacer es mandar proyectos de ley al Congreso. Esto es: GOBERNAR.
"Vamos a hablar, a dialogar, a ponernos de acuerdo. Proyectamos varias reuniones más; la idea es formalizar este mecanismo". Todo muy lindo, pero... Y el Congreso ¿para qué está? El "mecanismo" de diálogo existe, y se lo ningunea. "Sres Diputados y Senadores: se me cruzan de brazos hasta que CFK y 'los titulares' decidan qué políticas seguir. Y CHITO LA BOCA, EH".
En términos del eslogan de campaña K, esta reedición del "diálogo político" es: "Elegir seguir con la sarasa".
En fin, reunirse con un sector de empresarios y sindicalistas afines a decidir medidas económicas NO es dialogar sino todo lo contrario: es despreciar a los representantes del pueblo que fueron votados por éste -el soberano, en definitiva- y laburan en el Congreso; y si proponen una norma inconstitucional la que labura es la Justicia. Es, en síntesis, despreciar el sistema republicano de gobierno.
CFK no discute con los "suplentes" sino de igual al igual con los "titulares" del poder porque ella cree "encarnar la voluntad popular". No es así. La trampa kirchnerista estriba en la siguiente falacia: "el Presidente encarna la voluntad popular absoluta". No es así exactamente: el Ejecutivo representa la voluntad de (auto)gobierno. La voluntad popular general se expresa cabalmente en el arreglo de valores por excelencia que un pueblo libre puede darse a sí mismo. Esto es: la Constitución Nacional. Pequeña sutileza. Por eso es fundamental el Poder Judicial: para preservar a la voluntad general... de la voluntad popular coyunturalmente expresada en el voto. Por eso CFK quiso destruirlo; y el garante de los derechos del pueblo que es la Justicia les dijo "NO".
Por cierto, la prensa -hegemónica u oficialista; en estas cuestiones estructurales del poder no difieren- trata el tema de este "diálogo político" antidemocrático y corporativo como algo natural, cuando a todas luces no lo es.
Este nuevo-viejo engendro tramposo del "diálogo político" (cuyo autor es Néstor Kirchner, versión 2009) es, en fin, una maniobra distractiva para elegir seguir haciendo NADA.
Esta forma del kirchnerismo de "jugar a la política" pero hacer piloto automático es, por último, otra muestra del noventismo neoliberal que sigue en el (des)gobierno de este país, pese a que el relato diga que "el Estado volvió".
Este tramposo piloto político automático funciona así: el gran golpe de magia del kirchnerismo es hacer creer que quieren gobernar para los humildes y que la Justicia -"antipopular"- "los frena". En efecto, se ha convertido en un arte del kirchnerismo el proponer medidas anticonstitucionales que -ellos saben de antemano- quedarán en nada, precisamente por atentar contra la Carta Magna que supimos conseguir. Así parece que "gobiernan".
TRAMPA.
Curioso: al contrario de la sobreactuación kirchnerista, en las tan mentadas Australia y Canadá no necesitan "mostrar que gobiernan" para que el pueblo vea que, en efecto, hay un gobierno que gobierna.
Este "diálogo político" es, entonces, la reedición de una de las peores trampas k.
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería proponer es diversificar la sojizada economía argentina, desarrollar las fuerzas productivas para que den trabajo genuino, industrializando el país, acompañado de una reforma tributaria que recaiga verdaderamente sobre los que más tienen para lograr la muy peronista "justicia social", milenariamente conocida como justicia redistributiva. Nada de esto trajo la "década ganada".
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería hacer es mandar proyectos de ley serios al Congreso y dejar de despreciar la voluntad popular que dice representar o encarnar.
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería hacer es -en buen romance- GOBERNAR. A 18 meses de #ONCE, la demanda duele y es más urgente que nunca.

22/8/13

18 meses de #Once: elegir seguir politizando la desidia estatal

"No somos animales. JUSTICIA", gritaban los familiares hoy 22/8/2013 en Once.

Hoy se cumple un año y medio de la manifestación más palmaria de la desidia estatal que ha significado para todos los argentinos -los que vivimos en Argentina, y no en Australia o Canadá- la "década ganada" kirchnerista. En efecto, el 22 de febrero de 2012 ocurría la "tragedia de Once", que dejaría como saldo 51 laburantes muertos y 704 heridos de distinta gravedad.
Cuatro días después de aquello, el 26 de febrero de 2012, escribí aquí lo siguiente:

"Once es la muerte -por implosión- del Relato K.
Once, el Cromagnón de los K, tiene muchos sinónimos que ya conocemos; una cadena de significantes que también nos viene de la década del noventa, pero que el Relato Oficial ha sabido inteligentemente conjurar, alejándose de ella en el discurso, pero sosteniéndola férreamente en la práctica (política). Once es capitalismo de amigos, neoliberalismo, Estado vaciado, Estado bobo, Estado incapaz, Once es corrupción pública, y privada, Once es cortoplacismo populista. Once es subsidios al capitalista para sostenterle la ganancia sin invertir absolutamente un peso en infraestructura (total, el Estado no controla, ni sanciona), mientras repartimos un poco para que parezca que somos 'nacional y populares', 'redistributivos', pero en realidad sostenemos el mismo porcentaje de pobreza e indigencia que en los noventa. Once es la continuación de la reforma del Estado de los noventa, pero parcheada. Once es los noventa con otro relato".
Titulé a ese post "Constitución versus Once". Lo pueden leer aquí:

Que Once fue la muerte por implosión del "relato" k tuvo su confirmación electoral el 11 de agosto de este año en las PASO, y así lo informó hace unos días el diario El Cronista Comercial: "El Gobierno perdió las PASO en cada una de las 16 estaciones que atraviesa el tren Sarmiento", de Moreno a Once, tituló el matutino.

Había que "politizar las muertes de Once", y así lo entendió la sociedad, castigando con su voto el desgobierno, la mentira y la falta de respeto a los laburantes y a los familiares de las víctimas.
El 27 de octubre se consagrará aquel castigo, y empezará a haber un poco de justicia.
La otra justicia, la que esperamos todos -la que la Presidenta de la Nación dijo que actuaría pronto y luego de 18 meses todavía estamos esperando-, llegará cuando se condene a todos los culpables de esta horrenda masacre planificada por acción y sobre todo por omisión del Estado nacional en connivencia con empresarios privados amigos del poder.
Justicia por Once.

8/12/12

"Manifiesto por la Ley de Medios"

Por Roberto Gargarella (*)

Estoy convencido de que la iniciativa de dictar una Ley de Medios dirigida a democratizar la palabra, cuenta con un apoyo más que mayoritario (desde ya que cuenta con mi propio enfático apoyo). Más todavía, estoy convencido de que la muy imperfecta Ley de Medios aprobada, a pesar de sus defectos, cuenta con un apoyo mayoritario (desde ya que cuenta con el mío, con obvias reservas respecto de los negocios de miembros del gobierno con empresarios amigos). Sólo bastaría, para hacer realidad la Ley de Medios vigente, un genuino compromiso de aplicarla ecuánimemente. Si se lo hiciera, sigo convencido, no habría presión de grupo alguno capaz de frenarla, ni habría conservatismo judicial capaz de derogarla o tornarla impracticable (la Corte Suprema ya dio varias muestras de su buena disposición a favor de los mejores principios de la Ley).

Pero no. El gobierno ha hecho hasta ahora todo peor que mal, y es insólito que lo haya hecho, porque ha perjudicado de ese modo hasta sus peores intereses. Por eso es entendible que tenga los problemas que tiene, para aplicar la Ley; como es entendible que tropiece con las resistencias que se le aparecen, antes de ponerla en marcha. Las resistencias encuentran apoyo entre la misma ciudadanía, que mira a la Ley, cada vez más, con una mezcla de desinterés y desconfianza. No se trata de que la ciudadanía sea conservadora, ni de que se le haya lavado el cerebro –clásicos argumentos de la derecha. Más bien lo contrario: la ciudadanía no se alinea con los “grandes grupos”, sino que le da la espalda o rechaza el comportamiento tramposo y antidemocrático que ha mostrado el gobierno, en todo este asunto.

Si el gobierno hubiera nombrado, en el organismo de aplicación, a una persona sensata y capacitada, en lugar de alguien que ha demostrado ser un soldado ciego (alguien que llegó a votar y justificar, desde el “progresismo”, a la Ley Antiterrorista), además de incompetente en materia de comunicación (y por lo tanto ilegalmente nombrado).

Si le hubiera dado cabida debida a la oposición, en el ente regulador.

Si no hubiera usado sus peores armas, para desprestigiar, remover y recusar a jueces sospechados de “no ser propios”.

Si no hubiera recurrido a los servicios de inteligencia, como el Proceso en su peor momento, para apretar a jueces disidentes y particulares díscolos.

Si no hubiera destratado a, ni se hubiera burlado de, el mismo Presidente de la Corte.

Si no hubiera llegado a acusar a la justicia de “golpista,” frente a la sola posibilidad de un fallo adverso.

Si no hubiera cambiado las reglas del juego contra uno de los jugadores, y a favor propio, mientras se desarrollaba el juego democrático –operando ese cambio de reglas de juego del modo en que siempre lo hace, es decir, de improviso, de forma oculta, a espaldas de la ciudadanía, sin discutir con nadie, de manera finalmente tramposa e ilegal.

Si no le hubiera impedido a la oposición participar –como lo exige la Ley- en las discusiones relativas a la aplicación de la Ley.

Si hubiera acatado los insistentes fallos de la Corte obligándole a distribuir de modo igualitario los dineros públicos de la publicidad oficial, en lugar de reírse de ellos.

Si hubiera dado muestras de su disposición a organizar la comunicación pública como si fuera de todos, en lugar de dilapidar recursos públicos en tonterías y propaganda destinada a ensalzar a su líder.

Si no estuviera haciendo negocios prohibidos con una empresa Telefónica, desautorizada para controlar los medios que controla.

Si no le hubiera dado el visto bueno a las ilegales compras de medios realizadas en los últimos meses, por empresas inhabilitadas para hacerlo, pero dispuestas a desinformar a la ciudadanía cada vez que fuera necesario.

Si no se hubiera hecho el distraído, frente a la participación en el área de comunicaciones de empresas extranjeras o de energía incapacitadas para  intervenir del modo en que lo hacen.

Si no hubiera dado luz verde a desmembramientos ridículos, inverosímiles (“la empresa ya no es mía, sino de mi hija”), ofrecidos por algunas de las empresas amigas que alegaban así su adecuación y alineamiento con la Ley de Medios.

Si no nos hubiera tomado el pelo de esta forma, pensando que semejantes burlas –semejantes agravios a todos- iban a ser consentidxs por una ciudadanía indiferente.

Si no hubiera regado sus traspiés con declaraciones anti-democráticas, hostiles a la división de poderes y despreciativas frente a quienes no se arrodillaban ante sus órdenes, frente a los que se animaban a dudar apenas, de lo que el gobierno exigía.

Si hubiera dicho una sola palabra verdadera o sincera durante todo este proceso.

Si no hubiera actuado del modo vergonzoso y vil en que lo ha hecho, la Ley estaría siendo aplicada, y estaríamos algunos pasos más cerca de la ansiada democratización de la palabra. No se trata de que uno se queje porque sólo encuentra aceptable la Ley ideal; porque no está dispuesto a tolerar comprensibles desprolijidades; porque se asusta frente a inevitables imperfecciones; o porque es incapaz de tolerar necesarios desacuerdos. Se trata de que el gobierno viene acumulando, desde el primer minuto en que comenzó a trabajar en torno a la Ley de Medios, acciones ilegales e inconstitucionales, palabras y prácticas anti-democráticas, negocios sucios, aprietes dignos de un gobierno militar. Y en lugar de calmarse y reconsiderar lo que hace,  frente a las protestas y críticas de todo tipo que recibe, actúa lo contrario, y como suele hacerlo, desespera y acelera desentendiéndose de las consecuencias de sus actos. Porque de los grandes grupos privados (finalmente, del capitalismo rapaz que nuestra clase dirigente nos lega) uno no tiene razones para esperar nada, pero del gobierno sí, porque nos pertenece, porque vivimos en democracia, poque es la soberanía popular la que debe prevalecer. Pero no. Resulta que estamos en guerra, con la palabra cada vez más concentrada, con cada día más voces excluidas, con un sistema económico cada día más brutal y desigual, con una democracia cada día más degradada. Y este gobierno es protagonista clave de este miserable retroceso.

Texto originalmente publicado en el blog de Gargarella.

14/11/12

El clivaje político: la peor herencia del kirchnerismo


Hace dos años, cuando mi blog recién nacía, escribí en dos post una idea que me daba vueltas en la cabeza desde 2008, cuando empezó “la batalla kirchnerista contra el campo oligarca y destituyente” por una resolución que ya quedó en la historia, conocida simplemente como “la 125”. Una gesta cuyo fin trascendental –bien que arropado de “batalla cultural”- era aportar dinero a una kaja que, en un contexto de crisis internacional, se asfixiaba crecientemente.
Hoy vuelvo a publicar en un solo post aquel artículo que describía la fractura social argentina, dada su lamentable actualidad. Es más: hoy lo republico (algo retocado) sin signos de interrogación. Así: El clivaje político, la peor herencia del kirchnerismoYa no tengo dudas de que Argentina vuelve a transitar por el camino del odio entre conciudadanos.
Hace dos años, cerraba aquellos artículos proponiendo este didáctico ejercicio: “comprueben ustedes mismos la vuelta del clivaje. Traten de discutir con su mejor amigo, con el compañero de la infancia que siguen viendo, con el de la oficina de enfrente, con el cliente que viene al negocio a comprar, con su pareja, con cada argentino con el que se crucen. Lo conozcan hace mucho o hace poco, discutan sobre el kirchnerismo y sobre el país actual. Y, por sobre todo, traten de no terminar enemistados si opinan diferente al otro”.

El clivaje político, la peor herencia k
En ciencia política hay un concepto muy particular y preciso para esto que estamos viviendo hace ya años en el país y que se expresa, incluso, en la triste muerte del quinto presidente constitucional elegido por el pueblo desde la vuelta de la democracia, Néstor Kirchner. Me refiero al concepto de "clivaje". Esto es: una fractura irreconciliable dentro de la sociedad.
El término clivaje -o cleavage- significa escisión o fractura. Como categoría de análisis proviene, originariamente, del psicoanálisis. Con ella, Lacan (y antes Freud, con su “complejo de Edipo”) describe el "corte" o separación que realiza el padre (o quien cumpla esa función) del individuo en la niñez sobre el deseo hacia la madre.
Pero ha sido usado en la ciencia política para expresar, como se dijo, una fractura societal relevante. El clivaje político o social al interior de un país puede tener como origen diferentes causas: ideológicas, religiosas, culturales, económicas o étnicas. El clivaje político genera o refuerza identidad política, y repercute sobre el sistema político de la sociedad; alínea a los miembros de la comunidad de un lado o de otro, a favor o en contra. Es decir: demarca. Separa. Pero lo que caracteriza al clivaje político es la intensidad y la vehemencia de tal separación. No es la mera "división de intereses" presente en cualquier sociedad.
Los politólogos Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan estudiaron hace décadas los orígenes históricos de los partidos políticos, y los tipificaron según cuatro crisis: nacionalismo versus separatismo (en el medioevo), confesional versus laico, urbano versus agrario y, por último, capital versus trabajo. A quien le interese profundizar en este análisis histórico puede leer el clásico Party systems and voter alignments: cross-national perspectives (1967), de los mencionados autores.
Ante un "clivaje", los políticos tienen, en general, dos actitudes posibles: valerse de él para conseguir votos, es decir: profundizarlo (y quebrar más a la sociedad, la que, en teoría, debería buscar lo contrario: la convivencia) o intentar superarlo.


En nuestro país, por muchas décadas, tuvimos un clivaje: peronismo - antiperonismo. Sabemos cuáles fueron las consecuencias de esa fractura societal. ¿Hace falta explicitar la fractura que vivió por décadas la Argentina? La bibliografía sobre el odio que antaño cargaban los liberales (y muchos radicales y de izquierda también) hacia los "peronchos", o viceversa, los "muchachos peronistas" hacia los "gorilas" es amplia. El que quiera recordarlo, también puede darse una vuelta por la Plaza de Mayo y ver los tristes balazos  que adornan el Ministerio de Economía: dosificadas muestras del odio que dividía al país cuando ocurrieron los bombardeos a la Plaza de Mayo, que determinaron el golpe a Perón de 1955. Y lo que vino después, lo tenemos presente porque durante esta década se revisitó mucho aquel período, fue un baño de sangre nacional.
Torcuato Di Tella entendió el caso argentino como un "clivaje de clase". Así definió, en 1972, al surgimiento del peronismo de 1945: una división irreconciliable entre dos sectores enfrentados por el control de los medios de producción.
No comparto esa postura, por varios motivos. Pero el más relevante para este artículo es que esa lectura olvida el gran componente cultural que expresa esa fractura (véase, al respecto, el libro Resistencia e integración, de Daniel James). Es decir, excede la marxista "determinación económica en última instancia". En efecto, nuestro clivaje no es "obreros" versus capitalistas, sino peronismo – antiperonismo y, como desarrollaré más abajo, pueblo – antipueblo. Significantes "vacíos" a los que se suma el nefasto -por falso y temerario- agregado contemporáneo kirchnerista: democracia  dictadura ("Clarín: Con la democracia no se jode! Unidos & Organizados").


Mal que mal, creo que el ex presidente Raúl Alfonsín intentó superar esa fractura. Con Carlos Menem, los tiempos fueron "light" en todo sentido: se dejó de lado el "clivaje" desde la frivolidad. Néstor Kirchner tampoco se valió de ello al principio: quería, de hecho, enterrar la palabra "Perón". Recuérdese, como pintoresca muestra, la frase con que el inefable Aníbal Fernández se despachó cuando todavía era ministro del Interior: “Que se metan la marchita en el culo”.
Sin embargo, el fallecido ex presidente y la actual presidenta, Cristina Fernández, cambiaron luego de rumbo y, hasta ayer, azuzaban el clivaje irresponsablemente. Provocando con ello actitudes y enardecimientos en muchos ciudadanos; gestos y sentimientos que no estuvieron ausentes incluso en los días posteriores a la muerte del ex mandatario.
Hoy ya es un lugar común kirchnerista decir que “el odio lo generan los medios hegemónicos, con el Gordo Larrata (por Lanata) a la cabeza”. Que el clivaje que se vive "se genera desde la oposición" y "desde los principales monopolios mediáticos". En este punto, la “batalla por la Ley de medios” fue un gran mojón identitario del relato k. Véase, por cierto, la respuesta kirchnerista a las protestas sociales del 13/S y el 8N: en la voz oficial es el antipueblo, la minoría privilegiada que quiere tirar abajo las conquistas sociales del pueblo.



Y desde el otro bando se responde con: “la yegua” esto o lo otro. Por cierto, las responsabilidades son bien distintas: el Estado (y quienes lo gobiernan) es quien debe al ejercer el poder ser ejemplo de. "Promover la paz interior", reza el Preámbulo. Sin embargo, el argumento más fuerte no es institucional sino que procede del orden del discurso. Veamos.
Sabemos, con Eliseo Verón, que todo discurso político se caracteriza por tener tres destinatarios: el "prodestinatario" (el "nosotros"), el "contradestinatario" (el "ellos"), y el paradestinatario (el público independiente). Podría decirse que esto es lo que bien conoce y maneja el peronismo kirchnerista. Pero no. El discurso destinado a fortificar la identidad de la "tropa propia" y a fustigar al "adversario" es propio de todo partido político, en toda democracia sana. El problema empieza cuando el otro no es el adversario sino el "enemigo". Y aquí, el centro de todo está en el uso de la palabra "pueblo".
En efecto, el problema empieza cuando el "nosotros" no es una parte del pueblo sino que se totaliza: cuando el discurso político pretende que "nosotros" es igual a "pueblo", a "democracia", y el resto, lo que queda afuera, es el antipueblo, o los que quieren volver a un régimen dictatorial. Es el clivaje político. Y este es el odio cuasi naturalizado que vive hoy la Argentina: ¿cómo no ponerse loco con lo que está contra el pueblo, o contra quien pone en peligro la democracia?
Importa, como dije, el uso que el político hace de este mecanismo: profundizar el clivaje y fracturar más a la sociedad, o intentar superarloPueblo - antipueblo. Democracia - dictadura. Estos dos pares (cadenas de significantes) pueden usarse juntos o alternativamente. A gusto del kirchnerista que los profiere.Porque: hay que decirlo claramente: por más virulento que sea su discurso contra el oficialismo, ningún partido político de todo el amplio abanico de la oposición (desde la derecha más rancia a la izquierda más testimonial) ha jugado con la idea de "pueblo" - "antipueblo" / "democracia" - "dictadura" como lo viene haciendo el peronismo kirchnerista desde marzo de 2008.
Hasta el mismo Juan Perón, ya viejo, intentó desactivar el clivaje que llevaba su nombre. Recuérdese la transformación que sufrió aquella "verdad peronista" que decía que "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista". Como recuerda Verón en Perón o muerte, fue el propio General quien, al volver, dijo que "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino".
La historia parece repetirse. Más de 30 años después, el kirchnerismo vuelve a apelar a ese bajo recurso con el mezquino fin de mantenerse en el poder. Como lo hiciera hace medio siglo el viejo peronismo, el nuevo peronismo se presenta discursivamente ante la sociedad como "nosotros, el pueblo". Enfrente, están "las corporaciones": los militares, la iglesia, el campo, la industria, los medios de comunicación (“Clarín, con la democracia no se jode”), una parte del sindicalismo, y hasta la Corte Suprema. Antaño, la palabra que definía al enemigo era "oligarquía" (el campo).
Y no hay lugar para "tibios" o posiciones racionales o equidistantes. El que no está con "nosotros" (con el pueblo) es un "traidor" (a nosotros: al pueblo). Es la vuelta del clivaje político: la peor herencia K.


Democracia, con “d” de disenso y diferencia
Creo, para terminar, que los cambios duraderos en un país se hacen por consenso, no por imposición; y con la ley en la mano. Néstor Kirchner fue el presidente que desarticuló la “mayoría automática” en la Corte Suprema e instaló allí juristas de fuste, que realzaron el valor de ese poder de la República; fue, también, el presidente que realzó el propio valor del Poder Ejecutivo Nacional, al principio de su gestión. Como contrapartida, relegó a un lugar de mera "escribanía" al Congreso de la Nación, función que solo se revirtió en 2009 cuando el kirchnerismo perdió "por poquito" la mayoría legislativa en las urnas. Hoy vuelve a serlo. Hace semanas nomás el jefe de bancada kirchnerista lo dejó bien claro, por si hacía falta: “Nosotros no somos librepensadores”, bramó Agustín Rossi. No lo dijo, pero reverberaba en el recinto: “somos los soldados de Cristina”.
A dos años de su muerte, Néstor Kirchner es todavía hoy el que provoca el orgullo nacional para algunos, y la gran tristeza ante lo irreparable de la partida del líder político. Pero también las burlas, o la alegría apenas disimulada o impúdicamente expresada. El fanatismo, en fin. La violencia verbal y gestual. Como aquel nefasto "viva el cáncer", luego de la muerte de Evita.
Es, en síntesis, la vuelta del viejo clivaje político. Es lo que habrá que desactivar. Ésa es la tarea de la dirigencia política actual. Porque, al revés de lo que sentenció José Hernández en el Martín Fierro, la polarización social no es para bien de ninguno, sino para mal de todos. Pues el otro no es el "enemigo" (Schmitt mal entendido) a "vencer".
El clivaje político -la fractura social, el odio entre argentinos- olvida lo que nos une. Porque no hay unión posible con el “enemigo”, con el “antipueblo” (la justificación, el contenido concreto que le da el kirchnerismo al significante “enemigo”), con el que quiere volver a la "dictadura". Al “enemigo”, a ese que -como dice el filósofo político alemán Carl Schimtt- interpela con su estar ahí la esencia de mi propia existencia, sólo cabe eliminarlo (curioso: porque el principal filósofo kirchnerista es Ernesto Laclau, quizá el más sólido pensador político antiesencialista de la actualidad). Aun en una discusión de café. Eliminación simbólica del otro. Incluso, si el que está enfrente de la mesa es nuestro mejor amigo.
Los argentinos tenemos que reaprender que en democracia ni siquiera hay un "Otro" (ese Gran Otro lacaniano): hay, simplemente, "otros". Los diferentes. Los que, con todo derecho, piensan y sienten distinto.
¿Seremos capaces de aprender, de una vez por todas, a (con)vivir en la diferencia? Ojalá...

Aquí y aquí pueden ver los post publicados originalmente en 2010.