Y el pueblo le dijo "NO" al miedo. No a la prepotencia y al cinismo del poder. Una vez más.
Lo decimos cada vez que podemos: al pueblo le sobra pintura. Por ejemplo, en el último post de este blog. En fin, para leer lo que ocurrió y sus repercusiones, me remito a las crónicas de los diarios de ayer y hoy. Yo quisiera humildemente señalar un par de elementos con la esperanza de que ayuden a la interpretación de lo ocurrido. A la disputa por la semiosis social, en suma.
En primer lugar, elijo recordar tres momentos históricos en los que los argentinos sintieron la necesidad espontánea (entiendo por tal cosa la inexistencia de convocatoria partidaria específica) de salir a la calle a protestar:
* El 19 y 20 de diciembre de 2001, tras la declaración del Estado de sitio del por el entonces presidente Fernando de la Rúa,
*En 2008, al inicio (sólo al inicio) del conflicto con el campo, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner habló despectivamente del "yuyito" que le financia las arcas al Estado nacional y de los "piquetes de la abundancia",
* Y en 2012, este jueves 13/S, en una convocatoria que se difundió muy masivamente por las redes sociales luego de que la presidenta dijera por cadena nacional, jocosa y aparentemente ingenua: "sólo hay que tenerle miedo a Dios. Y a mí... un poquito".
El poder de una declaración desafortunada. ¿Una? Quizá la confesión del deseo presidencial para que le teman haya sido un mero detonante. Y la gente salió a la calle en manada. Habrá que ver si esta oportunidad también constituye un "click" en el imaginario público social como lo fueron las dos anteriores. En estos últimos 10 años hubo muchas marchas y protestas, pero insisto en la característica particular de la de este jueves y las otras dos citadas: la ausencia de liderazgo definido.
Entonces, el pueblo marchó. Y se expresó. Con bronca, con odio, con alegría, con libertad (una libertad, paradójicamente, que se vive como mutilada). Esos que salieron a la calle también son el pueblo argentino, aunque la señora Estela de Carlotto les niegue esa condición por el simple hecho de que "estaban bien vestidos". Hemos vuelto tan a las cavernas que tenemos que discutir y reafirmar cosas elementales. Seguramente la mayoría de los participantes de la protesta social del jueves hayan provenido de la clase media.

Insisto, entonces: ¿acaso no era parte del pueblo el que salió a la calle el jueves 13/S?
Un kirchnerista que tiene la gentileza de seguirme en Twitter me respondía lo siguiente a estas ideas expresadas al pasar en 140 caracteres: "@1nuncasabe: si en latinoamérica solo votaran las clases medias, gobernaría la derecha en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina". ¿Perdón? Otro argumento en la línea del desprecio por las clases medias. Pobrísimo y falso, por lo demás. ¿O acaso hay que colegir de él que en Argentina la población es mayoritariamente de clase baja (pero y si fuera así ¿quien, entonces, votó a CFK en 2007 y en 2011?)? Semejante afirmación no se corresponde con las naturales consecuencias de la bonanza económica y social que pregona el relato oficial. Basta con remitirse al Indec, o a Artemiópolis.
En efecto, no tiene caso discutir un razonamiento que se da de patadas con el hecho incontrastable de que más del 50% de la población argentina es clase media. Y, ciertamente, sin ella no se gana una elección. Y, en fin, tampoco tiene caso discutir el sol. Más cuando es algo que Nésto Carlo Kirchner siempre supo y tuvo bien en claro.
Pero, además, la soberbia que conduce el Estado argentino hoy no dejó de subestimar y despreciar a aquello a lo que Nésto -hábil político- le temía: la calle. En efecto, Nésto (Carlo) trabajó "bien" al principio de su gobierno, con desclasados como Luis D'Elía y cía, alejando a la clase baja y media de la calle. Más allá del chamuyo clivajizador k, la clase media argentina también es pueblo. A no olvidarlo.
En vez de estigmatizar, como siempre, a un sector de la sociedad, el poder podría haber elegido atender la demanda de fondo como legítima. Y no simplemente legítima desde el punto de vista de la tan mentada "legitimidad democrática" de expresarse (pareciera como que hay que agradecerle al poder porque permiten al pueblo expresarse). En efecto, ¿por qué no pensar que fue un reclamo por la excelencia, una demanda aireadora, vital y recurrente para la democracia? La democracia es aquel sistema que siempre pide más: más libertad, más justicia, más igualdad social, y que precisamente se realimenta de aquella energía. Una demanda por más y mejor democracia, como escribe Jorge Lanata en su columna de hoy en Clarín. O simplemente, para que se entienda: una demanda por más.
Pero no, mejor descartarlo y seguir con la propia, ha decidido responder el poder. Es un error que genera (más) asfixia.
En efecto, el principal espadachín encargado de salir a tapar el sol con las manos fue el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien dijo ayer que a los manifestantes del cacerolazo "les importa más lo que ocurre en Miami que lo que ocurre en San Juan". Es contradictorio (y risible) que los seguidores ideológicos de los planteos de la "democracia radical" del politólogo Ernesto Laclau no respeten las identidades del otro, y sean tan intolerantes.
Ni lento ni perezoso, Daniel Scioli ya se diferenció. El gobernador bonaerense señaló: "Hay que escuchar con mucho respeto y humildad y exigirse más para cumplir las expectativas. Hay que interpretar las nuevas demandas que se pueden ir incorporando, particularmente de la clase media, y responder con trabajo. La gente está muy sensibilizada con determinadas cuestiones que hay que atender con humildad por parte de quienes tenemos responsabilidad institucional". Además, Scioli destacó que quienes marcharon a la Plaza de Mayo lo hicieron "con mucha serenidad y respeto".

Como sea, todo lo ocurrido será auspicioso sólo en la medida en la que clase dirigente TODA sepa leer la interpelación que el pueblo le ha enviado el jueves 13/S. De lo contrario, el escenario político a futuro es preocupante. El sayo le cabe, inexcusablemente, a los -que se dicen- opositores: hacerse cargo también. También fue contra ustedes. Van detrás de los hechos. No parecen estar a la altura de este pueblo... Lo expresa bien la mirada de afuera, del diario español El País, de Madrid: "Los argentinos protestan contra la presidenta al margen de los partidos".
También -también- es un fuerte llamado de atención para los medios & periodistas tradicionales, que no supieron anticipar lo que se estaba gestando, lo que se venía. Otra vez: estado de cosas - acontecimiento, ¿no? Qué difícil se le hace a todo lo establecido leer lo repentino, lo que aparece, lo que va siendo...
En alguna de las redes sociales, alguien decía: "el tema es que la necesidad de anonimización de los convocantes, por alguna razón, es un significado a construir". Un punto de vista atendible, al que el sociólogo (UBA) Luis García Fanlo agregaba: "lo que me interesa es que existe una fuerza social que reconfigura el campo preexistente de relaciones de poder... y como no hay nada fuera de la sociedad y de las relaciones de poder que la constituyen, en todo caso el 'monstruo' fue creado por el propio gobierno y la fuerza social que lo acompaña o dice acompañarlo. Todos son el monstruo del otro".
Interesante. Ahora, ¿por qué no pensar que la "necesidad de anonimización" de la que bien se hablaba por ahí se deba al mecanismo del poder gobernante que hace que todo lo que no es propio es satánico o ya tiene un lugar predestinado en el averno (k)? Y, en ese sentido, la estrategia de los "marchantes" (me refiero no al hecho fáctico de haber marchado sino al subjetivo de identificarse con ellos) parece haber sido exitosa. Otra vez la cuestión del acontecimiento y su inscripción en la "realidad" para confinarla a ella... ¿Cómo pegarle un golpe certero a lo informe? Ésa es la pregunta que se hacen en el poder por estas horas.
Por lo pronto, el kirchnerismo ya organiza "contramarchas". Creo que, en realidad, conceptualmente en términos de contrapoder, habría que considerar como "contramarcha" a la del 13S. Las que organicen los K serán, simple e irrefutablemente, marchas a favor del poder estatuído.
Me extraña que ud que es periodista y polítologo haga en el comienzo de la nota una generalización tan audaz: "El pueblo". El pueblo es mucho más amplio y grande que ese conjunto de seres enojados que no tienen una consigna en común y que lo único que los une es el odio.
ResponderEliminarMe extraña también que usted repita las palabras de la presidente sacadas de contexto, tal como lo hacen los medios hegemónicos. Lo invito a que escuche de nuevo su discurso para darse cuenta de que la frase era más amplia y su significado otro.
Habla usted de "libertad mutilada". Se nota que es joven y no vivió en la época en la que no había libertad en serio y los que la buscaban eran mutilados con severidad (o desaparecidos, en el peor de los casos).
Noto también en su texto muchas ironías y una cita al señor Jorge Lanata. Veo que aprende de él todo lo malo que le hace al periodismo. Ayer en su columna en Clarín, él se quejaba de que desde el Gobierno se esterotipaba y cosificaba a los caceroleros al tiempo que descalificaba con agresiones a Sandra Russo, Aníbal Fernández y otros.
¿Los medios & periodistas tradicionales no supieron anticipar lo que se estaba gestando? Raro, porque el despliegue de cámaras y móviles de TN y Canal 13 fue tan significativo que de espontáneo no tuvo nada.
Coincido, eso sí, en que el análisis del jefe de Gabinete no fue el más acertado. El Gobierno, tal como dijo Horacio González, debería de tomar nota de esta protesta, que si bien no fue del pueblo, fue de una parte importante de la sociedad.
Lo saluda con respeto su ex compañero de claustro académico, Martín S.
Gracias x tu comentario, tocayo. Y, sobre todo, x identificarte. Salú
ResponderEliminarEl 13-S renueva la cuestión Argentina, país casi olvidado a no ser de cuando en cuando por el fastidio ocasionado a los vecinos, o en otras latitudes si se lo usa como estudio de caso en el área de la historia o de las sociopatías...http://eltrecem.blogspot.com.ar/
ResponderEliminarS. Boanerges