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4/10/12

Derechos humanos, neoliberalismo, y relato oficial

Curiosamente, hoy es jueves. ¿Estarán las Madres de Plaza de Mayo haciendo su ronda habitual en la Plaza? ¿Levantarán la consigna "Aparición Con Vida de Alfonso Severo"? Ojalá. (*)


Ayer, Hebe de Bonafini cuestionó las protestas de los gendarmes, el fotomontaje sobre Guillermo Moreno y no se privó de disparar contra la Corte Suprema. ¿Cuestionará hoy este grave atentado contra el Estado de derecho?
Hoy a las 17 hs. hay una autoconvocatoria para ir a Plaza de Mayo y a varias partes del país para pedir la aparición del testigo por el asesinato de Mariano Ferreyra, Alfonso Severo, secuestrado ayer a la noche. Y mañana viernes 5 de octubre hay otra. La plaza se tiene que llenar.
Hace horas que espero la urgente expresión de preocupación de todos los organismos de derechos humanos por la desaparición de  Severo. Con su ausencia, este método dictatorial se mete de lleno en el kirchnerismo a través de su ex (?) aliado José Pedraza, amigo del ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Y no es el único. Recuérdese a otro sindicalista dilecto de la Presidenta, Gerardo Martínez, titular de la UOCRA y ex espía del Batallón 601. Ojalá me equivoque, y todo este entramado de connivencias y coincidencias nefastas sea pura duda metódica periodística... Pero Severo no fue el único que había recibido amenazas.
Hace horas que espero, también, la urgente expresión de preocupación de los militantes kirchneristas por la desaparición de Severo.
¿No era que con Néstor y Cristina los derechos humanos habían vuelto a ser revalorizados y respetados? ¿No era esa una de sus principales conquistas? ¿Dónde están ahora? ¿Dónde están los de "Unidos y Organizados", que ayer hablaban de golpe de Estado en ciernes por un reclamo a todas luces salarial?

Golpista, setentista, vergonzoso y grave para la salud de la república es que haya desaparecido un testigo de un juicio clave para elucidar uno de los tantos quistes mafiosos que existen en la Argentina. Eso representa la desaparición de Severo. Y con Julio López -que ya lleva 6 (seis) años sin aparecer- es el segundo desaparecido en democracia. Y si sumamos a Luciano Arruga, y a tant@s otr@s...
La democracia y el Estado de derecho están EN PELIGRO HOY con la desaparición de Alfonso Severo, y no por lo de ayer de Gendarmería y Prefectura.
Por otra parte, sumado al malestar por los salarios de los gendarmes y prefectos, el kirchnerismo se quiere llevar puesto hoy al Consejo de la Magistratura. Y además, hace poco más de dos horas, desplazó al titular de la Auditoría General de la Nación, el radical Leandro Despouy, poniéndose de repente estrictamente legalista, al esgrimir que se le venció el mandato hace dos años (en la misma situación en la que se encuentra, por ejemplo, la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont). Despouy, entre otras cosas, había advertido que la masacre de Once podía ocurrir (como lamentablemente sucedió en febrero pasado, y que se llevó 51 vidas).

Neoliberalismo y "relato"
Ayer, Diputados emitió un documento a raíz del problema salarial de las fuerzas de seguridad, advirtiendo equívocamente sobre el peligro para el orden constitucional. El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri hizo lo propio y pidió, por conferencia de prensa, que los gendarmes vuelvan a sus casas. ¿Harán lo mismo hoy por Severo?

Ayer, un gendarme que protestaba hizo esta aclaración: "Nosotros no somos golpistas ni destituyentes. Sólo reclamamos por nuestro salario. Primero la baja; ahora, los no remuneratorios. Mi sueldo en blanco es de 800 pesos. ¿A ustedes les parece justo?". Clarísimo. No hay maniobra política ninguna en este reclamo, sino económica. En cambio, quien sí usó políticamente los bajos sueldos de los gendarmes para despotricar contra opositores fue la propia Presidenta de la Nación, hace tres meses nomás, luego de un accidentes en Chubut que dejó 11 muertos (7 de ellos, gendarmes).
Los "no remuneratorios" del sueldo de los gendarmes (como el de todos los laburantes), hoy sobre el tapete, son otra muestra cabal de que el neoliberalismo no se fue.
Los "no remuneratorios" -negreo, en fin- que engrosan gran parte de los sueldos argentos son una manifestación pos noventista de la precariedad laboral que, a casi dos planes quinquenales de gobierno K, sigue vigente en Argentina, por más fiesta del consumo que nos relaten desde el poder de turno.

Instituciones y crisis de autoridad
Hace un mes, CFK dijo que sus funcionarios le tenían que tener "un poquito de miedo". Días después ocurrió el 13S. Ayer se rebelaron los prefectos y los gendarmes de varias partes del país. En el mismo sentido, hace días que existe un llamado para un nuevo cacerolazo para el 8 de noviembre (8/N). Algo está cambiando... En medio de este clima, escuché por ahí: "Más que para 2015, falta una eternidad para el 8N". Parece que la gente ya sólo confía en sí misma. Esto no es para nada deseable. Las instituciones y los representantes son los instrumentos mediadores de las distintas demandas que se procesan en una república democrática. Hoy es imposible, dado el nivel de desarrollo y complejidad societal, una democracia directa. Los únicos mecanismos de justicia e igualdad posibles en las sociedades contemporáneas son el perfeccionamiento -vía control horizontal y vertical- de las instituciones que tenemos, para volverlas más transparentes e inclusivas. No es el camino que estamos recorriendo. Insisto: ojalá me esté equivocando.
Estamos ante una crisis de autoridad importante, frente a la que el gobierno nacional por ahora no encuentra respuestas satisfactorias. En efecto, oscila entre el silencio del avestruz o el proyectar echando culpas para todos lados. ¿Ésta es la "nueva política" que los políticos que se quedaron habían prometido en 2003?


(*) No es un post muy pulido, éste. Lo escribo con urgencia y bajo un estado de indignación creciente.

17/11/10

La llamada, precariedad laboral en los call centers

En 2007 había elegido la problemática de la precariedad laboral en los call centers como tema de investigación para mi tesis de maestría. Los protagonistas principales iban a ser las dos partes de la relación de empleo: empresas y trabajadores. Y por supuesto: los sindicatos y el Estado. Trabajo, rutinas, ganancia empresaria, asociacionses, falta de legislación, proyectos de ley en danza. Aunque también incluiría algo sobre el maltrato a los usuarios por parte de las empresas, encarnado obviamente en los operadores telefónicos.
Finalmente, me decidí por otra cuestión, en función del impacto, de la relevancia de las fuentes, de lo poco conocido del tema y demás.
No obstante, luego del acopio de material sobre los call, llegué a escribir algunos fragmentos. Incluso, como verán, hasta había diseñado la portada de la investigación.
Aquí comparto con ustedes el comienzo del capítulo II.


Capítulo II: La vincha o la vida


MANUELA EXPÓSITO HABÍA empezado mal ese día.
Diez minutos antes de las nueve de la mañana ya estaba encendiendo la PC de su box de trabajo cuando, de pronto, vio la cabeza de Ernesto, su supervisor, aparecer detrás de ella:
-No, no, Manu, pará, te vamos a cambiar. Ya no vas a trabajar en este team.
Justo cuando empezaba a conocer a sus compañeros, después de tres meses de compartir rutina, angustias y sobresaltos con las mismas caras, la movían. Pero, pese a sus 21 años de edad y a su cara todavía adolescente, hace tiempo que lo que sucedía en LECRYSON, el centro de llamadas donde pasa seis horas de sus días, de domingo a viernes, ya no la sorprendía.
Se sacó la “vincha”, entre resignada y apurada para llegar a su nuevo box, prender la PC y “loguearse” -que en la jerga de los call centers significa abrir los cuatro programas de trabajo- para empezar a atender las consultas o reclamos de los clientes de Personal a las nueve en punto, y así evitar las “reconvenciones” de los supervisores. La “vincha” es el auricular con el micrófono que todos los operadores se cuelgan de un oído para escuchar y responder las llamadas.
Lo único que Manuela esperaba mientras recorría con su supervisor la sala repleta de boxes de tres paneles de un metro cuadrado que sólo dejaban ver las espaldas de sus compañeros de trabajo, a quienes mayormente no conocía, fue: “ojalá que me toque una vincha reversible”...
Las tres veces anteriores que la habían movido de box, en los siete meses que llevaba trabajando en LECRYSON, había tenido la “mala suerte” de encontrar siempre vinchas para el oído izquierdo. La última vez pidió que se la cambiaran por una reversible porque a veces no escuchaba bien a los clientes. Y, aunque había recibido un “sí, Manu, no te preocupes, este mes está viniendo una partida de vinchas más nuevas”, supo que no tenía que insistir.
Los enchufes de la PC y los plug de los auriculares están siempre en el lado izquierdo del box. Y los cables no son tan largos como para cambiarlos al oído derecho.
Hace unas semanas, preocupada por su salud, Manuela fue al otorrino para hacerse una audiometría. “Hipoacusia de conducción en el oído izquierdo”, según el audiograma. “Esta línea representa a la vía aérea, que se separa de la vía ósea, ¿ves?”, recordaba que le había intentado explicar el médico: “La vía ósea está en los valores normales, pero la aérea cayó por debajo de los 24 decibelios, que es tu nivel de hipoacucia”. No había vuelta que darle: estaba perdiendo audición en su oído izquierdo.
Manuela vive sola en Vicente López y, salvo el sábado -su día de franco-, el resto de la semana viaja hasta Maipú 942, en el microcentro, para ganarse los 600 pesos del básico -por una cosa o por otra, nunca puede llegar a los premios- para pagarse sus estudios de Sociología.
Sus compañeros de la mañana, salvo alguno que otro, también son jóvenes universitarios como ella. Y, como ella, también tienen problemas con sus vinchas; y con la constante rotación de puestos y horarios (el  mobbing); y con los sueldos, que nunca pasan del básico; y con los clientes que llaman para putearlos; y con los supervisores que escuchan todo el tiempo las llamadas para medir la “calidad” de atención a usuarios de telefonía celular enardecidos por el servicio indolente de las propias empresas; y...
Sin embargo, nunca se juntaron a la salida a compartir lo que les pasa. Tampoco pueden levantarse de sus sillas para hablar con otro. En ningún momento. Ni desde la PC  del box, porque los supervisores también “supervisan” si abren el messenger, o los mensajes que salen y entran de sus casillas de correo.
El box que le tocó esta vez a Manuela estaba pegado a la elevada tarima donde trabajan los seis supervisores, quienes, desde lo alto, pueden ver a los 300 boxes de los 300 operadores que reciben llamadas una tras otra, sin cesar. Una tras otra. Una tras otra. Una tras otra... Casi 100 llamadas por día recibe Manuela.
Ese día la esperaban dos horas, como mínimo, de llamadas y llamadas, hasta que le dieran los 15 minutos de break. Aunque, en realidad, antes de que se cumplan los 15 minutos ya está volviendo para loguearse nuevamente y no pasarse de tiempo, porque si no viene, otra vez, la “reconvención” del supervisor. Por eso Manuela odia estar indispuesta los días de trabajo, pues sólo la dejan ir al baño en los 15 minutos del break.
“Tres minutos”, expelió el cerebro de Manuela, como autómata, al llegar al nuevo box. Tres minutos es el tiempo máximo de atención a un cliente, según le enseñaron en las dos semanas que tuvo de capacitación. Pasado ese lapso, viene la “reconvención” de supervisor de turno: “Qué pasó, Manu? Vos eras una chica agil, despierta... ¿Te pasa algo? Decime si te puedo ayudar... Dale, Manu, fuerza, vos podés... Igual ahora voy a tener que pasar el informe. Ponéte las pilas, dale”.
Manuela se apuró a loguearse en su nuevo box porque ya eran las 8:53. No vaya a ser cosa que todavía se pasara de las nueve en punto...
Sólo se acordó de la vincha cuando se la calzó mecánicamente en el oído. En el izquierdo. Entonces se la sacó y la miró: no era reversible.

Ese día, ya en la segunda llamada -es decir a los cinco mintuos de haber comenzado su jornada laboral-, Manuela empezó a sentir un dolorcito en la garganta (...)