24/4/14

Problemas de empalme entre relato y realidad

Ayer a la tarde, el Gobierno nacional tenía programado dar a conocer los datos de pobreza del segundo semestre de 2013. Sin embargo, abruptamente el ministro de Economía, Axel Kicillof, levantó sin dar explicaciones la conferencia en que difundiría esos datos públicos. Esto es: de todos.
Hoy, bien temprano, en su habitual conferencia de prensa diaria en la que suele usar muchs palabras para no decir nada, el Jefe de Gabinete, Jorge Milton "Coqui" Capitanich, explicó -leyendo un papel, como nunca hace; como si repitiera un libreto- la grave omisión. Dijo que se debíó a "problemas metodológicos", "de empalme" entre la anterior forma de medición y la que se comenzó a implementar a comienzos de año.
Luego de ello, en declaraciones a Radio Mitre, la ex directora del Indec Cynhtia Pok sostuvo que "no hay nada que empalmar porque los datos que debían presentar corresponden al segundo semestre del año pasado, y el año pasado estabamos con la misma canasta. El Índice de Precios Nacional y Urbano no tenía nada que hacer ahí".
Para abundar en los detalles de este grosero bolazo del "empalme", recomiendo también esta nota de hoy del periodista Gustavo Noriega.

Pobreza Cero
Oficialmente, Argentina no sabe cuántos son sus pobres e indigentes. Difícilmente pueda atacarse un problema que "no se ve" o del cual se tiene una difusa dimensión.
La última dictadura juntaba los pobres en un camión y los tiraba en otras provincias. Es lo que hacía el general Antonio Domingo Bussi en Tucumán. O levantaba muros en las villas para ocultar los pobres. Aquí nomás, en la villa 31. El camino de ese ocultamiento lo mostró el intendente Cacciatore.
Los nuevos fascismos son más sutiles y simbólicos (pobre Bourdieu): levantan muros estadísticos.
Como diría Videla: No están ni muertos ni vivos, están desaparecidos... de las estadísticas públicas, los pobres. Invisibilizados, para usar una palabra que le encanta a los foucaultianos comentadores del gobierno nacional y popular.
El número que habría debido dar el Indec, luego de su lavada de cara, hubiera sido cerca de tres veces menos que el que estiman consultoras y organismos privados, esto es: alrededor de un 30% de pobreza real y cerca de un 10% de indigencia. Incluso son llamativos e incoherentes con el cálculo oficial los números que darían si se tomara en cuenta el Plan Precios Cuidados, como lo demostró el martes el periodista Marcelo Zlotogwiazda en TN. Puede verse el original e interesante análisis aquí:



En síntesis, lo que en rigor los K no llegaron a empalmar es el "relato" con la realidad. Pobreza Cero. Ni el menemismo se atrevió a tanto.
El kirchnerismo lo hizo.
Esto puede ligarse con otro hecho. En su cadena nacional de ayer al mediodía en la que relató las bondades de la "revolución ferroviaria", la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, aludió por tercera vez en la misma semana a "la herencia" que dejará el kirchnerismo, al "futuro" luego de 2015. Entre otras cosas, señaló con preocupación: "Que no vuelva el discurso privatizador". Fue la advertencia con la que nació, años ha, este blog y que pueden releer aquí.
Esta semana marca, claramente, un punto de inflexión en el "relato" oficial: CFK ya no sólo reescribe el pasado sino que ya se esfuerza denodadamente por escribir -inscribir- y apuntalar el futuro; un futuro escrito (de antemano): la bella herencia del kirchnerismo. Los modernos "bitrenes" que no tienen vías donde rodar porque los ramales siguen cerrados o porque las vías están deterioradas por la falta de inversión, la nueva Pobreza Cero, etc., etc., pero nunca el "hambre de agua" en la Formosa del gobernador K Gildo Insfrán, para citar sólo un caso emblemático.
Es así: en la fase de retirada del kirchnerismo, el "relato" se preocupa por granhermanear aquello que inevitablemente lo excede: el futuro. Así de ridículo, patético, y, en fin, autoritario.
Sin embargo, parafraseando al mítico "cuento más breve de la historia", el del dinosaurio del genial escritor guatemalteco Augusto Monterroso, podríamos decir:


Cuando se despertó, los pobres todavía estaban allí.

9/4/14

Relato puro: la cadena nacional del humor que hace llorar

Ayer la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, violó flagrante y alevosamente la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La Ley 26.522, famosamente conocida como "Ley de medios", impulsada por su propio gobierno. Concretamente, Cristina violó el artículo 75 de esa ley, referente a las situaciones que ameritan el uso de la cadena nacional. En la imagen que sigue se cita el mencionado artículo, que no deja lugar a dudas:


Hubo una situación extremadamente "grave" que ameritaba la cadena, pero no fue mencionada por la Presidenta. En efecto, el lunes, un temporal deja más de 1300 evacuados en todo el país, sobre todo en Neuquén. Sin embargo, el martes, la Presidenta hizo una cadena nacional desde Tecnópolis, no por los hermanos afectados sino presentando a un rapero y a un humorista que nos ofrecieron -por cadena, repito- su rutina.
El narcotráfico, la inseguridad, los linchamientos, la evaporación del salario en la mano de los trabajadores no son, evidentemente, situaciones "graves" que deban ser tratadas por cadena. Sobre ello, Cristina deslizó un tajante "Siempre tendremos problemas" que rememora el "Pobres habrá siempre" que con su habitual cinismo nos regaló Carlos Menem en los noventa.
Así, sin nada importante que decirle a todos los argentinos, Cristina interrumpió la programación de la cadena del desánimo para dar ánimo a sus seguidores con un rapero y un humorista. Y hasta ocurrió un intercambio grotesco y bizarro, más propio de Diego Capusotto que de quienes tienen las riendas del poder. El humorista filo K  Guillermo Selci hizo un chiste sobre La Cámpora:

"Tengo un amigo de La Cámpora, que antes le decíamos el Negro Ciruela, y ahora le decimos Blackberry", y como un resorte, los militantes camporitas empezaron a gritar, al estilo Capusotto:
"Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar".


Todo por cadena nacional, insisto. La voz de la Presidenta de la Nación, en ese intercambio (fue cuando dio comienzo formalmente la cadena), estuvo ausente; representaba, cabalmente, lo que viene demostrando desde el gobierno en los últimos años: no está, se fue. Desertó. Arreglensé ustedes. Y sí: ésta fue la cadena nacional de la deserción.

Humor, poder, Pueblo Uno
Puedo aceptar que un humorista se ría ácidamente de nosotros. Puedo aceptar que un humorista se ría de nuestras desgracias y hasta de nuestras tragedias y nuestros muertos. De Once, de los inundados de La Plata. El humor es una de las formas más duras y elocuentes de criticar al poder. Lo que no estoy dispuesto a tolerar es el humor complaciente de los humoristas del poder, que es en síntesis una de las formas que adopta el poder de reírse de su pueblo, alterando el sentido de la crítica. Los judíos riéndose de Auswitch constituyen una forma de conjurar y sobrellevar el horror. Si lo hiciera Hitler sería una afrenta imperdonable. Recuérdese, en estos pagos, el mal chiste de Daniel Paz de fin del año pasado sobre los cortes de luz.


Esta cadena nacional del humor de ayer consagra, finalmente, esa alteración del patrón de la crítica. No es función del Poder Ejecutivo hacernos reir, ni siquiera criticar. Su tarea es gobernar, e informar a la población sobre los actos de gobierno, transparentar los gastos públicos para que la opinión pública debata sobre ellos con datos. Ninguna de estas tres cosas hace el gobierno de Cristina, que no termina de aceptar que simplemente es nuestra representante, un mero servidor público que mañana dejará el lugar a otro..
"En el fondo todos somos uno", dijo en la cadena nacional del humor. Éste es el nudo gordiano de la manipuladora falacia populista y de todos los regímenes autoritarios, en fin. Pues ése "pueblo uno" (descrito críticamente por Ranciere o adulatoriamente por Laclau) es encarnado ni más ni menos que por el líder. Por Ella. Y no. Lo lamento pero yo no soy usted, señora Presidenta. Ni quiero serlo.
Declamación personal al margen, la de ayer ya se se ha ganado el título de la más insólita cadena nacional de la historia de la comunicación política argentina, en la que la Primera Voz, la que anuncia los actos de gobierno, no habló, y cedió el micrófono a un humorista.
Asistimos, como diría Máximo K, a un simulacro de gobierno. Hace tiempo.
Relato puro.

8/4/14

Un país al margen de la Ley (Linchamientos II)

Intento de linchamiento en Posadas, Misiones, ayer

Ayer hubo otro intento de linchamiento en Posadas, Misiones (foto), en una saga de barbarie que duró varias horas.También hubo otro linchamiento en Merlo, provincia de Buenos Aires. Y otro en Santiago del Estero. Más de una docena de demostración de que efectivamente "la patria es el otro" en apenas 20 días.
Muchos, muchísimos, aparecen exaltados por las redes sociales, demostrando su alegría porque "el pueblo se hace cargo de la delincuencia", y cosas así. No es menor el rol que juegan los medios en casos tan sensibles a la opinión pública como estos. Dejo, al respecto, esta interesante nota de Sebastián Lacunza: "La turba y los medios, seducción mutua".
Volvamos al tema de este breve post: el auge y el festejo de la barbarie. Amigo de clase media: cuando cuestiones a los piquetes porque no te dejan circular con tu tutú nuevo x las calles, te voy a recordar que te alegraste y apoyaste los linchamientos, que se rigen por la mísma lógica berreta de la justificación para evadir la ley.
El debate por los linchamientos se acaba en un minuto, con el código penal en mano: pena por robar un reloj + pena por linchar un cristiano. Cúmplanse ambas en serio y a ver quién sale a robar, y quién sale a linchar.
Insisto en esto: en términos argumentativos, la justificación de los linchamientos es a la clase media lo que los piquetes a los desocupados. Justificar los linchamientos por el hecho cierto de que el "Estado está ausente" es igual a legitimar los piquetes porque la situación social es grave, cosa también cierta. Y así en este ispa, desde abajo, desde el medio o desde arriba, sigue rigiendo la misma lógica berreta que encuentra motivos para no cumplir la Ley. Para vivir, como decía Carlos Nino, al margen de la ley.

Acuarela: "Animales sueltos" (Luis Scafati)

Aunque suene a obviedad, la Ley está para ser, primero, respetada (repito: valorada, respetada como la forma elemental de convivencia en las sociedades complejas) y, luego, cumplida. Hay que empezar por ahí: por dar señales de que la Ley está para que la cumplan todos. Los populismos son, claramente, todo lo contrario a esto. La señal que dan los tres poderes del Estado, empezando por el Ejecutivo, es que la ley está para ser ingeniosamente burlada y evitada. Y bien, mientras la Ley valga un pedo (porque "no hay trabajo", porque "los chorros entran por una puerta y salen por otra", o simplemente porque soy un gobernante poronga) discutimos giladas; y dale que va.

31/3/14

Linchamientos, de la evaporación del Estado a la justicia por mano propia

Joven confundido con un ladrón y golpeado brutalmente hoy en Rosario
No cuenten conmigo.
Linchamos al que roba un celular, o mata una anciana. Ignoramos al que se roba un país y condena a generaciones a la miseria y la ignominia. La Argentina draconiana que supimos conseguir en esta década. Gracias, Mamá Cristina.
En rigor, ni siquiera somos draconianos. Dracón proponía las mismas severísimas penas al que robaba una gallina que al que mataba a otro ser humano.
Este post no tiene el cuidado y tiempo de escritura que merecería, pero quería expresar aquí esa postura: No cuenten conmigo.
Permitanmé una alocada asociación en este lamentable tema de los linchamientos, especie de justicia por mano propia del Neanderthal. Yo no descartaría tener en cuenta el fenómeno "Pablo Escobar, El Patrón del Mal". La observación no viene de mi mente febril, sino de un comentario que le escuché a una persona mayor, de quien recibí muchos de mis valores más nobles como el respeto a las ideas del otro, y aún de la vida de los demás. Una persona no sólo pacífica, sino lúcida, consciente de que en el "todos contra todos" y en el "ojo por ojo", los que pierden son los que menos recursos tienen para defenderse.
Esa persona me dijo, mientras veía "Escobar, el Patrón del Mal": "Acá tiene que venir un Escobar que se cargue a todos los políticos chorros. No puede ser que se afanen el país y que nadie haga nada, que un juez acepte presiones del Ejecutivo como si nada. Pagando con la vida es la única manera que los que nos gobiernan van a aprender que con nosotros no se jode. Mientras tanto, dale que va".
Este razonamiento derrama, por cierto, a toda la sociedad. Y ahí están los linchamientos que se vienen sucediendo -Rosario, Palermo, Rosario otra vez, General Roca (Río Negro)- Córdoba y La Rioja- para atestiguarlo: nueve casos en nueve días. Si el Estado se fue y los gobernantes no cumplen su función de representantes del pueblo, y sólo estan allí para hacer negocios con total impunidad, la conclusión es obvia: estoy solo. Y, en esta Argentina miserabilizada, "solo" es "solo contra los chorros".


No hay linchamientos "de derecha" o "de izquierda". Un linchamiento es un acto cobarde y fascista. Y sin pretender caer en analogías fáciles, creo que hay una línea que va de los saqueos a los linchamientos. Así como una que llega allí desde la delación institucionalizada que en definitiva es el Plan Mirar Para Cuidar. Pues el Mirar para Cuidar no es más que la aceptación del Estado de que no es capaz de controlar la inflación; la economía, en fin. Todo tiene que ver con todo.
El linchamiento es la respuesta bruta(l) del ciudadano de a pie a ese abandono del Estado de cumplir sus funciones básicas (el neoliberalismo es el estadío actual del capitalismo; cada vez está más claro). Si el Estado no da señales de combatir el delito -y hasta incluso muestra lo contrario, en este ridículo debate de reforma del Código Penal que propone rebajar penas, sosteniendo que la cárcel no sirve para nada- y respetar la vida de todos, la "sociedad civil" emite, sin más mediaciones que la de sus propios y concretos puños y patadas, la señal. Pero la señal obra sobre la vida, o la muerte, del otro: la señal que se emite es la guerra. La señal es que ya no hay sociedad, que ya no hay comunidad posible. Que el eslogan oficial "La patria es el otro" es un insultante chiste del poder.
Si la vida no vale nada, imagínense la palabra... ¿O habría que pensarlo al revés, y en una relación causa efecto? En efecto, consecuencia de que la palabra no vale nada (la Constitución es nuestra máxima palabra dada, pactada), la vida no importa nada. Y es claro: en ese cuadro que pintamos todos también perdemos todos.
Pobreza miserable y riqueza que se junta "en pala"; anomia total y desigualdad social. Los extremos conviven en esta Argentina que relata una "década ganada" pero esconde los números estadísticos que confirman la miseria que se ve por todos lados. En esta Argentina que entre la corrupción del poder y el dinero fácil del narcotráfico se encamina a velocidad crucero a la descomposición social total; una panorama nada distinto del que se avisoraba en los noventa, y más aún en 2001.
Las señales, en fin, que la sociedad civil emite a la clase política por su abandono representativo, por su ombliguismo cortoplacista y mezquino, son peligrosas. Y nada "progresistas". Al contrario: estamos involucionando.
Tal vez eso envalentonó a Cristina Fernández, Presidenta de la Nación, a decir por cadena nacional que "la violencia genera violencia" (frase que ya había utilizado para defender la represión de Maduro al pueblo venezolano) y que se necesitan "miradas y voces que traigan tranquilidad". En buen romance: la culpa del odio creciente y de la miseria -que también genera odio- la tienen los medios. Y Sergio Massa, claro. Cristina parecía, en su cadena, presidenta de Suecia, y recién asumida y no hace 12 años (o hace 25, sin tomamos como referencia al partido de gobierno).
El hombre es un animal político, como sabemos desde Aristóteles, y la política es la forma más sublime y civilizada de resolver la multiplicidad de intereses que afloran en las sociedades cada vez más complejas en que vivimos. La Argentina animalizada de los linchamientos parece poner en duda ese saber elemental que el hombre ha aprendido hace más de 2500 años. La Argentina animalizada de los lichamientos evidencia, en primerísimo plano, de defección de la clase política toda, y la decepción y desesperanza del argentino medio respecto de su propia tierra y sus propios... ¿hermanos?
El linchamiento no es la respuesta a nuestros problemas.
No cuenten conmigo para ello.

15/1/14

Obviedades

Hace años que, desde este blog, quien suscribe viene "provocando" con la abrumadora cantidad de "coincidencias" entre menemismo y kirchnerismo, o menemkirchnerismo; eso que hoy para el común de los argentinos mínimamente formados e informados es la más obvia de las obviedades, como dice el constitucionalista Roberto Gargarella en Perfil del domingo pasado, en el artículo que ilustra este posteo (el primer posteo del año del Mundial, señores).


Menemismo y Kirchnerismo: el mismo cinismo del poder, la misma corrupción -con distinto método-, la misma asesina ausencia del Estado (o presencia selectiva, en rigor).
El de Gargarella es un texto digno de recuadro. Y de recuerdo. Por eso quiero dejarlo consignado en este espacio. No sin dejar de notar que, con todo, Gargarella olvida que también la estructura jurídica del Estado es la misma de hace 20 años, fruto del famoso paquete de primeras 20 leyes madre (reforma administrativa y financiera, etc) acordado entre el radicalismo saliente y el peronismo entrante al poder, que dejó un Estado podado e incapaz, por más empresas estatales y servicios públicos (o Kajas) que hoy se hayan "recuperado", como se cacarea desde La Cámpora y demás benefactores del calor del poder. Lo decimos una vez más en este blog: reestatizar no es capacitar al Estado.
Destaco, por último, el que Gargarella haga tanto eje en algo que desde aquí también marcamos (por su ausencia) y que es la contracara del clivaje político (ver post "El clivaje político: la peor herencia K") que revivieron los K en estos años de gobierno para acumular poder: la fraternidad. Recuperar la confraternidad entre hermanos será una tarea que llevará años a las próximas generaciones de dirigentes argentinos.
Aquí, el link al artículo publicado en Perfil.


6/10/13

Arritmia y hematoma, ¿efecto luto 2? La degradación de la palabra oficial


Cristina Kirchner, la presidenta argentina más poderosa de la vuelta de la democracia al país, padece una "colección subdural crónica", según informó ayer el vocero de prensa del Gobierno nacional. "Cristina Fernández sufrió un traumatismo de cráneo el 12 de agosto", expresa el parte médido oficial que leyó Alfredo Scoccimarro. Por ese hematoma craneal, la Presidenta deberá permanecer un mes -otra vez: un mes- en reposo. ¿Lo cumplirá? ¿Qué hará el peronismo? ¿Y la oposición?

El mandato constitucional para el ejercicio de la Presidencia en Argentina es de 4 años: 48 meses. Sin embargo, el segundo mandato de CFK durará 47 meses, a partir del reposo por 30 días que le recomendaron los médicos por su hematoma craneal del 12 de agosto y dado a conocer recién ayer. La arritmia presidencial consecuencia del traumatismo sufrido por Cristina es grave.
Es grave, ciertamente, para la salud de la primera mandataria y para la salud de la república. En términos médicos, es de esperar que Cristina cumpla el mes de reposo o todo el tiempo que necesite para reponerse y volver a ejercer la primera magistratura en plenitud de sus capacidades físicas y psíquicas. En términos políticos, este corrimiento momentáneo de Cristina del centro de la escena abre un sinfin de especulaciones e inquietudes, no sólo de palacio sino también en el ciudadano de a pie.

Nos habíamos Amado tanto: Boudou Presidente
Por un mes, o hasta que Cristina se reponga, Amado Boudou ejercerá la Presidencia de la Nación. Es un curioso golpe de timón, pues el cuestionado guitarrista estaba alejado de la campaña electoral por "piantavotos" y de repente se encuentra como Presidente en funciones. Boudou es un paria político, carente de buena imagen en función de sus más de 50 causas penales abiertas por presuntos delitos cometidos desde la función pública, de los cuales el affaire Ciccone es el más conocido. Boudou es un funcionario sin autoridad. Esto lo saben bien los peronistas. Las internas pueden ser crueles. Esta hipótesis hace suponer que Cristina no se despegará del todo del ejercicio del mando para mantener controlada a la tropa.
Por lo demás, es algo obvio, pero vale recordarlo: Boudou es el Vicepresidente que eligió CFK. Ella solita.
Con Boudou Presidente, octubre será un lindo mes para leer en la prensa oficialista las crónicas de la Revolución Progresista... encabezada por el ex UCEDE. Tal vez al menos por este mes los k tragarán saliva y no le pegarán a Massa por noventista y neoliberal...
De contradicciones está lleno el gobierno "nacional y popular".

La degradación de la palabra oficial
En las pocas horas que van desde que se conoció el diagnóstico de la salud de Cristina, lo que más llama la atención es la poderosa sospecha que la mitad del pueblo argentino expresa a quien quiera oirlo.
En efecto, a la par del esperable y loable #FuerzaCristina de los militantes k, en las redes sociales se leen todo tipo de conjeturas. Como por ejemplo esta frase: "las ratas son las primeras en abandonar el barco". O la que con su habitual humor sucinto y cáustico vomitó el @GoronelGonorrea: "Los números dan mal, se borra un mes".
Muchísima gente desconfía hoy del traumatismo de CFK como ayer se mantenía incrédula de la muerte del mafioso Alfredo Yabrán. Tal es el nivel de la degradación de la palabra oficial.
No es para menos. El kirchnerismo tiene un historial de plantarle trampas al pueblo. Negación de la realidad (cepo, inflación, inseguridad), falseo de datos y estadísticas públicas, obras inauguradas decenas de veces, pasando por la inolvidable berretada nestorista de los "candidatos testimoniales" hasta la detección de un falso cáncer de CFK (imperdonable, por imprudencia o por inescrupulosidad). Todo parece trampa. Todo contribuye a la degradación de la palabra oficial que termina en la sospecha actual. O habría que decir: "todo resta" a que crezcamos como país basado en el diálogo, el consenso y en la legítima expresión de los diversos intereses que habitan en las complejas sociedades contemporáneas.

¿Efecto luto 2?
Las preguntas que abre este nuevo escenario son muchas. ¿Un respiro para el oficialismo? ¿Se aleja 2015?
Cierto el problema de salud o maniobra, y más allá del tiempo -completo o parcial- de reposo, sin dudas Cristina no dejará pasar la oportunidad y le dará un uso político a su preocupante arritmia. Como lo hizo con el embarazo perdido de su nuera o el cáncer curado de su candidato Martín Insaurralde, o por cierto con la misma muerte de su marido. Sería una especie de nuevo y curioso "efecto luto"... en vida y propio. El kirchnerismo, también lo sabemos, es experto a la hora de victimizarse.
Pero, guste la comparación o no, lo cierto es que este nuevo cuadro clínico-electoral plantea para la oposición un escenario similar al del luto tras la muerte de Néstor Kirchner: ¿cómo se le pega a una Presidenta frágil? Alguien me respondió por Twitter, con un humor bastante ácido: "Con una Massa". Los políticos opositores se apuraron a enviarle a CFK los previsibles deseos de que se recupere. Pero también salieron los perros ladradores. El primero fue el diputado ultra K Edgardo Depetri, que bramó: "Sería lamentable que alguien piense en hacer campaña con la salud de Cristina".
Y hablando de Néstor, es de esperar que Cristina cumpla el mes de reposo y no repita el proceder del ex presidente que, para no mostrarse débil -es un axioma político que "un presidente enfermo es un presidente políticamente débil"- siguió y siguió y sabemos qué pasó...
Insisto. No es un dato menor que la mitad del pueblo argentino no le crea al Gobierno ni sobre el percance de la salud presidencial. Significa una profunda degradación de la palabra (oficial), que es, en definitiva, una degradación de la política misma.
Yo no tengo dudas de la gravedad del problema de salud de Cristina. Por otra parte, antes que un "voto lástima", en tren de elucubrar conspiraciones, imagino a los K muy consternados por la salud de su líder y pidiendo que Cristina deje el poder para preservarse (una línea más, para llevar esta hipótesis hasta el final: de ocurrir algo así, el kirchnerismo terminaría con un curioso y paradójico clamor (auto)destituyente...). Difícil que suceda.
Pero lo lo que no es una conspiración es que el traumatismo de Cristina pone sobre el tapete una vez más -y van- la fragilidad de los cambios no institucionalizados del populismo gobernante: un simple resbalón puede tumbar todo lo "ganado" en esta década a golpe de declamación y telefonazo, en un poder tan concentrado y personalista como el de Cristina Fernández de Kirchner. Y después hablan de "republicanismo abstracto"...
Fractura expuesta del doble discurso K: "Yo no confío en nadie. Sólo confío en mis hijos", le decía CFK a Jorge Rial en la entrevista grabada que se emitió ayer a la tarde-noche, mientras a la Presidenta le hacían los estudios médicos en la Fundación Favaloro. ¿No era que había "vuelto la política", el "amor", y que "La patria es el otro"?
Recalco: el 27 de octubre no habrá "voto lástima". Hace tiempo que Fortuna viró para otro lado y no le es amable al kirchnerismo. A lo sumo, la astucia de los K estará en salirse de escena sin que la bomba de tiempo les estalle a ellos; en que vengan otros que serán visibilizados como los culpables y que finalmente sean ellos los llamados a poner fin a una eventual nueva "crisis terminal". Es decir, que la historia argentina se repita.

Todos los interrogantes se irán respondiendo naturalmente con el correr del tiempo.
Lo último que los argentinos necesitamos es mártires; necesitamos que Cristina se recupere y reasuma el poder para cumplir su mandato y entregarle la banda presidencial en 2015 a otro argentino votado por el pueblo.
Fuerza, Presidenta.

23/8/13

El "diálogo político", nueva trampa K

Lo digo desde el principio: estoy en contra de todo falso diálogo político, corporativo y antidemocrático como los que pomposa y mañeramente plantea el Gobierno k.
En un viejo post definí la doble ética de la trampa (negativa y positiva en contextos adversos), a la que el kirchnerismo apela para realizar, generalmente, una "política tramposa".
El "diálogo político" no "con los suplentes que van en las listas" sino con los "titulares" que plantea la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, es un nuevo ejemplo de esa política tramposa.
Lo que el kirchnerismo debería hacer es mandar proyectos de ley al Congreso. Esto es: GOBERNAR.
"Vamos a hablar, a dialogar, a ponernos de acuerdo. Proyectamos varias reuniones más; la idea es formalizar este mecanismo". Todo muy lindo, pero... Y el Congreso ¿para qué está? El "mecanismo" de diálogo existe, y se lo ningunea. "Sres Diputados y Senadores: se me cruzan de brazos hasta que CFK y 'los titulares' decidan qué políticas seguir. Y CHITO LA BOCA, EH".
En términos del eslogan de campaña K, esta reedición del "diálogo político" es: "Elegir seguir con la sarasa".
En fin, reunirse con un sector de empresarios y sindicalistas afines a decidir medidas económicas NO es dialogar sino todo lo contrario: es despreciar a los representantes del pueblo que fueron votados por éste -el soberano, en definitiva- y laburan en el Congreso; y si proponen una norma inconstitucional la que labura es la Justicia. Es, en síntesis, despreciar el sistema republicano de gobierno.
CFK no discute con los "suplentes" sino de igual al igual con los "titulares" del poder porque ella cree "encarnar la voluntad popular". No es así. La trampa kirchnerista estriba en la siguiente falacia: "el Presidente encarna la voluntad popular absoluta". No es así exactamente: el Ejecutivo representa la voluntad de (auto)gobierno. La voluntad popular general se expresa cabalmente en el arreglo de valores por excelencia que un pueblo libre puede darse a sí mismo. Esto es: la Constitución Nacional. Pequeña sutileza. Por eso es fundamental el Poder Judicial: para preservar a la voluntad general... de la voluntad popular coyunturalmente expresada en el voto. Por eso CFK quiso destruirlo; y el garante de los derechos del pueblo que es la Justicia les dijo "NO".
Por cierto, la prensa -hegemónica u oficialista; en estas cuestiones estructurales del poder no difieren- trata el tema de este "diálogo político" antidemocrático y corporativo como algo natural, cuando a todas luces no lo es.
Este nuevo-viejo engendro tramposo del "diálogo político" (cuyo autor es Néstor Kirchner, versión 2009) es, en fin, una maniobra distractiva para elegir seguir haciendo NADA.
Esta forma del kirchnerismo de "jugar a la política" pero hacer piloto automático es, por último, otra muestra del noventismo neoliberal que sigue en el (des)gobierno de este país, pese a que el relato diga que "el Estado volvió".
Este tramposo piloto político automático funciona así: el gran golpe de magia del kirchnerismo es hacer creer que quieren gobernar para los humildes y que la Justicia -"antipopular"- "los frena". En efecto, se ha convertido en un arte del kirchnerismo el proponer medidas anticonstitucionales que -ellos saben de antemano- quedarán en nada, precisamente por atentar contra la Carta Magna que supimos conseguir. Así parece que "gobiernan".
TRAMPA.
Curioso: al contrario de la sobreactuación kirchnerista, en las tan mentadas Australia y Canadá no necesitan "mostrar que gobiernan" para que el pueblo vea que, en efecto, hay un gobierno que gobierna.
Este "diálogo político" es, entonces, la reedición de una de las peores trampas k.
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería proponer es diversificar la sojizada economía argentina, desarrollar las fuerzas productivas para que den trabajo genuino, industrializando el país, acompañado de una reforma tributaria que recaiga verdaderamente sobre los que más tienen para lograr la muy peronista "justicia social", milenariamente conocida como justicia redistributiva. Nada de esto trajo la "década ganada".
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería hacer es mandar proyectos de ley serios al Congreso y dejar de despreciar la voluntad popular que dice representar o encarnar.
Lo que Cristina Kirchner -el Ejecutivo con más poder desde la vuelta de la democracia- debería hacer es -en buen romance- GOBERNAR. A 18 meses de #ONCE, la demanda duele y es más urgente que nunca.

22/8/13

18 meses de #Once: elegir seguir politizando la desidia estatal

"No somos animales. JUSTICIA", gritaban los familiares hoy 22/8/2013 en Once.

Hoy se cumple un año y medio de la manifestación más palmaria de la desidia estatal que ha significado para todos los argentinos -los que vivimos en Argentina, y no en Australia o Canadá- la "década ganada" kirchnerista. En efecto, el 22 de febrero de 2012 ocurría la "tragedia de Once", que dejaría como saldo 51 laburantes muertos y 704 heridos de distinta gravedad.
Cuatro días después de aquello, el 26 de febrero de 2012, escribí aquí lo siguiente:

"Once es la muerte -por implosión- del Relato K.
Once, el Cromagnón de los K, tiene muchos sinónimos que ya conocemos; una cadena de significantes que también nos viene de la década del noventa, pero que el Relato Oficial ha sabido inteligentemente conjurar, alejándose de ella en el discurso, pero sosteniéndola férreamente en la práctica (política). Once es capitalismo de amigos, neoliberalismo, Estado vaciado, Estado bobo, Estado incapaz, Once es corrupción pública, y privada, Once es cortoplacismo populista. Once es subsidios al capitalista para sostenterle la ganancia sin invertir absolutamente un peso en infraestructura (total, el Estado no controla, ni sanciona), mientras repartimos un poco para que parezca que somos 'nacional y populares', 'redistributivos', pero en realidad sostenemos el mismo porcentaje de pobreza e indigencia que en los noventa. Once es la continuación de la reforma del Estado de los noventa, pero parcheada. Once es los noventa con otro relato".
Titulé a ese post "Constitución versus Once". Lo pueden leer aquí:

Que Once fue la muerte por implosión del "relato" k tuvo su confirmación electoral el 11 de agosto de este año en las PASO, y así lo informó hace unos días el diario El Cronista Comercial: "El Gobierno perdió las PASO en cada una de las 16 estaciones que atraviesa el tren Sarmiento", de Moreno a Once, tituló el matutino.

Había que "politizar las muertes de Once", y así lo entendió la sociedad, castigando con su voto el desgobierno, la mentira y la falta de respeto a los laburantes y a los familiares de las víctimas.
El 27 de octubre se consagrará aquel castigo, y empezará a haber un poco de justicia.
La otra justicia, la que esperamos todos -la que la Presidenta de la Nación dijo que actuaría pronto y luego de 18 meses todavía estamos esperando-, llegará cuando se condene a todos los culpables de esta horrenda masacre planificada por acción y sobre todo por omisión del Estado nacional en connivencia con empresarios privados amigos del poder.
Justicia por Once.

8/12/12

"Manifiesto por la Ley de Medios"

Por Roberto Gargarella (*)

Estoy convencido de que la iniciativa de dictar una Ley de Medios dirigida a democratizar la palabra, cuenta con un apoyo más que mayoritario (desde ya que cuenta con mi propio enfático apoyo). Más todavía, estoy convencido de que la muy imperfecta Ley de Medios aprobada, a pesar de sus defectos, cuenta con un apoyo mayoritario (desde ya que cuenta con el mío, con obvias reservas respecto de los negocios de miembros del gobierno con empresarios amigos). Sólo bastaría, para hacer realidad la Ley de Medios vigente, un genuino compromiso de aplicarla ecuánimemente. Si se lo hiciera, sigo convencido, no habría presión de grupo alguno capaz de frenarla, ni habría conservatismo judicial capaz de derogarla o tornarla impracticable (la Corte Suprema ya dio varias muestras de su buena disposición a favor de los mejores principios de la Ley).

Pero no. El gobierno ha hecho hasta ahora todo peor que mal, y es insólito que lo haya hecho, porque ha perjudicado de ese modo hasta sus peores intereses. Por eso es entendible que tenga los problemas que tiene, para aplicar la Ley; como es entendible que tropiece con las resistencias que se le aparecen, antes de ponerla en marcha. Las resistencias encuentran apoyo entre la misma ciudadanía, que mira a la Ley, cada vez más, con una mezcla de desinterés y desconfianza. No se trata de que la ciudadanía sea conservadora, ni de que se le haya lavado el cerebro –clásicos argumentos de la derecha. Más bien lo contrario: la ciudadanía no se alinea con los “grandes grupos”, sino que le da la espalda o rechaza el comportamiento tramposo y antidemocrático que ha mostrado el gobierno, en todo este asunto.

Si el gobierno hubiera nombrado, en el organismo de aplicación, a una persona sensata y capacitada, en lugar de alguien que ha demostrado ser un soldado ciego (alguien que llegó a votar y justificar, desde el “progresismo”, a la Ley Antiterrorista), además de incompetente en materia de comunicación (y por lo tanto ilegalmente nombrado).

Si le hubiera dado cabida debida a la oposición, en el ente regulador.

Si no hubiera usado sus peores armas, para desprestigiar, remover y recusar a jueces sospechados de “no ser propios”.

Si no hubiera recurrido a los servicios de inteligencia, como el Proceso en su peor momento, para apretar a jueces disidentes y particulares díscolos.

Si no hubiera destratado a, ni se hubiera burlado de, el mismo Presidente de la Corte.

Si no hubiera llegado a acusar a la justicia de “golpista,” frente a la sola posibilidad de un fallo adverso.

Si no hubiera cambiado las reglas del juego contra uno de los jugadores, y a favor propio, mientras se desarrollaba el juego democrático –operando ese cambio de reglas de juego del modo en que siempre lo hace, es decir, de improviso, de forma oculta, a espaldas de la ciudadanía, sin discutir con nadie, de manera finalmente tramposa e ilegal.

Si no le hubiera impedido a la oposición participar –como lo exige la Ley- en las discusiones relativas a la aplicación de la Ley.

Si hubiera acatado los insistentes fallos de la Corte obligándole a distribuir de modo igualitario los dineros públicos de la publicidad oficial, en lugar de reírse de ellos.

Si hubiera dado muestras de su disposición a organizar la comunicación pública como si fuera de todos, en lugar de dilapidar recursos públicos en tonterías y propaganda destinada a ensalzar a su líder.

Si no estuviera haciendo negocios prohibidos con una empresa Telefónica, desautorizada para controlar los medios que controla.

Si no le hubiera dado el visto bueno a las ilegales compras de medios realizadas en los últimos meses, por empresas inhabilitadas para hacerlo, pero dispuestas a desinformar a la ciudadanía cada vez que fuera necesario.

Si no se hubiera hecho el distraído, frente a la participación en el área de comunicaciones de empresas extranjeras o de energía incapacitadas para  intervenir del modo en que lo hacen.

Si no hubiera dado luz verde a desmembramientos ridículos, inverosímiles (“la empresa ya no es mía, sino de mi hija”), ofrecidos por algunas de las empresas amigas que alegaban así su adecuación y alineamiento con la Ley de Medios.

Si no nos hubiera tomado el pelo de esta forma, pensando que semejantes burlas –semejantes agravios a todos- iban a ser consentidxs por una ciudadanía indiferente.

Si no hubiera regado sus traspiés con declaraciones anti-democráticas, hostiles a la división de poderes y despreciativas frente a quienes no se arrodillaban ante sus órdenes, frente a los que se animaban a dudar apenas, de lo que el gobierno exigía.

Si hubiera dicho una sola palabra verdadera o sincera durante todo este proceso.

Si no hubiera actuado del modo vergonzoso y vil en que lo ha hecho, la Ley estaría siendo aplicada, y estaríamos algunos pasos más cerca de la ansiada democratización de la palabra. No se trata de que uno se queje porque sólo encuentra aceptable la Ley ideal; porque no está dispuesto a tolerar comprensibles desprolijidades; porque se asusta frente a inevitables imperfecciones; o porque es incapaz de tolerar necesarios desacuerdos. Se trata de que el gobierno viene acumulando, desde el primer minuto en que comenzó a trabajar en torno a la Ley de Medios, acciones ilegales e inconstitucionales, palabras y prácticas anti-democráticas, negocios sucios, aprietes dignos de un gobierno militar. Y en lugar de calmarse y reconsiderar lo que hace,  frente a las protestas y críticas de todo tipo que recibe, actúa lo contrario, y como suele hacerlo, desespera y acelera desentendiéndose de las consecuencias de sus actos. Porque de los grandes grupos privados (finalmente, del capitalismo rapaz que nuestra clase dirigente nos lega) uno no tiene razones para esperar nada, pero del gobierno sí, porque nos pertenece, porque vivimos en democracia, poque es la soberanía popular la que debe prevalecer. Pero no. Resulta que estamos en guerra, con la palabra cada vez más concentrada, con cada día más voces excluidas, con un sistema económico cada día más brutal y desigual, con una democracia cada día más degradada. Y este gobierno es protagonista clave de este miserable retroceso.

Texto originalmente publicado en el blog de Gargarella.

1/12/12

Néstor y Mauri, héroes argentinos contemporáneos

Si Néstor es el "héroe colectivo",
¿por qué Mauri no podría ser el "Che Guevara" del PRO?


Odiosa y a la vez esclarecedora comparación, la del EterNéstor con Mauricio "Che Guevara" Macri.
Porque, tal vez sin quererlo, la humorada (?) del PRO demuestra que, en la era de la política "relatada" que potenció el kirchnerismo desde que llegó al poder, la "Verdad" es -o pretende ser, mejor dicho-, simplemente, aquello que se enuncia.
Esta hiperpolítica y odiosa comparación (para el kirchnerismo, por cierto; y también para los que respetan -quizá aunque no compartan los ideales- la figura del Che) desnuda la falsedad de esa perversa pretensión que gobierna la Argentina, y que sigue sosteniendo, aún por ejemplo después de las 51 muertes que provocó la masacre de Once, que el Estado volvió y que está "presente" en la sociedad.
En efecto, es tan ridículo sostener que "Macri es revolución" como que Néstor (y Cristina, hoy) es la resistencia (¡colectiva!) que lucha por la libertad y la igualdad social frente al establishment corporativo, escamoteando que, después del natural rebote post crisis 2001 de mediados de la década pasada, los números de la pobreza y la indigencia (*) volvieron a crecer y están a la par de la tan execrable década menemista.
Ambos movimientos políticos son, antes bien, las dos caras de la misma moneda de la derecha argentina contemporánea: el macrismo encarna hoy la clásica derecha, agiornada a los tiempos democráticos, y el kirchnerismo es la actual versión peronista (siempre reinventándose) del populismo local.
Esa clase de "héroes" son Néstor (y Cristina) Kirchner y Mauricio Macri.
Un experto en marketing político escribió hace unos años un libro titulado Lo que no se dice no es. La Argentina actual altera sutilmente esa fórmula por otra propia de la ética de la trampa: lo que se dice no es.
Hasta el neoliberalismo siempre.
La Revolución es un relato eterno.

(*) Para ver la evolución de estos índices en los últimos años véase aquí; y para los datos estadísticos más recientes, aquí.

20/11/12

#8N + #20N: los k, Maquiavelo y la virtud del buen gobernante ante la fortuna de los asuntos humanos

Néstor y Cristina Kirchner ejercieron el poder con mano de hierro y nadie se les opuso en estos nueve años de gobierno. La pregunta es: ¿el 13S, el 8N y el 20N alteran ese escenario político, exigiendo tiempos de diálogo y consensos?


Hoy no quiero dar mi visión de los hechos (una respuesta, en fin) sino aportar una herramienta de análisis: la dialéctica "fortuna" - "virtud" del quizá más importante pensador republicano, junto con James Madison. A veces está bueno que no nos den las ideas masticadas y que tengamos que ponernos a pensar un poco, ¿no?
Transcribo, entonces, un fragmento del Capítulo XXV de El Príncipe, del gran pensador político Nicolás Maquiavelo, titulado: "En qué medida están sometidos los asuntos humanos a la fortuna y cómo puede el hombre hacerles frente".
El resto, corre por vuestra cuenta (*).

No se me oculta que muchos creyeron y creen que la fortuna -o Providencia-, gobierna de tal modo las cosas del mundo, que a los hombres no les es dable, con su prudencia, corregir su rumbo ni oponerles remedio alguno. Con arreglo a semejante fatalismo, llegan a juzgar que es en balde fatigarse mucho en las ocasiones temerosas, y que vale más dejarse llevar entonces por los caprichos de la suerte (...). Sin embargo, como nuestro libre albedrío no queda completamente anulado, estimo que la fortuna es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero también que nos deja gobernar la otra mitad, o, a lo menos, una buena parte de ellas. La fortuna me parece comparable a un río torrencial que cuando se embravece inunda llanuras, tira abajo los árboles y edificios, arranca terreno de un paraje para llevarlo a otro. Todos huyen a la vista de él y todos ceden a su furia, sin poder resistirle.
Y, no obstante, por muy formidable que su pujanza sea, los hombres, cuando el tiempo está en calma, pueden tomar precauciones contra semejante río construyendo diques y esclusas, para que al crecer de nuevo se vea forzado a correr por un canal, o por lo menos, para que no resulte su fogosidad tan anárquica y tan dañosa. Pues con la fortuna sucede lo mismo: ella muestra su poder cuando no hay una virtud organizada y preparada para hacerle frente y por eso vuelve sus ímpetus allá donde sabe que no se han construido los diques y esclusas capaces de contenerla. (...) Y basta esta reflexión para lo concerniente a la necesidad de oponerse a la fortuna en general.
Refiriéndome ahora a casos más concretos, digo que cierto príncipe [léase hoy: gobernante] que prosperaba hasta ayer se encuentra caído hoy, sin que por ello él haya cambiado de carácter ni de cualidades. Esto proviene, a mi entender, de las causas que antes señalé extensamente al decir que el príncipe que se apoya únicamente en la fortuna se hunde tan pronto como ella cambia. Creo también que prospera aquel gobernante cuyo modo de proceder se halla en armonía con la índole de las circunstancias, y que no puede menos de ser desgraciado aquel cuya conducta está en discordancia con los tiempos. Porque se puede apreciar que los hombres proeceden de distinta manera para alcanzar el fin que cada uno se ha propuesto, esto es: gloria y riquezas: uno actúa con precaución, el otro con ímpetu; uno con violencia, el otro, con astucia; uno con paciencia, el otro al revés; y a pesar de estos diversos procedimientos, todos pueden alcanzar su propósito. Incluso, se ve también que, de dos hombres moderados, uno logra su fin, otro no; y que dos hombres, uno ecuánime, otro aturdido, logran igual acierto procediendo de dos maneras distintas, pero análogos a la diversidad de sus respectivos genios. La causa de ello se halla sencillamente en la condición de los tiempos y circunstancias, según concuerden o no con su modo de obrar.
De donde resulta que, procediendo diferentemente, dos hombres logran idéntico efecto, y procediendo del mismo modo, uno consigue su fin y otro no. De aquí nacen, también, los cambios de fortuna: si un hombre actúa con precaución y paciencia, y los tiempos y las cosas van de manera que su forma de proceder es buena, va progresando; pero si los tiempos y las cosas cambian, se viene abajo porque no cambia de manera de actuar. Porque no hay hombre alguno [o mujer], por muy dotado de prudencia que esté, que sepa adaptarse hasta este punto y hacer concordar bien sus procederes con las circunstancias y con los tiempos. En primer lugar, por no serle posible desviarse de aquella propensión a que lo inclina su propia naturaleza, y, en segundo lugar, por el hecho de que, al haber prosperado siempre caminando por un único camino, no se le puede persuadir de la conveniencia de alejarse de él. Por eso el hombre precavido, cuando llega el tiempo de echar mano al ímpetu, no lo sabe hacer y provoca su propia ruina. Y si el hombre pudiera cambiar su propia naturaleza de acuerdo con los cambios de los tiempos y las circunstancias, nunca cambiaría la fortuna.
(...)
Concluyo, pues, que si la fortuna varía y los príncipes [otra vez: los gobernantes] continúan obstinados en su natural modo de obrar, prosperarán, ciertamente, mientras semejante conducta concuerde con la fortuna misma. Pero empezarán a padecerla, en cambio, tan pronto como ésta no se avenga a su habitual proceder.

(*) Las negritas y cursivas son mías.

 Fortuna y virtud, en la metáfora del río bravo y los diques.

14/11/12

El clivaje político: la peor herencia del kirchnerismo


Hace dos años, cuando mi blog recién nacía, escribí en dos post una idea que me daba vueltas en la cabeza desde 2008, cuando empezó “la batalla kirchnerista contra el campo oligarca y destituyente” por una resolución que ya quedó en la historia, conocida simplemente como “la 125”. Una gesta cuyo fin trascendental –bien que arropado de “batalla cultural”- era aportar dinero a una kaja que, en un contexto de crisis internacional, se asfixiaba crecientemente.
Hoy vuelvo a publicar en un solo post aquel artículo que describía la fractura social argentina, dada su lamentable actualidad. Es más: hoy lo republico (algo retocado) sin signos de interrogación. Así: El clivaje político, la peor herencia del kirchnerismo. Ya no tengo dudas de que Argentina vuelve a transitar por el camino del odio entre conciudadanos.
Hace dos años, cerraba aquellos artículos proponiendo este didáctico ejercicio: “comprueben ustedes mismos la vuelta del clivaje. Traten de discutir con su mejor amigo, con el compañero de la infancia que siguen viendo, con el de la oficina de enfrente, con el cliente que viene al negocio a comprar, con su pareja, con cada argentino con el que se crucen. Lo conozcan hace mucho o hace poco, discutan sobre el kirchnerismo y sobre el país actual. Y, por sobre todo, traten de no terminar enemistados si opinan diferente al otro”.

El clivaje político, la peor herencia k
En ciencia política hay un concepto muy particular y preciso para esto que estamos viviendo hace ya años en el país y que se expresa, incluso, en la triste muerte del quinto presidente constitucional elegido por el pueblo desde la vuelta de la democracia, Néstor Kirchner. Me refiero al concepto de "clivaje". Esto es: una fractura irreconciliable dentro de la sociedad.
El término clivaje -o cleavage- significa escisión o fractura. Como categoría de análisis proviene, originariamente, del psicoanálisis. Con ella, Lacan (y antes Freud, con su “complejo de Edipo”) describe el "corte" o separación que realiza el padre (o quien cumpla esa función) del individuo en la niñez sobre el deseo hacia la madre.
Pero ha sido usado en la ciencia política para expresar, como se dijo, una fractura societal relevante. El clivaje político o social al interior de un país puede tener como origen diferentes causas: ideológicas, religiosas, culturales, económicas o étnicas. El clivaje político genera o refuerza identidad política, y repercute sobre el sistema político de la sociedad; alínea a los miembros de la comunidad de un lado o de otro, a favor o en contra. Es decir: demarca. Separa. Pero lo que caracteriza al clivaje político es la intensidad y la vehemencia de tal separación. No es la mera "división de intereses" presente en cualquier sociedad.
Los politólogos Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan estudiaron hace décadas los orígenes históricos de los partidos políticos, y los tipificaron según cuatro crisis: nacionalismo versus separatismo (en el medioevo), confesional versus laico, urbano versus agrario y, por último, capital versus trabajo. A quien le interese profundizar en este análisis histórico puede leer el clásico Party systems and voter alignments: cross-national perspectives (1967), de los mencionados autores.
Ante un "clivaje", los políticos tienen, en general, dos actitudes posibles: valerse de él para conseguir votos, es decir: profundizarlo (y quebrar más a la sociedad, la que, en teoría, debería buscar lo contrario: la convivencia) o intentar superarlo.


En nuestro país, por muchas décadas, tuvimos un clivaje: peronismo - antiperonismo. Sabemos cuáles fueron las consecuencias de esa fractura societal. ¿Hace falta explicitar la fractura que vivió por décadas la Argentina? La bibliografía sobre el odio que antaño cargaban los liberales (y muchos radicales y de izquierda también) hacia los "peronchos", o viceversa, los "muchachos peronistas" hacia los "gorilas" es amplia. El que quiera recordarlo, también puede darse una vuelta por la Plaza de Mayo y ver los tristes balazos  que adornan el Ministerio de Economía: dosificadas muestras del odio que dividía al país cuando ocurrieron los bombardeos a la Plaza de Mayo, que determinaron el golpe a Perón de 1955. Y lo que vino después, lo tenemos presente porque durante esta década se revisitó mucho aquel período, fue un baño de sangre nacional.
Torcuato Di Tella entendió el caso argentino como un "clivaje de clase". Así definió, en 1972, al surgimiento del peronismo de 1945: una división irreconciliable entre dos sectores enfrentados por el control de los medios de producción.
No comparto esa postura, por varios motivos. Pero el más relevante para este artículo es que esa lectura olvida el gran componente cultural que expresa esa fractura (véase, al respecto, el libro Resistencia e integración, de Daniel James). Es decir, excede la marxista "determinación económica en última instancia". En efecto, nuestro clivaje no es "obreros" versus capitalistas, sino peronismo – antiperonismo y, como desarrollaré más abajo, pueblo – antipueblo. Significantes "vacíos" a los que se suma el nefasto -por falso y temerario- agregado contemporáneo kirchnerista: democracia – dictadura ("Clarín: Con la democracia no se jode! Unidos & Organizados").


Mal que mal, creo que el ex presidente Raúl Alfonsín intentó superar esa fractura. Con Carlos Menem, los tiempos fueron "light" en todo sentido: se dejó de lado el "clivaje" desde la frivolidad. Néstor Kirchner tampoco se valió de ello al principio: quería, de hecho, enterrar la palabra "Perón". Recuérdese, como pintoresca muestra, la frase con que el inefable Aníbal Fernández se despachó cuando todavía era ministro del Interior: “Que se metan la marchita en el culo”.
Sin embargo, el fallecido ex presidente y la actual presidenta, Cristina Fernández, cambiaron luego de rumbo y, hasta ayer, azuzaban el clivaje irresponsablemente. Provocando con ello actitudes y enardecimientos en muchos ciudadanos; gestos y sentimientos que no estuvieron ausentes incluso en los días posteriores a la muerte del ex mandatario.
Hoy ya es un lugar común kirchnerista decir que “el odio lo generan los medios hegemónicos, con el Gordo Larrata (por Lanata) a la cabeza”. Que el clivaje que se vive "se genera desde la oposición" y "desde los principales monopolios mediáticos". En este punto, la “batalla por la Ley de medios” fue un gran mojón identitario del relato k. Véase, por cierto, la respuesta kirchnerista a las protestas sociales del 13/S y el 8N: en la voz oficial es el antipueblo, la minoría privilegiada que quiere tirar abajo las conquistas sociales del pueblo.



Y desde el otro bando se responde con: “la yegua” esto o lo otro. Por cierto, las responsabilidades son bien distintas: el Estado (y quienes lo gobiernan) es quien debe al ejercer el poder ser ejemplo de. "Promover la paz interior", reza el Preámbulo. Sin embargo, el argumento más fuerte no es institucional sino que procede del orden del discurso. Veamos.
Sabemos, con Eliseo Verón, que todo discurso político se caracteriza por tener tres destinatarios: el "prodestinatario" (el "nosotros"), el "contradestinatario" (el "ellos"), y el paradestinatario (el público independiente). Podría decirse que esto es lo que bien conoce y maneja el peronismo kirchnerista. Pero no. El discurso destinado a fortificar la identidad de la "tropa propia" y a fustigar al "adversario" es propio de todo partido político, en toda democracia sana. El problema empieza cuando el otro no es el adversario sino el "enemigo". Y aquí, el centro de todo está en el uso de la palabra "pueblo".
En efecto, el problema empieza cuando el "nosotros" no es una parte del pueblo sino que se totaliza: cuando el discurso político pretende que "nosotros" es igual a "pueblo", a "democracia", y el resto, lo que queda afuera, es el antipueblo, o los que quieren volver a un régimen dictatorial. Es el clivaje político. Y este es el odio cuasi naturalizado que vive hoy la Argentina: ¿cómo no ponerse loco con lo que está contra el pueblo, o contra quien pone en peligro la democracia?
Importa, como dije, el uso que el político hace de este mecanismo: profundizar el clivaje y fracturar más a la sociedad, o intentar superarlo. Pueblo - antipueblo. Democracia - dictadura. Estos dos pares (cadenas de significantes) pueden usarse juntos o alternativamente. A gusto del kirchnerista que los profiere.Porque: hay que decirlo claramente: por más virulento que sea su discurso contra el oficialismo, ningún partido político de todo el amplio abanico de la oposición (desde la derecha más rancia a la izquierda más testimonial) ha jugado con la idea de "pueblo" - "antipueblo" / "democracia" - "dictadura" como lo viene haciendo el peronismo kirchnerista desde marzo de 2008.
Hasta el mismo Juan Perón, ya viejo, intentó desactivar el clivaje que llevaba su nombre. Recuérdese la transformación que sufrió aquella "verdad peronista" que decía que "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista". Como recuerda Verón en Perón o muerte, fue el propio General quien, al volver, dijo que "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino".
La historia parece repetirse. Más de 30 años después, el kirchnerismo vuelve a apelar a ese bajo recurso con el mezquino fin de mantenerse en el poder. Como lo hiciera hace medio siglo el viejo peronismo, el nuevo peronismo se presenta discursivamente ante la sociedad como "nosotros, el pueblo". Enfrente, están "las corporaciones": los militares, la iglesia, el campo, la industria, los medios de comunicación (“Clarín, con la democracia no se jode”), una parte del sindicalismo, y hasta la Corte Suprema. Antaño, la palabra que definía al enemigo era "oligarquía" (el campo).
Y no hay lugar para "tibios" o posiciones racionales o equidistantes. El que no está con "nosotros" (con el pueblo) es un "traidor" (a nosotros: al pueblo). Es la vuelta del clivaje político: la peor herencia K.


Democracia, con “d” de disenso y diferencia
Creo, para terminar, que los cambios duraderos en un país se hacen por consenso, no por imposición; y con la ley en la mano. Néstor Kirchner fue el presidente que desarticuló la “mayoría automática” en la Corte Suprema e instaló allí juristas de fuste, que realzaron el valor de ese poder de la República; fue, también, el presidente que realzó el propio valor del Poder Ejecutivo Nacional, al principio de su gestión. Como contrapartida, relegó a un lugar de mera "escribanía" al Congreso de la Nación, función que solo se revirtió en 2009 cuando el kirchnerismo perdió "por poquito" la mayoría legislativa en las urnas. Hoy vuelve a serlo. Hace semanas nomás el jefe de bancada kirchnerista lo dejó bien claro, por si hacía falta: “Nosotros no somos librepensadores”, bramó Agustín Rossi. No lo dijo, pero reverberaba en el recinto: “somos los soldados de Cristina”.
A dos años de su muerte, Néstor Kirchner es todavía hoy el que provoca el orgullo nacional para algunos, y la gran tristeza ante lo irreparable de la partida del líder político. Pero también las burlas, o la alegría apenas disimulada o impúdicamente expresada. El fanatismo, en fin. La violencia verbal y gestual. Como aquel nefasto "viva el cáncer", luego de la muerte de Evita.
Es, en síntesis, la vuelta del viejo clivaje político. Es lo que habrá que desactivar. Ésa es la tarea de la dirigencia política actual. Porque, al revés de lo que sentenció José Hernández en el Martín Fierro, la polarización social no es para bien de ninguno, sino para mal de todos. Pues el otro no es el "enemigo" (Schmitt mal entendido) a "vencer".
El clivaje político -la fractura social, el odio entre argentinos- olvida lo que nos une. Porque no hay unión posible con el “enemigo”, con el “antipueblo” (la justificación, el contenido concreto que le da el kirchnerismo al significante “enemigo”), con el que quiere volver a la "dictadura". Al “enemigo”, a ese que -como dice el filósofo político alemán Carl Schimtt- interpela con su estar ahí la esencia de mi propia existencia, sólo cabe eliminarlo (curioso: porque el principal filósofo kirchnerista es Ernesto Laclau, quizá el más sólido pensador político antiesencialista de la actualidad). Aun en una discusión de café. Eliminación simbólica del otro. Incluso, si el que está enfrente de la mesa es nuestro mejor amigo.
Los argentinos tenemos que reaprender que en democracia ni siquiera hay un "Otro" (ese Gran Otro lacaniano): hay, simplemente, "otros". Los diferentes. Los que, con todo derecho, piensan y sienten distinto.
¿Seremos capaces de aprender, de una vez por todas, a (con)vivir en la diferencia? Ojalá...

Aquí y aquí pueden ver los post publicados originalmente en 2010.